De Sabina a Serrat

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La palabras de Joaquín Sabina

«Me es imposible elegir una sola como mi canción favorita de Joan Manuel Serrat. Ya imaginarán que no ayuda el hecho de que, por uno de esos milagros de los dioses paganos, la vida me regalase el enorme privilegio de embarcarme en dos giras y un disco con él. Tampoco facilita las cosas que aún recuerde con nostalgia aquellos días en que me ganaba la vida cantando en los bares de Londres, lo hiciera con aquellas canciones de sus primeros discos. Ni que, subido en ellas, aprendiese mis primeras palabras en catalán.

Sí puedo decirles que en la última gira latinoamericana me he llevado en la maleta De cartón piedra, que quizá no sea una de sus composiciones más conocidas, pero es toda una obra de arte. Me gusta hacer esas cosas, darle vueltas al cancionero del Serrat. Siempre encuentras algo. Citaré otros dos temas que quizá no llegaron a los primeros puestos, pero que tienen un punto de vista genial y un don melódico absolutamente único: Donde quiera que estés y Bendita música. Sencillamente, dos demostraciones de que Serrat es el mayor maestro que hemos tenido en la música española del último medio siglo y que somos afortunados de tenerlo entre nosotros.

Para este proyecto de antología, como él es persona ordenada y lo tiene siempre todo bien pensado, eligió para mí Me gusta todo de ti. Yo creo que en realidad lo que sucede es que a los amigos nos ha dejado las canciones que sabía que otros no querrían cantar. Pero a mí eso también me parece bien.

Es una debilidad mía, por Serrat soy capaz de casi todo. Hasta de ir a Las Vegas, donde va a recibir un homenaje en los Grammy. Por supuesto, si no fuera por él, yo no iría ni a los premios esos a los que nunca he hecho mucho caso y que me tienen enfadadísimo, porque le van a dar su primer galardón a Joan Manuel cuando merecería tener uno desde hace cuarenta años, por lo menos. Lo de Las Vegas, dicho sea de paso, tampoco estaba entre mis planes. Pero allí estaré. Sólo espero no gastarme todo lo que tengo en el juego. O al menos, eso que me queda después de Montoro»

Sabina

Joaquín Sabina en un sensacional artículo que escribe para el periódico El País en la que ensalza la figura de su amigo Serrat, que tiene un nuevo disco con el que celebra 50 años de música.

Joaquín Sabina: "Los periodistas me preguntan siempre lo mismo"

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La entrevista a Joaquín Sabina

Entrevista a Joaquín Sabina en JotDown

Al venir para aquí pensaba: “Pero si Sabina ya lo ha dicho todo”.
El problema no está en que lo haya dicho todo, sino que los periodistas me preguntan siempre lo mismo.
Tendrás que escribir tus memorias.
Me lo planteo todos los días. No exactamente una autobiografía, pero sí un libro collage. Lo que pasa es que soy bastante rápido para escribir en verso y un desastre para la prosa. De hecho he perdido oportunidades estupendas, como escribir en El País, porque la prosa me cuesta muchísimo trabajo: trato de imprimirle el rigor rítmico y métrico que pongo en los versos, y es una tortura. Acaba saliendo una cosa espantosamente barroca y rebuscada que odio. Pero ese libro que dices es el último sueño de mi vida.
Hay suficiente materia prima.
Sobre todo me gustaría hablar de mis amigos muertos, que son ya casi todos. La última, Chavela Vargas. Y alguna nota tengo, pero necesitaría un año que a lo mejor es el próximo, cuando acabe la gira.
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Joaquín Sabina, a Chavela Vargas

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Las palabras de Joaquín Sabina

«Andaba dibujando en un cuadernito, una costumbre que recién adquirí, cuando vi por la televisión, encendida sin sonido, la imagen de Chavela. Di voz al aparato. Se nos fue, escuché. Y me cogió un llanto irreparable. Lo que nunca me había sucedido. Siempre me culpé por no ser capaz de llorar con la muerte de mis padres, pero esta vez me venció el desconsuelo. Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida.
Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí. Fue una noche de hace unos veinte años, en Madrid, en la sala Morasol. Dijo: “Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos”. Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase. Ya se había recuperado de su alcoholismo. Calculaba que había bebido algo así como 1,8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: “Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo”. Al conocer la triste noticia, que todos veníamos anticipando, he sentido la necesidad de bajar al bar a tomar uno a su salud, aunque el brebaje sin ella siempre será de los malos.
Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. “La admiro desde niño”, le dije. “Yo también le admiro mucho a usted”, contestó. Ante la mentira, exclamé. “Vete a la mierda”. Nos fundimos en un largo abrazo del que nunca nos libramos hasta ayer mismo, incluso aunque no pudiéramos vernos en su última visita a España, un viaje que quizá no debió hacer, pues no estaba en condiciones. Entonces, yo estaba de gira y a ella la ingresaron en un hospital.
Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios nunca vistos en la música popular desde la muerte del bandoneonista Ricardo Goyeneche. Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la primera al tiempo que ganaba lo segundo. Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender. En estos momentos de pérdida me digo: ¡Quién pudiera reír como llora Chavela! Y recuerdo algo estas palabras de Almodóvar: «Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella»
Joaquín Sabina