Joaquín Sabina: “Me he arrepentido muchas veces de no haber dicho más barbaridades”
Entrevista a Joaquín Sabina en 20Minutos.es

Está recién llegado de América, ¿cómo ha ido?
Muy bien. Por encima de cualquier expectativa.
¿Cansado?
Durante la gira, el vértigo de los conciertos te quita cualquier cansancio. Pero cuando llegas y te relajas, te vienen todas las enfermedades de golpe.
La industria vive una profunda crisis, pero Sabina saca Vinagre y rosas y vende 200.000 copias en un mes…
Me doy con un canto en los dientes. Igual que si hubiera vendido 10.000. A estas alturas uno no es un vendedor, sino un escritor de canciones. Pero me doy cuenta de que la gente está comiéndose los mocos y yo soy un privilegiado.
¿Qué opina de la SGAE?
Es una sociedad privada de la que soy socio, pero no he ido jamás a una junta directiva. Debería estar más metido ahí, pero no lo he hecho ni lo voy a hacer. Tengo otras cosas en las que invertir el tiempo. También creo que se la ha demonizado demasiado.
Más allá del personaje, ¿quién es Joaquín Sabina?
Alguien que tiene poco que ver con la caricatura, sobre todo a estas alturas y a estas edades. Soy un tipo que trata de hacer su trabajo sin plazos y que disfruta mucho de las giras.
¿Cómo es un día normal en su vida?
Tengo pocos días normales. O bien estoy de gira, o grabando, o atormentado porque no se me ocurren canciones… Soy bastante incapaz de generar costumbres, horarios y rutinas. Y eso a veces vuelve loco.

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Johnnie Walker “Etiqueta Negra”, Ducados, papel de liar, un cuaderno y un bolígrafo. Nada de eso puede faltarle a la (tardía) hora de trabajar. Entre lingotazos y caladas de tabaco negro y marihuana han surgido muchos de los versos que han marcado su carrera y nuestra vida. Gafas negras, boquilla mentolada y Visa Oro. Jamás pisa la calle sin ellas. Las gafas, como escudo anticuriosos y para maquillar los estragos de la noche. La boquilla, para autoengañarse, y la tarjeta, con la que antes arrasaba en los “Todo a un euro”, comprador compulsivo, encuentra joyas en los lugares más surrealistas. Películas de mafiosos y pornográficas. Entre las primeras, resplandece la trilogía “El Padrino”, una saga que según él parece Homero. Respecto a las segundas, lo primero que hace nada más llegar a un hotel en medio de una gira es conectar el canal porno, relajarse y disfrutar.
“Apenas salgo a la calle. Si hubiera seguido aquel ritmo estaría muerto, pero en mi casa también hay bar y también vienen los amigos. Ahora elijo a la gente con la que quiero amanecer; hay un proceso de selección que a los sesenta años que acabo de cumplir no está nada mal. A los bares no voy en defensa propia. Yo en realidad vivo e mitad de la calle, en un barrio de Madrid. Aquí no hay nada parecido a porteros ni guardaespaldas. No me dan mucho el coñazo; hay veces que llego y hay un par de argentinos que me piden un autógrafo… pero no es algo tan insoportable, porque no pasa ni todas las horas ni todos los días. Yo conozco a quienes llevan mucha menos gente a los conciertos y venden muchos menos discos que yo y dicen que no se puede vivir con el agobio de la prensa y de los fans. Y yo les digo “Hombre, por favor, lo que no se puede vivir es siendo tan gilipollas como tú, ¿no?”. No tengo coche, por eso vivo aquí, porque puedo ir andando a todo: la Plaza Mayor, las tabernas, los museos, los teatros, no soy muy comilón ni nada exquisito, pero me gusta invitar a mis amigos a restaurantes estupendos. 

















