Nativel Preciado, GRACIAS

joaquin sabina

Columna de Nativel Preciado en «Tiempo»

Decía Charles Bukoswki que si quieres saber cuántos amigos tienes de verdad, haz que te metan en la cárcel. Joaquín Sabina no ha tenido que llegar ni por asomo a eso, más bien todo lo contrario. Ha enamorado, con su trabajo, a todo el mundo hispanoparlante gracias a sus letras y su música. A pesar de que todo son parabienes y halagos, algo en lo que intenta no pensar demasiado, la crítica de El País tras el concierto de Las Ventas nos ha dolido y tras la columna de Almudena Grandes, aparece otra amiga en acción para realzar la figura del flaco y dejar aún más claro de quién estamos hablando, la grandísima Nativel Preciado. Lo mejor de todo es que cuando se le pregunta por las críticas él dice «El trabajo de los críticos es criticar… el mio, no». Pura clase.

«Supongo que no existe país en el mundo donde existan tal cantidad de destructores por metro cuadrado como en el nuestro. No me refiero a los grupos de hard rock ni tampoco a un buque de guerra, sino a esa clase de personas que se sientan a esperar en la puerta de su casa para ver cómo pasa, al fin, el cadáver de su enemigo. Se trata de una variedad de depredadores que están siempre alerta para dar testimonio de la destrucción de un mito. Su mayor placer es testificar que un músico genial, un cantante idolatrado, un deportista campeón, en definitiva, un triunfador, está acabado. Su espíritu crítico se impacienta tanto que, a veces, se adelantan a los acontecimientos, como en el caso del que me ocupo a continuación.

La cofradía del santo reproche lleva una década anunciando la caída de Joaquín Sabina que, afortunadamente para sus incondicionales, aún no ha llegado y es muy probable que no llegue jamás. Quizá le flaqueen las piernas en el escenario o le abandone definitivamente la inspiración o se le rompa del todo la voz (crucemos los dedos para que no suceda), pero incluso en tan desdichada hipótesis, ya nada le podrá arrebatar el efecto que provocan sus canciones en millones de seguidores. Lo demostró la pasada semana en la plaza de Las Ventas, lleno total, donde dio un concierto de casi tres horas, puso en pie a 18.000 personas que cantaban sus letras como si fueran mantras y le obligaron a salir varias veces junto a sus aclamados músicos. No se puede dar ni pedir más y, sin embargo, algunos críticos exterminadores no dejan de echarle en cara que tiene ya 61 años, como si la edad fuese un impedimento para dejarse el alma en los conciertos. Difícil demostrar cuál ha sido, es o será su mejor momento. Si el de Calle Melancolía, Donde habita el olvido, 19 días y 500 noches, Quién me ha robado el mes de abril, Más de cien mentiras, Noches de boda, Nos sobran los motivos, Por el bulevar de los sueños rotos, Princesa, Y sin embargo, Y nos dieron las diez» (no puedo resistirme a citar por orden alfabético) o el de Vinagre y Rosas o será el de las que está componiendo en estos momentos. Ojalá encuentre una razón para volver a cantar en Las Ventas dentro de unos años, que siempre serán menos de los que tienen los idolatrados Springsteen, Dylan o Jagger.

Para dar idea más precisa de su resistencia les recuerdo que, antes de actuar en la plaza madrileña, llevaba ya 52 conciertos en América (45.000 espectadores en Buenos Aires, y 58.000 en México D.F) y ahora está en la segunda etapa de su gira por España, que termina el 23 de octubre en Tenerife, después de otros 40 conciertos. Insisto: no se puede dar ni pedir más. De todo será testigo la cámara de Fernando León, director de un documental que los sabineros estamos ansiosos por ver. Que estas últimas líneas sirvan para subrayar los actuales méritos del artista. Y sólo añadir, por si no había quedado suficientemente claro, que somos varias generaciones las que brindamos por la larga vida de las noches sabineras y compartimos la frase de Fernando León: «No es que me guste la música de Joaquín, es que milito en ella»

Nativel Preciado
Tiempo de Hoy

Vuelve a México

joaquin sabina mexico conciertos

Tras tres años de ausencia, por motivos de salud, Joaquín Sabina regresará en octubre a México con su Gira Carretera y Top Manta. Los conciertos que ofrecerá serán para presentar su disco Alivio de luto y están programados para el 27 y 28 de ese mes en el Auditorio Nacional.

«Cuando vaya a México espero darles un espectáculo que les caliente un poquito el corazón. Espero encontrar complicidad y que las nuevas canciones las reciban con oídos atentos y abiertos».

Joaquín Sabina

A El hombre del traje gris lo acompañan en escena sus inseparables troncos: Pancho Varona, Antonio García de Diego, Olga Román y Pedro Barceló, con la inclusión en este tour de Jaime Asúa.

En rigor, la primera etapa de Ultramarina comenzó en noviembre pasado y recorrió varias ciudades de España, algunas de Argentina, la capital de Chile y Montevideo, Uruguay, con gran éxito. Ahora inicia la segunda etapa, que contempla otros puntos de Latinoamérica.

La gira representa una nueva etapa creativa del músico y poeta, tras la nube negra, que lo alejó tres años de los escenarios y cuatro de los estudios de grabación.

La reaparición de El ángel negro madrileño se dio con esta gira en 2005, pero también para participar en el concierto / homenaje ¡Viva Cárdenas, Muchachos!, que se efectuó en octubre pasado en Madrid.

En ese concierto, Sabina y un puñado de artista mexicanos y españoles (Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Rosa de León, Miguel Ríos, Astrid Hadad, Jaguares, Lila Downs, Maestros del Folklore Michoacano y Ely Guerra, entre otros) homenajearon al general Lázaro Cárdenas del Río por la acogida de españoles en los años 30 del siglo XX, al final de la Guerra Civil en España.

«En los trenes escapaban del franquismo, pero también había otros españoles que emigraron a Alemania, huyendo de la miseria. Luego hubo quienes se exiliaron en México, donde los recibió Lázaro Cárdenas, a quien vamos a rendir tributo en unos días».

Joaquín Sabina

Después, en febrero, a la titad de la primera etapa del tour por España, Sabina se hizo un espacio para volar a La Habana, Cuba, para celebrar su cumpleaños 57 y presentar su libro de sonetos Ciento volando de catorce.

En esa ocasión el autor de El rocanrol de los idiotas declaró: «He tenido el honor de que un libro de sonetos en esta parte del siglo lo editen en Cuba y me siento muy honrado por eso. Esa es la segunda cosa por la que he venido aquí; la primera es ver a mis amigos».

La presentación la hizo en el contexto de la Feria Internacional del Libro, en compañía del músico cubano Pablo Milanés; los presentes que abarrotaron el salón le cantaron Felicidades.

Con su clásico autoescarnio y sin tomarse muy en serio, el autor de Nacidos para perder precisó en esa ocasión sobre su vocación musical y su vena poética: «Nunca tuve vocación de cantante, aunque me he ganado la vida moderadamente bien; en realidad quería escribir, y cuando tuve problemas de salud y no pude cantar, pues escribí. Después llegó el momento de seguir engañando a la gente escribiendo sonetos y eso es lo que presento, un libro de versos».

Dos meses después de este acto, en abril de 2006, vestido de riguroso negro y ya concluida su gira por España y saldados los compromisos en Argentina -que marcó su regreso a Latinoamérica-, visitó a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, a quien dedicó un soneto de su autoría y un disco.

Además, dio dos conciertos en el Teatro Caupolicán, con localidades agotadas. En conferencia de prensa para dar los pormenores de esas presentaciones, el compositor dijo: «Mi estado ahora es absolutamente diferente: ni alivio ni luto ni un carajo. Estoy haciendo otra vez canciones, como a mí me gustan. Lo que quiero hacer es la canción más hermosa del mundo«.

Después viajó a Perú para «hacer lo posible para que el candidato nacionalista, Ollanta Humala, gane las elecciones y pasar una semana de vacaciones con mi chica», pero el deseo no se cumplió, porque el presidente electo en la nación sudamericana es Alan García.

En el Festival de la Palabra, que se realizó hace unos meses en la ciudad de México, Sabina también presentó su poemario, pero nada de presentaciones.

La espera, los años de plomo por ver de nuevo a Joaquín Sabina cantando nuevos, viejos, clásicos temas se termina el próximo 27 y 28 de octubre. Las localidades para las dos fechas de Carretera y Top manta están a la venta en las taquillas del Auditorio Nacional y en el sistema TicketMaster (5325-9000).

joaquin sabina mexico Fuente: La Jornada (México)

Las mujeres de Sabina

joaquin sabinaAmante incondicional del género femenino, Joaquín Sabina ha sabido utilizar sus dotes como músico para conquistar a bellas mujeres. Es tiempo de conocer a las damas más importantes de su vida y quién fue la argentina que le rompió el corazón…

No han faltado, ni faltarán, oportunidades en que Joaquín Sabina, le cante a las mujeres, sus grandes musas inspiradoras, dos de las cuales, quizás las más reconocidas, han sido argentinas: su primera y única esposa, la argentina Lucía Inés Correa Martínez, y Paula Seminara, la jóven bonaerense que le rompió el corazón al abandonarlo.

Una vez finalizado el bachillerato, con diecisiete años, Joaquín se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras para comenzar los estudios de Filología Románica pero su espíritu idealista y un marcado sentimiento revolucionario lo llevarían a participar en un acto de lucha callejera y, en 1970, colocó, en compañía de unos amigos, un cóctel Molotov en una sucursal del Banco de Bilbao en protesta por el Proceso de Burgos.

Exiliado en Londres conoció a la argentina Lucía Inés Correa Martínez, con quien regresó a España un tiempo después. «Era un hippie total y me quería suicidar por tener que ir al ejército. Entonces me enteré de una fórmula: si te casabas, podías ir a dormir fuera del cuartel todas las noches. Inmediatamente llamé a todas las chicas que conocía. Y ella fue la única que me dijo que sí. El matrimonio duró lo que duró la milicia: muy poquito», confesó el genial músico, quien se casó por primera y única vez el 18 de febrero de 1977.

Por su parte Isabel Oliart es la única que lo ha convertido en padre ya que con ella tuvo a Carmela y Rocío, a quien le escribió la canción Ay, Rocío, incluida en Alivio de luto, su último material discográfico. «.Sufro tu adolescencia como una insolencia que disfruta volviéndome loco.», expresa el músico en la melodía.

«Ahora tengo una magnífica relación con ambas, porque tienen 15 y 16 años. Aunque es una edad imposible, entienden el humor y puedo hablar con ellas. Se vienen a dormir a casa y les encantan las giras. Cuando eran pequeñas no sabía cómo tratarlas, les hablaba como si fueran adultas, y ellas me hablaban como si fuera un imbécil».

Joaquín Sabina

Otro de los amores importantes de Sabina fue Paula Seminara, la protagonista de Dieguitos y Mafaldas, una de las mejores canciones de 19 días y 500 noches. Con ella estuvo durante un año y medio pero un buen día, en la habitación número 1530 de un lujoso hotel, todo acabó. «Conocí a Joaquín en un recital. Fui de casualidad, había comprado una entrada para regalársela a un amigo, y sobre la hora él no pudo ir. Yo ni siquiera conocía las canciones», confesó Paula.

«Fuimos muy felices pero apareció Ariel, mi actual novio, cuando Joaquín estaba en España, yo me sentía sola… Bueno, me enamoré», admitió la joven estudiante de Ciencias Económicas.

«De González Catán a Tirso de Molina, qué trajín, de España a la Argentina, qué meneo qué vaivén, qué ajetreo, qué mareo, qué ruina ¿Y por culpa de quién? Del amor de una mina, ¿Y total para qué? Si al final se rajó con un pibe, que le prohíbe a mi ex ir a verme al Gran Rex, cuando estoy de visita, no sea que Paulita se ponga a llorar, al oír su milonga.», describió la relación Joaquín en Dieguitos y Mafaldas.

Ahora el genio de Úbeda pasa sus días con Jimena Coronado, una fotógrafa peruana a la cual conoció en 1999 y lo ayudó a superar su infarto cerebral y posterior depresión causada por sus problemas de salud. A ella le dedicó Rosa de Lima que editó en su álbum en vivo Nos sobran los motivos y la describe así: «Jimena es una mina antipersonal, se acuerda de quererme cada dos años mientras yo me las apaño para olvidar.».

Las noches coruñesas de Sabina

la coruña

Cuentan que el andaluz se inspiró para una famosa canción en una experiencia que vivió en la ciudad. Sí está confirmado que la penúltima vez que vino esbozó otro tema.

Fue en una ciudad (que no pueblo, como canta) con mar, una noche después de un concierto. Y ella no reinaba detrás de la barra del único bar que vieron abierto, sino que trabajaba en el departamento de Fiestas del Ayuntamiento. Cuentan, pero Sabina nunca lo ha confirmado, que una experiencia coruñesa inspiró Y nos dieron las 10, la legendaria canción que El Flaco de Úbeda incluyó en Física y Química (1992).

Lo cuenta un muy fiable testigo de una noche en la que a Sabina le dieron las tantas (quizá las 10, quizá las 11) en la discoteca coruñesa Pirámide. Iba con amigos y también estaba ella, a la que acababa de conocer. Al salir, caminaron y llegaron hasta la esquina de la calle Juana de Vega con la plaza de Pontevedra, donde había y hay una sucursal bancaria.

En el tema, el cantautor narra una primera noche de amor intenso («y desnudos al amanecer / nos encontró la luna»), una despedida («nos dijimos adiós / ojalá que volvamos a vernos») y un regreso al estío siguiente («y a tu pueblo el azar / otra vez el verano siguiente me llevó»), vuelta a la que se encuentra que hay una sucursal del Banco Hispano Americano en lugar del bar de la moza. La emprende a pedradas con la oficina y acaba detenido por los municipales.

Hay disonancias entre la historia coruñesa y la de la canción, pero es que la ficción a veces supera a la realidad. Lo que no es ficticio es que Joaquín Sabina tuvo durante dos o tres años una novia coruñesa a la que conoció en la ciudad herculina y con la que acabó viviendo en Madrid.

No hay nada de legendario, pues hay un papel que lo demuestra, en el amistoso encuentro entre Joaquín Sabina y una joven fan el 23 de enero de 1997. Ocurrió al final de un concierto que había ofrecido en el Palacio de Congresos. Ella lo esperaba en las escaleras del Auditorio, y le dijo:

-Te odio.

-Vente a tomar unas copas y explícame los motivos.

Continuar leyendo «Las noches coruñesas de Sabina»

De Rioyo a Sabina

joaquin sabinaCada Navidad nos metemos en algún belén. Y cuando no es Navidad, también. Es nuestra condición, nuestro espíritu, nuestra propensión al lío y el espíritu navideño. Me gusta la Navidad. Es el mejor tiempo para justificar estar fuera de casa. Hay que comer, y beber, con esos extraños que son tus compañeros, cenar con los amigos, estar al lado de los descarriados, invertir en los juegos de azar, comprar regalos, justificar los excesos e invertir en espiritualidad. Un iluminado paganismo con fondo de villancicos y panderetas en la imaginación. El tiempo ideal para los que estamos enganchados al consumo. Horarios abiertos y calles iluminadas. Una mala noche la tiene cualquiera. Yo estoy con todo el bar. Y casi todos están felizmente tocados por algún cava de más. Hay que ser patriotas, aunque sea de hojalata. Hay que ser entrañables, cariñosos y, el que pueda, tan gracioso como Rajoy en estos días entrañables. Seamos positivos. Demos cancha al bobo que llevamos dentro. No nos pongamos solemnes, insultémonos los unos a los otros. Estamos en Navidad. A cada uno según sus villancicos.

No nos tocó el gordo pero nos cantó el flaco Joaquín Sabina. A cada uno según sus villancicos. Nuestras canciones de Navidad tienen letra de Sabina, vienen de una república con muchas nocturnidades, fuman traicionando los consejos de la sanidad, se consumen como hielos en vaso de güisqui, renace como su primera biografía -un guadiana que vino de Júcar-, se ordena como un soneto y se arruga como un concierto en Gijón. Renace Sabina, después de haberse suicidado varias veces; está pletórico de mala salud, herméticamente abierto, generoso con sus ronquidos, rodante como un rolling stones.

Sus canciones de Navidad, las de alivio de sus lutos, las de sus alegres melancolías, los himnos de ayer, los amores de hoy, se encontraron felices entre su público aplaudidor, entre sus semejantes con canas y las niñas que siguen sin querer ser princesas, están como aquel coñac, están como nunca.

Se le nota feliz
, sabe, como Houellebecq, que la vida comienza a los cincuenta, con la salvedad de que termina en los cuarenta. Con sus pasados cincuenta, instalado en su renacimiento, más poeta sin que le quiten lo cantado, rojo que lleva sombrero -para poder quitárselo ante sus aplaudidores, en un escenario de marinos litorales, de faroles portuarios, con un toque de Emilio el Moro pasado por Chavela Vargas y que vuelve a conquistar su plaza más querida-. Se mantiene en el mejor estilo del regreso de Antoñete a Las Ventas. Toreo valiente como Curro, conquistando los tendidos desde que hace el paseíllo, como Rafael de Paula. Atlético y escuchimizado, vallejiano sin muertes parisinas, simpático ladrón de versos, caballero y Bonald, García y Prado, memorioso funes de los muslos de sus niñas de antaño, enamorado de sus hijas, jugador de billar, casero, familiar, navideño capaz de armar el belén, generoso de tragos, metafísico porque no come, quijotesco que se pasa las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio. Amigo de poetas, follones, malandrines y de tantas chicas sin flor. Sabineando la ciudad, contento como un burro de Lucena con cinco patas, fugándose de Mágina al mundo, con parada y fonda abierta en Tirso de Molina.

Joaquín Sabina, hijo de máter España, amigo de los González de Oviedo, maestro de espantadas asturianas, visitante de Gijón, el café en que lo cortés no quita lo cobarde. Cerrado sin sacristías, coleccionista de ángeles, compadre de Gabo, amigo del Nano, alumno del Krahe, liberado de cirrosis y de sobredosis, melibeo o jimeno, cantamañanas de nocturnidades, espíritu poco santo, nada solemne y un poco bobo, como todos, como casi todos.

Sabina no canta, ni baila. No se lo pierdan. Detrás del humo esconde el mejor fuego de una tribu a la que nos gustaría pertenecer. Sabina, el mejor de los cantantes navideños. Ponga sus villancicos, son el mejor alivio de cualquier luto.Y beben mejor que los peces.

Javier Rioyo
El País

El vuelo rasante de Sabina

joaquin sabina

Desde el café concierto La Mandrágora, en 1981, llegaron los tres, Krahe, Pérez y Sabina, cada uno con una garganta distinta, al programa de televisión que dirigía el glorioso Tola con Carmen Maura en el papel de ingenua malvada. Alberto Pérez añadía nuevos caramelos a los boleros de Machín; Javier Krahe usaba la ironía de Brassens con los ojos arañados; Joaquín Sabina, que ya apuntaba maneras de canalla, rascándole a la vez el hígado y la guitarra, hablaba de un Madrid de pálidas princesas y de jeringuillas en el lavabo, una letra urbana de Chicho Sánchez Ferlosio con la que el cantante tocó la llaga de la ciudad en el fondo de la noche. A partir de esa herida, Joaquin Sabina supo que lo suyo eran los macarras, las prostitutas, los borrachos, los viejos bujarrones, pero también el corazón dulce y desesperado de los caballos.

El resto lo puso el destino, porque siempre hay un dios que baja del Olimpo y te elige a ti, sólo a ti; te da una colleja y te dice: anda, cómete el mundo, que yo te acompañaré en tu vuelo, como a Ícaro, hasta que el sol te queme las alas. A partir de esa unción, Sabina incorporó a sus canciones la moral de la derrota y comenzó a beberse en medio del éxito el alcohol duro de los perdedores. El dios de Sabina aún le ofreció otra gracia: voy a romperte la voz y en adelante cantarás desgañitándote como si te cabalgaras.

Continuar leyendo «El vuelo rasante de Sabina»