joaquin sabina Joaquín Sabina: “Vamos a ofrecer siete canciones nuevas en los conciertos”

joaquin sabina “Me dijeron de iniciar la gira de conciertos en Salamanca porque había buenas condiciones, podíamos ensayar dos días antes y porque recordaba conciertos muy compartidos y gozosos. Lo que no me gustó tanto al principio fue la fecha del 20N. Hacer una gira con un disco nuevo es lo que más me apetece. Es un lujo cantar siete canciones que la gente no se sepa y que te dejen cantar en paz. Vamos a ofrecer siete canciones nuevecitas, que es la primera vez que se cantan. A veces el público es conservador y sólo quiere escuchar lo que se sabe, que también lo habrá, pero primero se tendrá que tragar otras canciones.

Vinagre y rosas es un disco tristón y literariamente muy denso pero por la noche soy un frivolón callejero y por eso me gustaban los perecitas, por su actitud chulesca, de barrio, que tienen. La colaboración no fue un matrimonio pero sí fue un polvo feliz.

Estoy aterrorizado, no estoy en capilla, estoy en el corredor de la muerte. Es un sentimiento bueno porque provoca adrenalina, miedo. Sí sales al escenario como un oficinista, no funciona. Cuando sale el toro, te olvidas del miedo y empiezas a disfrutar. Los músicos de la gira son los mismos que llevan 20 años conmigo. Hay una chica nueva, Mara, porque Olga Román se ha dedicado al dulce oficio de la maternidad.

Da presión que las entradas se agoten tan rápido pero también emociona saber que hay gente que sigue compartiendo lazos de complicidad. Ahora me apetece hacer teatritos, tener a la gente más cerca. Los grandes conciertos ya no son de música, de palabra, sino de misa pagana compartida y uno a los 60 años, le empiezan a apetecer cosas más intimas, que los matices se escuchen. Creo que es hora.

El disco tiene por lo menos 10 canciones desconsoladas y tristes pero cursis creo que no hay ninguna. La cursilería, a determinadas artes le sienta muy mal, pero a una canción, una cursilada o una melancolía tristona le viene bien”

Joaquín Sabina

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joaquin sabina Gracias, Olga Román

olga roman

Helen de Quiroga es el nuevo fichaje de Joaquín Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego. Olga Román, que durante tantos años ha venido acompañando a los nuestros, abandona. Como dice Pancho Varona…

Bueno, se fue Olga Román y llegó Helen de Quiroga. Es un notición por lo menos dentro de la banda, ya que vivíamos todos con la comodidad de los muchos años junto a Olga. Hacer coros con ella era una maravilla. Una sola mirada y era sabia entre las sabias para, como ella dice, “aterrizar al final de una frase junto a Joaquín”. No seré yo quien cuente los motivos, aunque Joaquín ya se los ha contado a más de 15.000 personas con indirectas. Y además no lo diré porque esa no es la noticia. La noticia simplemente es que no está, que se ha vuelto a Madrid, y que ha tenido que llegar deprisa y volando Helen de Quiroga (un hermoso apellido para cantar Y sin embargo te quiero…) para aliviarnos el luto.

Pancho Varona

Gracias como siempre Pancho por estar cerca de nosotros, y gracias Olga, por haber estado ahí.

Foto: OlgaRoman.com

joaquin sabina A Olga Román

joaquin sabina

¿Olga Román? Pregúntale a cualquiera
que no venere el cielo de su boca
de su desván, pomelo con caderas
del dulce desconsuelo que provoca.

Cuando en plazas de toros imposibles
pega su voz a mi como una lapa
sus coros rompen techos y fusibles
y el don de su despecho se destapa.

Su bola de cristal llena de dientes
es un peligro para las morenas
tontas de la ton tómbola amarilla.

¿Olga Román? No ejerzo de vidente
pero poned su charme en las antenas
y yo estaré apludiendo de rodillas.

Poema: A Olga Román
Letra: Joaquín Sabina
Y: Gracias a Benditos_Malditos

joaquin sabina Prueba de Sonido: “Ahora ya ves”

Aquí os traigo el video que grabé de Olga Román, con Pancho Varona, Antonio García de Diego y Pedro Barceló, probando el sonido antes del concierto en Cádiz del 5 de marzo. Una canción preciosa, una voz preciosa, que estábais demandando desde hace semanas.

Gracias, públicamente, a Panchito Varona por invitarme a estar ahí. Menudo artista.

Conoce más de Olga Román en su web oficial.

joaquin sabina Abierto por derribo

joaquin sabina madrid

Y apareció Sabina, con maleta, bastón y cigarrillo de pegote en los labios, por el puerto de la capital. En casi dos horas de recital, el artista del gatillazo dio un coscorrón a la Cope, recordó el 11-M, se olvidó de unas cuantas letras, improvisó brillantemente otras tantas, se bebió tres chupitos de whisky y pidió aplausos para Javier Krahe -”mi maestro”, dijo de él- y Caco Senante, a los que hizo levantarse de sus butacas.

Rompió además una cuerda -de su guitarra, ojo- y hasta se atrevió a hacer de putero en una graciosa interpretación con su inseparable Olga Román. Y por supuesto cantó, o más bien, se dejó cantar.

La mala salud de hierro del artista de Úbeda, la misma que había generado una gran expectación entre el público madrileño por saber si habría esta vez ‘coitus interruptus’ o no, quedó diáfana en la velada.

Y no ya por la voz ronca, que ésa está ahí y es parte inherente del fenómeno Sabina, sino porque cedió la muleta a sus artistas más de lo normal. Olga, Panchito Varona -bajo- y José Antonio Romero -teclados y guitarra- interpretaron temas propios mientras él acudía a bastidores. El público también hizo su parte.

“Yo llamo a ésta la orquesta del Titanic, porque ellos siguen tocando mientras yo me hundo”. Cosas de Sabina, que se reniega a hundirse pero suele soltar el flotador. 230.000 copias vendidas de Alivio de Luto, su último trabajo tras tres años de ‘mutis por el foro’, son, en estos tiempos que corren, más que un S.O.S. atendido. Ayer llenó el Palacio de Congresos de Madrid. Y lo volverá a hacer hoy y mañana. Eso seguro.

La diferencia de Joaquín Sabina con respecto a los demás artistas es que mientras los ‘otros’ apuestan por letras fatuas y mucha guitarra estridente, sus letras, de un realismo descarnado y de a pie de calle, hacen que la música sea secundaria, casi imperceptible ante el vigor de sus versos.

Pues eso, que Sabina salió al escenario erguido, con chulería, mientras sus músicos soltaban un tango, suavito, para empezar. El escenario era eso, un puerto, con su barco en el fondo, sus edificios, su bar y su farola. Se situó entre medias de sus músicos, subido a un pequeño atril que le situaba por encima del resto y con un simple “Buenas Noches” ya se granjeó el cariño necesitado para darle brillo a la noche.

Y por supuesto lo remató: “Este es un barco que partió de Roquetas, pasó por Barcelona y tuvo un gatillazo en Gijón -en referencia a la suspensión de los conciertos asturianos-, pero ya sabéis que Madrid siempre ha sido el mejor puerto”.

Arrancó su actuación, intimista y desenfadadamente acústica, con Pájaros de Portugal, el primer single de su último trabajo, sacado de una noticia de periódico de hace varios años. Empezaron dos horas de susurros roncos, de suspiros sin respiros. Su lirismo prosaico invadió la sala y con la languidez de Calle Melancolía arrancó las primeras grandes ovaciones, que le hiceron levantarse de su butaca de bar. “Es inútil que uno lleve sombrero para no perder la oportunidad de quitárselo”.

Con Nos sobran los motivos o ¿Quién me ha robado el mes de abril? dejaba claro que iba a ser una profunda retrospectiva de su carrera. Mientras Sabina acudía a bastidores de nuevo, Pancho Varona, en un sorprendente giro, cantaba Esta boca es mía y Olga Román se marcaba una copla. Y a todo esto volvió a aparecer la ‘marea’, como le llamó Varona, con una camiseta ajustada. Ante un grito de metrosexual respondió: “Eso significa que la tengo de un metro”.

Para entonces el cantante jienense ya andaba suelto. La guitarra iba y venía. Ahora de pie, ahora sentado. En Una canción para la Magdalena, un tema cantado a una prostituta, interpretada a dúo con Olga -ella arrimada a una farola-, se marcó una actuación en el escenario, haciendo de cliente habitual. Fue uno de sus pocos guiños físicos, como hizo también al agitar levemente las caderas con Princesas. Los guiños, como siempre, para las letras.

Ante un grito de metrosexual, respondió: “Eso es que la tengo de un metro”

Fue momento entonces para que sonaran himnos encadenados como Peor para el sol, la lángida Y sin embargo, Resumiendo -el tema más rockero de Alivio de luto- o Yo me bajo en Atocha, que cerró la velada momentáneamente y a la que antecedió una poesía sobre el 11-M, recurso usado en varios temas más. Esta última canción la interpretó junto a Antonio Moreno, uno de sus antiguos productores.

Dejó para los bises A la orilla de la chimenea y Peces de ciudad, compuesta ‘ex profeso’ para Ana Belén, la mítica Princesa, que levantó a casi todo el público de sus asientos, Tan joven y tan viejo -su canción más autobiográfica- y Y nos dieron las diez. Todas fueron coreadas por el personal asistente.

Cerró el concierto con toda la banda en el primer plano del escenario y diciendo: “Ha sido todo un placer Madrid”. Hoy y mañana más. Fue una velada a fuego lento, de menos a más, que demuestra que aunque cascado, sigue siendo el rey. Y ciudado, que avisó que con los calores podría volver a tocar en Plazas de Toros. El garito de Sabina sigue abierto por derribo.

Roberto Bécares
El Mundo

joaquin sabina De lujo en Madrid

joaquin sabina

La pregunta que morbosamente flotaba por entre las gradas del recinto no podía ser otra que “¿cantará hoy?”. No es que se desconfiara del ídolo, sino que Sabina es ya de por sí mucho Sabina, y en Madrid, el Sabina elevado a la enésima potencia. De momento, salió. Unos minutos más tarde de cuando estaba anunciado, pero el artista irrumpió en el escenario unos compases después de que sus compañeros de viaje -el guitarrista Antonio de Diego, el bajista Pancho Varona y el batería Pedro Barceló- comenzaran a tocar Amo el amor de los marineros. Detrás, en el ciclorama, un barquito iba -o venía- desde dos paisajes urbanos imposibles; de ésos con rascacielos que se doblan. Aparecía el artista ataviado con levita, bombín y bastón. En la mano, una maleta con etiquetas de los más lejanos países. Del brazo llevaba a Olga Román, ataviada en plan señora con glamour. Nada más irrumpir en el escenario el cantante de Úbeda, la emoción estalló en el recinto, estableciendo un nivel de emoción que se mantendría álgido a lo largo de todo el concierto, para explotar en una cascada de entusiasmo dos horas después, en los bises.

Para Joaquín Sabina, lo de calentar la garganta debe tener otro tipo de connotaciones más sensuales y menos técnico-vocales. Porque se lanzó a tumba abierta, y en las dos primeras canciones su garganta crujió como la madera de ese barco pintado detrás de él, y que él presentó como el que lo llevaba de viaje desde Roquetas de Mar, pasando por Barcelona, y con gatillazo incluido en Gijón, hasta llegar a la ciudad de Madrid que, en sus propias palabras, siempre es “el mejor puerto de España”.

Sabina y Madrid formaron una unión que se tensaba a los acordes de hermosas canciones, nuevas y viejas. Entre las recién llegadas, Pájaros de Portugal volvía a situar a Sabina en su papel de cronista, de compositor de canciones hechas con la materia de lo que le entra por los ojos y por los oídos. De entre las viejas, Calle Melancolía volvió a ser durante unos minutos lugar de paso, en el que se cruzaban el intérprete y su público.

Pese a la pereza de garganta inicial, el cantante se fue entonando y, con guitarra o sin ella, fue sacándole punta y partido a canciones como La rubia de la cuarta fila o Mes de abril, temas que sirvieron para que le diera la alternativa como intérpretes a su eterno compinche, Pancho Varona, y a la encantadora y extraordinaria vocalista Olga Román. Dos temas sirvieron para que el maestro descansara y se lanzara a tumba abierta entre un ramillete de canciones, de las cuales hay que destacar necesariamente la cálida interpretación de Joaquín y Olga del tema Magdalena. En forma de popurrí, Joaquín reunió de una sola ráfaga Soledad, Peor para el sol y Contigo, para escoger el camino que, a través del rock movido de Resumiendo, le llevaría a hacer parada final en Atocha. Este punto marcó el final del concierto en términos del amor sincero que Joaquín, sin lugar a dudas, profesa a esta ciudad y ella le devuelve. Sabina se retiraba en medio de aplausos y, haciendo la cuenta, había cantado más que bien 15 canciones. Era éste un buen balance que sin duda se vio mejorado con la interpretación, primero a cargo de Antonio García de Diego, del tema A la orilla de la chimenea. Acto seguido, Peces de ciudad y Princesa fueron las canciones escogidas para intentar marcharse. Pero al final no hubo modo: la gente siguió aplaudiendo y gritando el nombre de Joaquín, hasta que éste volvió al escenario para regalar a sus seguidores 19 días y 500 noches, Noches de boda e Y nos dieron las diez. Un final de concierto a la altura del ídolo, con Sabina haciendo estupendamente de Sabina y todo el mundo celebrando su regreso a la arena del directo. Hay que felicitarse, porque ese barquito que estuvo toda la actuación detrás de él pasó por Madrid para seguir su camino.

Foto: María Fernández Triguero

joaquin sabina La vuelta a Barcelona

joaquin sabina

La entrega fue mútua. Y total. Los espectadores le recibieron de pie y entre aplausos y vítores, y Joaquín Sabina les brindó un generoso, sentido y cálido recital, con múltiples guiños a Barcelona. Flaco, muy flaco, y exhibiendo su habitual sonrisa canalla y socarrona, el cantautor de Úbeda no defraudó anoche en el primero de los tres conciertos que ofrece en el Auditori (las entradas se agotaron en tan sólo dos horas), para presentar su último y esperado desembarco discográfico, Alivio de luto.

Apareció como suele hacerlo en esta ronda de conciertos, llamada Gira ultramarina: con una pequeña maleta, su inseparable bombín, un bastón negro con empuñadura de plata, y cogido del brazo de su fiel y siempre atenta corista, Olga Román. De fondo, un escenario con rascacielos vanguardistas y de ambiente de trasatlántico, que le dio pie a dedicarle la siguiente frase a sus músicos. “Sóis la orquesta del Titánic, porque seguís tocando aunque me hunda”.

Pero de naufragio nada, sino más bien todo lo contrario. Cuando entonó la estrofa de “ahora que estoy más vivo de lo que estoy” (de la canción Ahora que), el público le ovacionó con entusiasmo y él respondió golpeándose fuerte el corazón. No sólo su salud parece haberse recuperado. Incluso también su voz, que sonó mucho menos rota que en su reciente compacto.

Hacía cuatro años, desde las cinco veladas en el Teatro Novedades del 2001, que no actuaba en Catalunya. Y resarció esta larga espera recitando un poema que acababa así: “Cuando me ponen los cuernos en los ‘madriles’, paso de policías y alguaciles, y me alquilo una suite en el Raval”. Pero no sólo eso: también se dirigió a la audiencia repetidas veces en un catalán que Aznar ya lo quisiera para sí (aunque fuera para hablarlo en la intimidad). Y hasta cantó Passajant per Barcelona, de Quico Pi de la Serra, que escuchó la feliz interpretación desde el primer piso, acompañado de la mujer de Serrat, Candela Tifón.

Sabina combinó las piezas de su último trabajo con exitazos de otras épocas, intercaló ocurrentes frases improvisadas (se emocionó al ver a dos espectadores con la camiseta del Atlético) e introdujo versos de su último libro, Esta boca es mía.

Calle melancolía, en el primer tramo de la actuación, y Princesa y 19 días y 500 noches, ya en la tanda de bises, fueron algunas de las canciones más coreadas. Y Resumiendo, su corte más rockero, fue una de las más bailadas (aunque fuera sentados en las butacas).

Sabina removió recuerdos y sentimientos. Y hasta conciencias, con dos de sus últimas entregas, Pájaros de Portugal y Pie de guerra, una versión libre de la partitura de Leonard Cohen. Cuando dio por terminado el concierto, el público le reclamó con un “eh, Sabina, así no termina”. Y volvió, claro está, con más éxitos. En un popurrí, juntó Magdalena, Soledad, Peor para el sol y Contigo. Y ya, al final, con Y nos dieron las 10, cambiando la palabra “municipales” por “mossos d’esquadra”. Lo suyo sí que es integración.

Nuria Martorell
El Periódico

joaquin sabina Sabina en Valladolid

joaquin sabina

Joaquín Sabina continuó en Valladolid la gira de su último álbum, Alivio de luto, con el que regresa a los escenarios después de tres años de ausencia para presentar su decimoctavo disco, que le consolida como uno de los mejores poetas musicales de los últimos treinta años.

El Polideportivo Huerta del Rey de la capital vallisoletana se abarrotó de un público heterogéneo para contemplar en directo al mítico compositor e intérprete jiennense, nacido en Ubeda hace 56 años, que arrastra tras de sí veintisiete años de compromiso musical y dieciocho discos desde su debut en 1978 con Inventario.

Un sencilla puesta en escena caracterizó el primer concierto de Alivio de luto, producido por Pancho Varona, Antonio García de Diego y José Romero, quienes también subieron al escenario como instrumentistas.

Uno por uno fue desgranando Sabina los temas de su última propuesta musical junto a la vocalista Olga Román, el bajista Paco bastante, los baterías Pedro Barceló y Tino Di Geraldo, y los guitarristas John Parsosn y Jaime Asúa, entre otros.

Seis tequilas, Números rojos, Pájaros de Portugal, Nube negra y Mater España fueron algunas de las canciones que escuchó en primicia el público vallisoletano y que se llevará Joaquín Sabina de gira en dieciocho conciertos por diez ciudades: Palma de Mallorca (19 y 20 de noviembre), Logroño (23 de noviembre), Zaragoza (26 de noviembre) y Barcelona (29 y 30 de noviembre, y 1 de diciembre).

Continuará por Valencia (4 y 5 de diciembre), Gijón (8 y 9 de diciembre), Granada (14, 15 y 16 de diciembre) y Madrid (20, 21 y 22 de diciembre).

Sabina, que también echó mano de repertorio para desempolvar algunos de sus temas más conocidos, estudió Filología Hispánica en Granada a partir de 1966, donde participó en un grupo teatral, compuso música para poemas y tocó la guitarra en una banda rockera, la Merry Youngs.

El intérprete andaluz, después de un incidente familiar, decidió irse a vivir a Londres donde permaneció entre 1970 y 1977, tocó en diversos locales y fue telonero de notables cantantes como Paco Ibáñez, Luis Llach, Pi de la Serna y Elisa Serna.

En 1977 regresó a España, donde publicó el libreto de canciones Memoria del exilio y un año después editó su primer disco Inventario, donde se popularizó su conocido tema Pongamos que hablo de Madrid.

Se dio a conocer en 1984, principalmente merced a sus apariciones televisivas y a la composición de temas para diversos programas como Corazón y Con las manos en la masa.

joaquin sabina El regreso del pirata cojo

joaquin sabina

Joaquín Sabina conquistó al público congregado en el Polideportivo Huerta del Rey con un concierto donde a lo largo de 25 temas repasó sus éxitos y presentó su nuevo trabajo, Alivio de luto.

Con puntualidad británica, acorde con la indumentaria elegida por Joaquín Sabina para su Gira Ultramarina, comenzaron anoche a sonar las primeras notas ’sabinianas’ en el Pabellón Huerta del Rey. Acompañado de su vocalista femenina Olga Román, el cantante de Úbeda hizo su aparición en el escenario a las nueve en punto, ataviado con un bombín marrón, levita a juego, bastón con empuñadura de plata, zapatos de cordón y calcetines de rombos. Delante de un fondo de mar -con barco incluido- Sabina comenzó el concierto con su tema Ahora que, en el que al pronunciar la frase «Ahora que estoy más vivo de lo que estoy» -a lo que el público respondió «y por muchos años»-, el cantante se dio varios golpes de pecho con el bastón.

«Ya me había dicho mi maestro Serrat que Valladolid era un sitio estupendo para recuperarse» -confesó Joaquín Sabina a un público entregado desde el primer momento- «pero se quedó corto», añadió casi al final del espectáculo. Con algunos pequeños ‘lapsus’ con las letras pero con una voz muy mejorada, a lo largo de dos horas, los 2.000 fans que abarrotaron el Pabellón Huerta del Rey pudieron disfrutar de hasta 25 temas de todas las épocas del artista.

A Pájaros de Portugal, de su último trabajo Alivio de luto, le siguieron Pie de Guerra, Calle melancolía, Dos horas después y Nos sobran los motivos. «Muerto de miedo debuto en Pucela. Ni humo de pajas ni alivio de luto», recitó en verso entre aplausos, piropos y cientos de flashes de cámaras y teléfonos móviles. Sabina consiguió mantener al público sentado la primera media hora pero, ante Calle melancolía, ya fue imposible. El músico y compositor dejó de cantar para escuchar a su público ante el que se quitó el bombín. «Para eso trae uno sombrero» -indicó- «porque suele haber ocasiones para quitárselo».

Entre trago y trago, y sentado la mayoría del tiempo tras un atril, donde iba pasando los folios con sus letras, fue haciendo al público participe de su Rubia de la cuarta fila, ¿Quién me ha robado el mes de abril?, Y sin embargo, la Magdalena, Que se llama soledad, Peor para el sol, Contigo y Resumiendo. «Este año pasamos todos el control anti-doping», aseguró Sabina, antes de abandonar el escenario para dejar a su guitarrista Pancho Varona con Seis tequilas y a Olga Román, que se atrevió hasta con una copla.

Con nuevo vestuario -americana de rayas y bombín negro-, volvió a escena. Tan joven y tan viejo sirvió para romper definitivamente el protocolo de las butacas. El público de la pista abandonó sus asientos para instalarse a dos pasos del cantante. La del pirata cojo hizo enloquecer a los presentes que ya no se sentaron en ningún momento.

A la orilla de la chimenea, Peces de ciudad y Conductores suicidas cerraron el repertorio antes de los bises. Los de las primeras filas pedían Princesa a gritos, y así fue. 19 días y 500 noches -con dedicatoria incluida a cuatro mujeres del público- Noches de boda y Y nos dieron las diez sirvieron para poner fin a una noche donde disfrutaron los fans de todas las edades. «Ojalá que volvamos a vernos», recitó el poeta. Y que se pronto.

Sonia Quintana
El Norte de Castilla


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