Chile en el corazón

joaquin sabina

Argüelles, corazón de La Moneda,
eclipse de bigote Pinochet,
dolores divorciada, cobre y greda,
la casa de las flores» Bachelet.

Conmovido te vi lucir la banda
desarmando de ayeres al futuro,
jurando por un hoy que nos demanda
candiles para el cuarto más oscuro.

El aire fresco de la cordillera
viene haciendo de tripas primavera
tatuando Aconcaguas en mi piel.

Laica, huérfana, risa de otro Chile,
loco por desfilar en tu desfile,
lo dijo un tal McCartney, my Michelle.

Poema: Chile en el corazón
Año: 2006, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

Pancho, blogger

pancho varona

Pancho Varona lleva casi un cuarto de siglo junto a su amigo íntimo. Además de estar al frente del bajo, le puso música a, por lo menos, 80 de sus canciones. Hoy, también, es el blogero que cuenta la gira desde adentro.

Atrás quedó la última función. De momento y por estos pagos, descanso para la Gira Ultramarina de Joaquín Sabina. Él y sus músicos levantan hoy sus bartulitos y se marchan rumbo a Chile. La despedida, sin embargo, no es total: en este blog, la historia continúa.

¿Que quién se encarga de postear ahí? Su músico, compositor, y ahora también cronista (online) de sucesos, Pancho Varona. Y es una autoría de lujo para el lector: ahí escribe el que más conoce, admira y quiere a Joaquín en este mundo. Aunque suene exagerado.

Varona lleva 24 años junto a Sabina. Sí, casi un cuarto de siglo, lo cual no es poco. Es decir, las pasó todas junto a este hombre. La historia arrancó en Madrid, una noche que fue a verlo actuar en el bar La Mandrágora. Aunque Pancho tocaba la guitarra, dedicarse a ello no estaba entre sus planes: trabajaba en el Ministerio de Defensa, escribiendo a máquina. Fue al bar una vez, luego otra, y luego varias más. Así compartieron copas (intuimos que muchas, vaya a saber uno por qué), sobremesas y zapadas. Pancho sacaba rápido las canciones de Joaquín y el otro no tardó en avisar: «Cuando me haga falta un guitarrista, te llamaré». Y un día le hizo falta un guitarrista»

Si es por apuntar datos técnicos y artísticos, diremos que Pancho le ha puesto música a más de 80 canciones de Joaquín; que hoy es su bajista, su productor y su compositor estrella (Antonio García de Diego completa este trío amoroso y sería injusto hacerle un feo). Pero esta síntesis, por escueta, jamás daría cuenta del singular vínculo que los une.

«Mira, él es como mi hermano. Mejor: un hermano que se elige. Son muchos años. Él es el padrino de mi hija, mi hija y sus hijas se llaman primas, van al mismo colegio, imagínate. Hemos pasado tantos años tantas cosas juntos. En una época, Joaquín tenía una enfermedad y a los cinco meses la tenía yo. Lo comentábamos con él, que vamos juntos hasta en eso.»

Pancho Varona

A Pancho se le infla el pecho cuando habla de su amigo. Le da gusto. No se cansa. Habla con cariño, con ternura, con admiración. Pero también con criterio. De hecho, Pancho es prácticamente el único que puede llegar a observarle un verso a Joaquín. Le objeta, por caso, que tal rima no es tan buena, o que tal frase quedó cursi. Y el otro lo escucha. Va y vuelve con nuevas tachaduras. «Es gracioso, porque a veces es como un regateo» viene y me dice mira, cambié éste, ¿vale?, modifiqué esto pero entonces déjame mantener esto otro».

Si Joaquín tiene una nueva canción, al primero que se la muestra es a él. «Creo que soy el que mejor paladea lo que él escribe. Y a él le encanta lo que yo disfruto de su poesía. Que se deje aconsejar por mí y que me diga que lo saco mejor, o que lo exijo, me honra; es lo mejor que me puede decir», señala.

Hace algunos años, Varona sacó su propio disco solista, disco que se vendió poco (la discográfica, desacuerdos mediante, lo quitó de la venta) y que, a los ojos Varona, le vino a solucionar un problema: «Avanzar con eso habría significado la disyuntiva; seguir solo y abandonar a Joaquín. Y yo no quería cambiar mi vida, yo quería seguir mi vida con mi amigo»».

Hoy, con su amigo más fiel tan al pie de cañón como el primer día, cuesta imaginar qué hubiera sido de la carrera del que más brilla sin éste otro que le ayuda a brillar. Si se le pregunta, Varona dirá, simple y humildemente, que sin él Sabina hubiera sido otro Sabina. Quién sabe. Lo cierto, al menos en los planes, es que habrá Sabina-Varona para rato. Y no sólo para discos y canciones. Hay más, mucho más: proyectos extra-discográficos que no contaremos porque la prudencia nos llama y, caso raro en nosotros, la atendemos. No fuera a ser cosa que algún vivillo quisiera venir a escupir el asado»

Fuente: Clarín.com (Guadalupe Diego)

Las mujeres de Sabina

joaquin sabinaAmante incondicional del género femenino, Joaquín Sabina ha sabido utilizar sus dotes como músico para conquistar a bellas mujeres. Es tiempo de conocer a las damas más importantes de su vida y quién fue la argentina que le rompió el corazón…

No han faltado, ni faltarán, oportunidades en que Joaquín Sabina, le cante a las mujeres, sus grandes musas inspiradoras, dos de las cuales, quizás las más reconocidas, han sido argentinas: su primera y única esposa, la argentina Lucía Inés Correa Martínez, y Paula Seminara, la jóven bonaerense que le rompió el corazón al abandonarlo.

Una vez finalizado el bachillerato, con diecisiete años, Joaquín se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras para comenzar los estudios de Filología Románica pero su espíritu idealista y un marcado sentimiento revolucionario lo llevarían a participar en un acto de lucha callejera y, en 1970, colocó, en compañía de unos amigos, un cóctel Molotov en una sucursal del Banco de Bilbao en protesta por el Proceso de Burgos.

Exiliado en Londres conoció a la argentina Lucía Inés Correa Martínez, con quien regresó a España un tiempo después. «Era un hippie total y me quería suicidar por tener que ir al ejército. Entonces me enteré de una fórmula: si te casabas, podías ir a dormir fuera del cuartel todas las noches. Inmediatamente llamé a todas las chicas que conocía. Y ella fue la única que me dijo que sí. El matrimonio duró lo que duró la milicia: muy poquito», confesó el genial músico, quien se casó por primera y única vez el 18 de febrero de 1977.

Por su parte Isabel Oliart es la única que lo ha convertido en padre ya que con ella tuvo a Carmela y Rocío, a quien le escribió la canción Ay, Rocío, incluida en Alivio de luto, su último material discográfico. «.Sufro tu adolescencia como una insolencia que disfruta volviéndome loco.», expresa el músico en la melodía.

«Ahora tengo una magnífica relación con ambas, porque tienen 15 y 16 años. Aunque es una edad imposible, entienden el humor y puedo hablar con ellas. Se vienen a dormir a casa y les encantan las giras. Cuando eran pequeñas no sabía cómo tratarlas, les hablaba como si fueran adultas, y ellas me hablaban como si fuera un imbécil».

Joaquín Sabina

Otro de los amores importantes de Sabina fue Paula Seminara, la protagonista de Dieguitos y Mafaldas, una de las mejores canciones de 19 días y 500 noches. Con ella estuvo durante un año y medio pero un buen día, en la habitación número 1530 de un lujoso hotel, todo acabó. «Conocí a Joaquín en un recital. Fui de casualidad, había comprado una entrada para regalársela a un amigo, y sobre la hora él no pudo ir. Yo ni siquiera conocía las canciones», confesó Paula.

«Fuimos muy felices pero apareció Ariel, mi actual novio, cuando Joaquín estaba en España, yo me sentía sola… Bueno, me enamoré», admitió la joven estudiante de Ciencias Económicas.

«De González Catán a Tirso de Molina, qué trajín, de España a la Argentina, qué meneo qué vaivén, qué ajetreo, qué mareo, qué ruina ¿Y por culpa de quién? Del amor de una mina, ¿Y total para qué? Si al final se rajó con un pibe, que le prohíbe a mi ex ir a verme al Gran Rex, cuando estoy de visita, no sea que Paulita se ponga a llorar, al oír su milonga.», describió la relación Joaquín en Dieguitos y Mafaldas.

Ahora el genio de Úbeda pasa sus días con Jimena Coronado, una fotógrafa peruana a la cual conoció en 1999 y lo ayudó a superar su infarto cerebral y posterior depresión causada por sus problemas de salud. A ella le dedicó Rosa de Lima que editó en su álbum en vivo Nos sobran los motivos y la describe así: «Jimena es una mina antipersonal, se acuerda de quererme cada dos años mientras yo me las apaño para olvidar.».

Banderas Tricolores

joaquin sabina

Setenta y cinco cumpleaños ya,
de la kermesse tricolor tan breve,
y todavía el viento viene y va,
de flor de lis a flor que no se atreve

a cantar la canción del ojalá,
a manchar la impostura de la nieve,
revisionistas del ni fu ni fa,
Houdinis con paraguas por si llueve.

Cunetas con cadáveres azules,
Casas Viejas, Azañas calumniados,
boinas rojas, rastrojos de gandules,
Unamunos deshunamunizados.

Celos de Maldoror, hielos de tules,
Bergamines, Albertis, Aubs, Machados,
Federicos, Cernudas, oles, hules,
Leones Felipe, Fallas desgranados.

Miguel Hernández, negro sobre negro
y luego el paredón y la venganza,
vírgenes necias, lágrimas sin suegro,
poco Quijote, tanto Sancho Panza.

Poema: Banderas Tricolores
Año: 2006, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

Recuerdos que matan…

joaquin sabina

Sólo echo de menos la cocaína cuando me pongo a escribir una canción y a las cuatro horas tengo sueño…

Joaquín Sabina