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Etiqueta: Sabina

Joaquín Sabina: “Hay que borrar fronteras, no crear fronteras nuevas”

joaquin sabina, sabina

Palabras de Joaquín Sabina

“Es el siglo de borrar fronteras, no de hacer fronteras nuevas. Los mayores malos son por culpa del nacionalismo, las dos Guerras Mundiales e incluso la tercera Guerra Mundial, con Sarajevo, Bosnia… estoy radicalmente en contra de que alguien quiera hacer una patria pequeñita teniendo una tan grande. Yo no soy un político ni un opinador político. Soy un ciudadano que se preocupa por las cosas que pasan en mi país”

“Esto no es cómo lo están vendiendo y se lee en la prensa extranjera de que es Cataluña contra España, es Cataluña contra Cataluña. Hay familias que ya no se hablan entre ellos, hay amigos míos que ya no pueden opinar públicamente porque quieran seguir siendo españoles”

“No he creado ninguna escuela, pero creo que he puesto un granito en dignificar las palabras el español en las canciones. Se acababan en chica besa a chico, chica quiere a chico, chica deja a chico…”

“La gente joven de hoy en día quizás escucha mi música porque no hay referentes, no es como en el pasado. La gente de su generación no les está dando lo que necesitan”

Joaquín Sabina, a la llegada a Ecuador, dejando claro lo que piensa sobre la situación de España y Cataluña.

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Joaquín Sabina: “Me gustaría hacer una gira acústica”

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La entrevista

Entrevista a Joaquín Sabina en El Periódico

¿Diría que mantiene una relación de amor y odio con las giras? A mí me gustan mucho las giras, más que las grabaciones, pero cuando son tan intensas como esta, con tantas ciudades y países, acaba pesando en la cabeza y en el cuerpo, en el fuelle, y viene bien pasarte unos días charlando con los amigos y tomando el sol.

¿Cuáles son sus sensaciones tras la primera parte de la gira de Lo niego todo? Bueno, como pocas veces pasa en la vida, ha sido mucho más fuerte de lo que hubiéramos soñado. Cuando estábamos haciendo el disco éramos conscientes de que estaba saliendo muy compartible, inspirado, de que la colaboración con Leiva y Benjamín Prado estaba funcionando, y teníamos la sensación de que esto se iba a comunicar al público. Pero no esperábamos que al primer día de tocar las canciones la gente ya las cantara, y que el público fuera tan mayoritario.

Por primera vez, abre los conciertos con un bloque de canciones nuevas seguidas, siete en total. ¿Cree que no las puede mezclar con las otras? Hacer eso era una especie de reto. Siempre había intercalado canciones nuevas y viejas porque me daba un poco de miedo tocarlas seguidas. Esta vez pensé “fuera miedos” y decidí darles un bloque entero. Nunca lo había hecho y ha sido una muy buena experiencia.

Esta es una gira de grandes recintos. Cuando hizo estas canciones, ¿tenía en cuenta que las defendería en ese tipo de escenarios? En absoluto. Cuando hago canciones las hago para mí. Hago lo que me pide el cuerpo, no pienso para nada en el público. Cuando ya las estoy grabando empieza uno a pensar que esto lo tiene que oír la gente, pero a la hora de la escritura lo mejor es no pensar para nada en el público. Yo, aunque quisiera, no sabría hacerlo.

En un pabellón deportivo no se llega al espectador como en un teatro. Sí, yo en los últimos años echo de menos eso. Me gustaría hacer una gira acústica en teatros pequeñitos, pero es complicado porque las cuentas no salen con los músicos que llevamos y porque hay una demanda mucho mayor. Pero con el tiempo y con la edad creo que conseguiré hacer algunas giras acústicas más íntimas, que me gustan mucho. Lo hice hace bastantes años y fue tal vez una de las giras que más he disfrutado en mi vida. En los sitios más grandes no se trata tanto de escuchar una colección de canciones como de una celebración tribal. La gente va a corearlas, a participar de una fiesta colectiva y ciudadana, y se pierden muchos de los matices de las canciones y a veces es muy bonito cantarlas bajito en un teatro.

En estos últimos años se ha hablado mucho de su inseguridad, sus dudas, su miedo escénico… ¿Son desviadas esas percepciones? No, no, es verdad, pero esa inseguridad, esos miedos, los he tenido toda la vida. Yo soy un saco de dudas. Si algo me define es la duda metódica, siempre. Sí, le tengo miedo al escenario, al estudio de grabación, al público, a mí mismo… Siempre he sido así, y de ese tipo de tensiones es de donde saco las canciones, y la fuerza y las ganas para subir al escenario. Pero eso no va a desaparecer nunca.

¿Puede que con el tiempo se agrave incluso, porque con los años uno es cada vez más consciente de la enorme cantidad de cosas en la vida que pueden salir mal? De hecho, sí, se va agravando cada año porque además, cada vez uno nota más la responsabilidad. Yo antes de salir al escenario siempre veo el lugar lleno y pienso “están locos, ¿por qué han venido? ¡Si les voy a defraudar!”. Eso es siempre, cada día. Y luego es una gran sorpresa cuando veo que soy capaz de comunicarme con ellos y darles algo parecido a lo que esperan. Pero siempre estoy lleno de dudas.

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“La autoestima está haciendo mucho daño, los idiotas tienen mucha”

joaquin sabina, sabina

La entrevista

Entrevista a Joaquín Sabina en The Clinic

Alguna vez te escuché decir que sería ridículo creer que las mejores canciones de rock se hicieron gracias a las drogas, pero que a la vez era innegable que esos músicos, cuando dejaron de drogarse, no volvieron a hacer canciones así de buenas. ¿Por qué pasa eso?
Bueno, es una verdad estadística. Yo leo muchas biografías y autobiografías de cantantes, y es indesmentible que las drogas han tenido mucho que ver no sólo con la historia del rock, sino de casi toda la canción popular desde la segunda mitad del siglo XX. Pero también hay otra razón por la que todos preferimos las antiguas canciones de Dylan a las últimas, las antiguas de los Rolling Stones a las últimas. Esa razón tiene que ver con la juventud que escuchamos en esas canciones. Y que no es la juventud de ellos, sino nuestra propia juventud perdida.

Ocho años sin sacar un disco solista. ¿Qué estímulo habías perdido y cómo lo recuperaste?
Lo que había perdido son las ganas de meterme en un estudio. Me seguía gustando mucho subirme al escenario y viajar haciendo giras. Pero grabar canciones, la verdad, es un proceso que me aburre y no me gusta nada.

¿Por qué?
Porque tiene que ver mucho más con la tecnología que con lo artístico. Se pierden horas y horas afinando, corrigiendo, disecando los sonidos. Y como no quería pasar por eso, no quería ponerme a escribir. Y el estímulo me lo dieron dos amigos: Benjamín Prado, que es un compañero de aventuras fantástico, y Leiva, cuya amistad personal y profesional ha sido milagrosa para mí. Con ellos volví a escribir canciones con esa intensidad que no sentía desde “19 días y 500 noches” (1999), el último disco de aquella juventud que me duró hasta los 50 años.

¿Y qué fue lo que más te gustó del resultado?
Yo creo que en mis últimos discos, como andaba más con poetas que con músicos, había intelectualizado las canciones, con lo cual las alejé del público de la música popular. Ahora intenté que estuvieran más cerca del oído y del corazón de la gente. Y por la respuesta que estoy encontrando en los conciertos, creo que eso sí lo he conseguido. “Lo niego todo” nació de una frase de un periódico chileno. Hace muchos años, aterrizo un día en Santiago de Chile, abro un periódico y leo: “Llega a Chile el profeta del vicio”. Me sentí tan sobrevalorado, tan caricaturizado, que desde ese día pensé que alguna vez tenía que hacer una canción con todos esos tópicos, con todas esas cursiladas como “El juglar del asfalto”, como también se atrevieron a llamarme. Pero “Lo niego todo” es sólo una canción del disco…

En este disco hay una canción muy nostálgica, “Leningrado”, sobre un gran amor de juventud perdido: la revolución. A cien años de la Revolución rusa, parece todo un réquiem.
Sí. Es una canción que escribí lleno de amargura, por ver en qué ha quedado esa religión del siglo XX que fue la Revolución rusa y todo lo que vino después. Para la gente de mi generación, que viajaba a la Unión Soviética a aquellos Congresos de la Juventud de eso habla exactamente esa canción , ver en qué ha degenerado todo eso ha sido una cosa dramática, desgarradora. Y bueno, unir eso con una historia de amor en Leningrado, cosa que también sucedía en la época, me pareció una buena idea para contar algo de la historia del siglo XX.

Y como parte de esa generación, ¿eres de los que llevan la muerte de las utopías como un desengaño oportuno o como una herida incurable?
Es que la herida incurable es la vida misma, ¿no? Por eso es que toda generación tiene su ilusión juvenil y su desencanto. Y yo no celebro ese desencanto, pero tampoco sé si haya que volver a creer en la utopía, después de ver el desarrollo patético que han tenido las utopías en todo sitio. Fíjate en lo que está sucediendo hoy mismo en Venezuela. O en lo que ha quedado la Cuba castrista, que fue la revolución de mi juventud. Es tremendo lo mal que envejecen las revoluciones… incluso peor que las personas.

En España, como en Chile, apareció una izquierda joven quebrando muy fuerte con la generación de los 60. ¿De qué lado te sientes?
Me siento del lado de esos millones que votaron a una izquierda joven y un poquito más radical. Pero no tanto del lado de sus dirigentes.

¿Por qué?
Porque ya han empezado a tener los mismos vicios que criticaban, como siempre pasa.

¿El discurso de Pablo Iglesias te identifica, por ejemplo?
A veces sí y a veces no. Por ejemplo, ellos siguen apoyando a Maduro y a la revolución bolivariana, y yo no puedo apoyar eso, de ninguna manera. Venezuela es el país más rico de América Latina y está harapiento, no hay libertad de prensa, no hay separación de poderes… es imposible seguir defendiendo eso.

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Joaquín Sabina: “Nos gustaba mucho ocupar plazas, la alegría y el follisqueo”

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Las palabras de Joaquín Sabina

“Compartía con mis amigos la ocupación de las plazas públicas, la alegría y el follisqueo”

“Tuve la suerte de no vivir los últimos años de la dictadura en España”

“No se puede aburrir al público ni se le puede dar moralina”

“En mi generación, queríamos demostrar que se podía hacer rock & roll en español”

“La música de Joaquín Sabina está en la educación sentimental de la gente, y es poesía”, dice el genio y amigo del alma Luis García Montero. “Es tardío, pero está llegando al final del camino mejor que nadie. Acumula más talento que nadie, más talento que ninguno de nosotros que somos de su misma época”, dice Víctor Manuel. Podemos ver a Labordeta, a Krahe, muchos fragmentos de los comienzos, de La Mandrágora, en un reportaje de Televisión Española, “Ochéntame”. No te pierdas los vídeos…

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“No hace falta hacer el ridículo para estar en la música, no hace falta hacer canciones despacito”

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Las palabras de Joaquín Sabina

Agota entradas, lidera listas de venta y le hacen tema de tesis doctorales. ¿Qué le pone y qué le impone más?
A mí lo que me hace mucha gracia es que con 68 años cumplidos, sin sonar en la radio, ni estar en las redes sociales, sin internet, sin photocall y sin todo eso, la gente un día está en su casa y decide comprar mi disco. Me parece un milagro. Y me gusta porque eso puede ayudar a los jóvenes a darse cuenta de que no hace falta hacer el ridículo para estar en la música, no hace falta hacer canciones despacito.

A muchos sus canciones nos producen nostalgia. ¿A usted qué le provoca escucharlas?
Yo no las escucho nunca, en mi casa rara vez pongo música, prefiero leer. A mí lo que me produce placer es llegar a México y escuchar a un mariachi cantando ‘Y nos dieron las diez’ sin saber que la canción es mía. Me gusta cuando las canciones se independizan de su autor y uno las puede disfrutar desde fuera.

Y eso a usted le ha pasado con muchas de sus canciones.
No con muchas, pero sí con unas cuantas. Pero fíjese que lo que me llama más la atención es que cuando canto las nuevas en los conciertos, como las cosas van tan rápido ahora, resulta que la gente se las sabe todas.

¿Y qué sensación le provoca cuando le dicen que sus letras son machistas?
Me provoca un enorme desprecio hacia lo políticamente correcto y a este tipo de análisis. Por ese mismo criterio se cargaría uno el 90% de la canción popular. Yo no pienso morderme la lengua, pienso seguir haciendo bromas. Bien saben los dioses paganos que no soy ni racista ni machista ni homófobo. Las canciones deben ser libres.

Hay quien dice que es peor la dictadura de lo políticamente correcto que la censura franquista. ¿Usted qué dice?
Que sí. Ya no se pueden hacer chistes de negros o de homosexuales, el humor debería poder traspasar todos los límites. Es una cosa muy aburrida esto de decir siempre los dos géneros: las asturianas y los asturianos, los andaluces y las andaluzas… No estoy dispuesto a pasar por ahí. Fuera la censura.

Dice estar en el otoño. ¿Qué siente cuando mira a sus veranos y primaveras? ¿Es de los de cualquier tiempo pasado fue mejor?
Para nada. Tengo memoria, pero carezco por completo de nostalgia. Y además ahora me están pasando algunas de las mejores cosas de mi vida. Yo tocaba en Londres en la calle y el Metro, era okupa cuando ni si quiera se había inventado la palabra okupa, y el otro día llenamos el Royal Albert Hall, ¿usted sabe lo qué es eso?

Cuando se está en otoño, ¿cómo se mira al invierno?
Digo el otoño por no decir el invierno. 68 años es una edad muy provecta. El corazón no entiende de edades, pero el cuerpo sí. Yo tengo mis trucos para que el cuerpo casi tampoco lo note, y como me siento tan bendecido por haber salido de algo tan serio como un ictus sin secuelas, pues estoy empezando a pensar que no voy a morir nunca.

Empezaba hablando de Gijón. Aquí le ha pasado lo mejor y lo peor.
Una vez di un ‘gatillazo’ tremendo. Y Gijón era el último lugar del mundo donde quería que me pasara. Cuando volví me puse de rodillas y la reacción del público fue increíble. Lo bueno de la relación con Gijon es que no es ahora, es de cuando yo empezaba. Entonces es cuando uno se da cuenta de en qué sitios conecta. Gijón es uno de ellos.

Uno de sus grandes amigos era asturiano: Ángel González. Se van a cumplir diez años de su muerte. ¿Aún le añora?
La gente que vive conmigo sabe que hablo de él y lo recuerdo todos los días de mi vida. Fueron demasiadas noches en este mismo sofá desde el que le hablo bebiéndonoslo todo, fumándonoslo todo, leyéndonoslo todo, cantándonoslo todo, muriéndonos de risa. Ángel cantaba a Juanín de Mieres. Era fantástico. Pasábamos unas noches maravillosas. Primero fue un maestro y luego un amigo, el mejor amigo que he tenido nunca.

¿Qué aprendió de él?
El pedazo de persona que era, el pedazo de corazón que tenía, su exquisita discreción. Era un dandy de la discreción.

¿Le duele que su fundación se haya quedado en nada?
Sí, claro que me duele… Hay un cáncer ahí que se llama cáncer de las viudas de los escritores. En fin, me dicen que me calle. No merece la pena. Lo que tienen que hacer los asturianos es conservar como un tesoro la memoria de Ángel.

Ángel era Premio Príncipe de Asturias, como Dylan, que también es Nobel, y como Cohen… ¿Se imagina un premio así para usted?
Ni lo imagino ni lo sueño ni lo deseo. Aunque de vez en cuando me suceden, los premios son la quincalla de la gloria. Lo que me imagino es seguir subiéndome al escenario, que se me ocurran canciones cada vez que me pongo a escribir, y que cada dos años me contraten en Gijón.

¿Pero siente que los cantautores son más poetas ahora que antes?
Cuando yo empecé a cantar en La Mandrágora lo hice porque las letras de las canciones eran una basura de usar y tirar. Eso está volviendo por un lado, pero también lo que algunos hicimos de tratar de dignificar el idioma ha tenido continuidad con gente que ha seguido por ese camino.

Es de la vieja escuela a la hora de escribir, de folio en blanco.
Sí. Escribo pasándolo muy mal y sudando tinta.

¿Pero ha cambiado su forma de componer? ¿Es más libre o menos que cuando empezó?
Soy menos libre, porque uno sabe que cuando sale al escenario hay diez mil personas que han pagado por las entradas y no quiere fallarles. Además uno ya no está toda la noche en los bares, mis canciones ya no tienen ese aroma y esa peste de calle, es muy difícil que lo vuelvan a tener, así que uno se mete para dentro, empieza a mirar el balcón interior y trata de sacar otras cosas. Y eso cuesta mucho.

Pero con el tiempo ¿no se tira de oficio para componer?
En mi caso no. Soy capaz de escribir tres sonetos en media hora, pero una canción es algo muchísimo más complicado. Las canciones se incrustan en la memoria sentimental, uno se enamora con ellas, recuerdan momentos de la vida… Es un género sagrado dentro de lo popular que es y le tengo un enorme respeto.

Qué es lo más bonito que le han deparado sus canciones a través de sus fans?
Mire, hace poco salí de un concierto en Buenos Aires y venía un coche siguiéndome. De pronto, el tipo me saca un niño recién nacido por la ventanilla y me dice ‘se llama Joaquín’. Siguió detrás y más adelante me saca una niña recién nacida y me dice ‘se llama Sabina’. Disparates como este pasan a menudo.

Dice que con cada disco escribe un testamento. ¿Qué le falta por contar, por cantar, por testamentar?
Me faltan por cantar un montón de cosas. Se han escrito canciones hermosísimas, pero las más hermosas son las que uno sueña con escribir. Yo seguiré intentando escribir esas canciones.

¿Usted cómo ve España?
Buff, pues la veo muy revuelta, a veces en el mejor sentido de agitar instituciones anquilosadas, y a veces en el peor sentido, que tiene que ver con lo demagógico, con el populismo, el sectarismo y todos los ‘ismos’ que odio. Estoy de observador, pero no estoy demasido contento con lo que está pasando. Por no hablar de Trump, de ese gilipollas, de Marine Le Pen… Parece mentira.

¿Tenemos arreglo?
Los españoles no hemos tenido nunca arreglo, lo que no debemos es caer en un desarreglo terrible.

¿Qué me dice de Cataluña?
Yo que soy de izquierdas, y la izquierda ha sido siempre internacionalista, sé que las guerras europeas han sido siempre por nacionalismos. Pienso que están cometiendo un tremendo error, van a partir Cataluña por la mitad.

Ya solo falta hablar de toros.
Yo no voy a defender los toros, porque encuentro que los antitaurinos tienen muchísima razón, pero espero que los toros no se prohíban mientras yo siga vivo para poder seguir disfrutándolos.

Justo en la mitad de la gira de conciertos, una gran entrevista a Joaquín Sabina.

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“¿Una leyenda? Yo estoy en casa, en pijama, no sé nada de ser una leyenda”

joaquin sabina, sabina

Las palabras de Joaquín Sabina

Si se escucha “Inventario” o “La Mandrágora” y “Lo niego todo”, después de casi cuatro décadas sigue ahí el mismo Sabina pero con mucho poso, un poso que incluye sus dosis de tristeza… Para bien, al menos poéticamente hablando.
Es que la felicidad es fantástica para vivirla, pero no es el mejor terreno para hacer canciones, o cuadros, o libros… La melancolía les sienta bien. Las mejores canciones de amor son las de desamor, buenas canciones de amor felices no hay.

Este “Lo niego todo” es un disco sobre la vejez, sobre el paso del tiempo. El mérito es hablar de esto haciendo mover las caderas y corear los estribillos.
Ese era un reto muy gordo. Uno debe escribir sobre lo que le está pasando, lo malo es que la gente no quiere oír hablar de eso. Ni yo mismo como público querría, excepto si es Leonard Cohen el que canta. Pero era una cosa que tenía ahí guardada y tenía que sacar. Lo que hemos hecho es evitar que fuera un pestiño gracias a la música.

Tengo la teoría de que crecer, madurar, envejecer, pasa sobre todo por seguir caminando mientras se van perdiendo cosas. Hay reencuentros y encuentros inesperados, y hallazgos, claro, pero sobre todo es un camino de pérdida.
Claro que lo es. Alguien dijo que se canta lo que se pierde, sólo de la pérdida canta el poeta. Yo no soy nostálgico, pero sí creo mucho en la memoria, y es en el territorio de la memoria donde uno escarba cuando busca emociones auténticas.

El ictus ¿también le dejó una sensación de pérdida, o de miedo a la pérdida?
Yo tuve muchísima suerte, podía haber sido mucho más grave, y especialmente porque no me dejó secuelas. No secuelas físicas, pero sí por dentro. Es algo que se queda como agazapado y te deja un miedo contra el que tienes que luchar todos los días. En cuanto a lo de la palabra fea, siempre admiraré a Juan Luis Guerra que fue capaz de poner a bailar y cantar a medio mundo con la bilirrubina.

Ser una leyenda viva debe de ser una lata.
Eso pregúntaselo al del bombín. Yo estoy en casa, en pijama, así que no sé nada de leyendas. En todo caso, habría que preguntarle al que se sube al escenario, ese que a mí me parece un impostor con mi misma cara. Yo llevo casi toda mi vida peleando contra esa caricatura de mí. Eso de la leyenda no me influye, no dedico ni un minuto a pensarlo. Además, no tengo redes sociales, ni internet, ni teléfono…

Pero algo habrá contribuido a esa leyenda.
Lo único que acepto es haber creado un puñado de canciones que forman parte de la memoria colectiva de la gente, que cantan los mariachis en México, con las que se algunos se han enamorado… Eso lo acepto. Nada más.

Tenemos querencia a ponerle etiquetas a todo. A usted se las han puesto de todo tipo, a veces incluso contradictorias: facha, rojo, progre, burgués, podemita, antipodemita… la última, machista. ¿Esa le ha escocido especialmente?
Ah, sí, sí… Con esto de la corrección política ya no se puede ni hacer un chiste sobre mujeres, negros u homosexuales… Pero yo siempre he sido un deslenguado y me moriré siéndolo. La canción es un territorio de libertad, así que no puede estar uno pensando qué van a decir los demás.

Es usted, entre otras muchas cosas, un lector empedernido, de libros y de periódicos impresos… ¡Habría que erigirle un monumento!
Leo tres periódicos diarios. Tengo la teoría de que todo eso que vuela por ahí, por internet, si merece la pena acaba en los periódicos, así que no me pierdo nada. Y me gusta el olor del periódico, la tinta, el papel…

¿La cumbre del éxito es que tu nombre acabe convirtiéndose en un adjetivo? En su caso, ´sabiniano´.
El éxito es la calderilla de la gloria, al menos en el terreno literario, y yo estoy más por la gloria. Especialmente si uno comparte el éxito con determinados personajes televisivos que no voy a nombrar. Ahora ya no eres un cantante, vas por la calle y la gente te para y se hace una foto contigo porque no sabe exactamente quién eres y qué haces pero sí que eres un famoso. ¡Un famoso!

Al final será que nada es tan revolucionario como la poesía, que ha salido en tromba a las calles y se ha extendido por todas partes: se canta y se baila, está en los grafitis, en los aseos de los bares, en las redes sociales…
Yo escribía en los bares de madrugada, llenos de gente, pero, como digo en la canción, «me echaron de los bares que usaba de oficina». Ahora ya no puedo hacer eso, no me dejan en paz. Y me han quitado una cosa que para mí era fundamental. Así que me he montado un bar magnífico en mi casa. La poesía siempre ha estado ahí, pero es verdad que se había vuelto, también por culpa de muchos poetas ¿eh?, algo elitista, incomprensible, y ahora ha vuelto a la calle, gracias a muchos cantautores poetas.

Para los que usted es siempre un referente.
No sé si lo soy, ya te digo que no estoy en las redes sociales…

Pues ese camino de pérdidas y hallazgos del que hablábamos, uno de los encuentros que le ha rejuvenecido ha sido el que ha tenido con Leiva
Ha sido fantástico. Yo no había perdido el amor y la pasión por el escenario, pero sí estaba aburrido del proceso de grabar discos, así que decidí cambiar el microclima. Leiva era el músico que más me interesaba de entre la gente de su generación. Y he recuperado las antiguas ganas, las de 19 días y 500 noches. Hemos trabajado como antes, de nuevo con una gran efervescencia creativa.

Pues nadie envejece si tiene ganas y efervescencia creativa.
R Hay quienes mueren de viejo manteniendo un corazón joven.

Justo en la mitad de la gira de conciertos, una gran entrevista a Joaquín Sabina.

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Joaquín Sabina, Hijo Predilecto y Medalla de Oro de Úbeda

joauin sabina, ubeda, discurso Emocionante el discurso de Joaquín Sabina en la ciudad que le vio nacer, Úbeda, donde hoy ha recibido un merecido homenaje y ha sido nombrado Hijo predilecto del a ciudad.

Hace unas semanas ofreció un concierto irrepetible en el que se emocionó y emocionó a la ciudad. Felicidades y gracias a todas las personas que han intervenido para conseguir algo así. En el día de hoy, la Agrupación Musical Ubetense interpretó las canciones “Y nos dieron las diez” y “19 días y 500 noches” en un Auditorio del Hospital de Santiago lleno de gente emocionada. Viva Úbeda

Discurso de Joaquín Sabina

“Les contaré algunas cosas que hasta hoy no me había confesado ni a mí mismo. Tal vez sea por eso por lo que ustedes me habrán oido decir en tantas entrevistas improvisadas y prescindibles que la infancia y la adolescencia provinciales no son para mí, o al menos eso quería creer yo, un paraíso, una fuente de inspiración. Y sin embargo ahora lo sé, ahí está agazapada en el número 24 del Paseo del Mercado, por no hablar de los sueños más inesperados y furtivos

“Algunas irreprimibles taquicardias de patria chica cada vez que un periódico de aquí y de Latinoamérica me llamaban “El Flaco de Úbeda”. Aunque a mucha honra uno es rojillo y ateo gracias a Dios, como decía Buñuel, sigue teniendo un corazón donde nunca faltaba un sitio para una media verónica de José Tomás o para las trompeta para Los Romanos de La humildad. La vanidad de uno, que os lo juro que es más bien doméstica, pequeñita, de andar por casa, mi vanidad estaba con creces más que colmada con tanta reconocimiento, medalla, nombramientos… seguro que inmerecidos, de aquí y de allí, pero ay, cuando llegó la que nunca me había atrevido a soñar, la de mi Úbeda, tuve que sacar todo mi repertorio para que mis amigos no sospecharan que me había llegado al corazón muy profundamente”

Durante décadas mi pueblo y yo habíamos vivido de espalda, casi ignorándonos, los desencuentros son tan espesos no vienen al caso. Ahora Úbeda es otra, tiene otra juventud, ahora hay otros oídos, otro clima. Por eso cuando me enteré de la propuesta y supe de algunas voces airadas en contra dije que no quería dividir, sino unir, a lo que se oponían les di la razón, yo no merecía el honor, modesto y conciliador que es uno”

No puedo sentirme más agradecido, a pesar del infierno que han sido las ultimas semanas. Porque con la procesión por dentro me tocó actuar en México, Londres, Barcelona, Sevilla, Madrid y yo sólo podía pensar en escribir a mis paisanos. Y digo infierno porque no podía pensar en otra cosa, y no dormía, y lo iba dejando, y lo iba dejando, y no me ponía a la tarea, y me sentía incapaz de estar a la altura. Como dijo mi primo, el maestro Serrat, no hago otra cosa que pensar en ti y no se me ocurre nada. Imagínate hasta donde llegó la tensión que casi llamo a mi amigo Benjamín Prado, hasta que anoche tarde y mal, con el agua y cuello, le supliqué a mi parienta que es una santa, que me pusiera un litro de café y un par de whisky, y fui escribiendo estas palabras que ahora les leo”

“Y me acuerdo de mi abuelo Ramón, y de mis padres Jerónimo y Adela que ya no están, pero que estarían tan orgullosos como veo ahí a mi hermano Paco de que su Joaquín, la oveja negra, el descastado, el golfo, el bohemio, el exiliado, vuelva al redil, acogiéndose al calor de sus paisanos. Confesaré que siempre que iba o volvía en coche de Granada, Sevilla, Cádiz… de noche y con amigos, no había mayor lujo y milagro que desviarnos clandestinamente a la Plaza de Santa María, a visitarla nocturna y silenciosa, magia renacentista. Ahí recordaba mi infancia”

“Uno es tímido y pudoroso y huye de las baratijas de la fama. Agradecido eternamente, es un honor, gracias por vacunar la herida tan honda entre mi pueblo y yo, ahora generosamente curada. Contad conmigo, cuando y como queráis, para que mi pueblo sea el foco que por historia y tradición merece. Gracias, gracias, gracias, gracias… hasta siempre. Viva Úbeda

Joaquín Sabina
Domingo, 9 de julio de 2017
Úbeda

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Libro “Incluso la verdad”

joaquín sabina, libro, incluso la verdad

Libro “Incluso la verdad”

Joaquín Sabina y Benjamín Prado han compartido muchas horas y muchos días para escribir las letras de las canciones que componen el disco más emocionante y personal, “Lo niego todo”. Es un álbum diferente que arranca con el aroma de los grandes éxitos, con 75 conciertos en España y Latinoamérica. La crónica de cada canción, los estados de ánimo, las euforias y las discusiones por un verso atravesado son parte de lo que el lector encontrará en este libro. El resultado, además, será un objeto cuidado, con dibujos, caligrafías de Sabina, páginas manuscritas, fotos y materiales que ayudarán al lector a sentir que forma parte de la intimidad de este peculiar y originalísimo artista que ha sido capaz de continuar conquistando a seguidores de tres generaciones

No te pierdas un fragmento del libro y hazte con él, está disponible en las principales tiendas como Amazon, La Casa del Libro, El Corte Inglés… a un precio de 20 euros. El inmenso trabajo de Joaquín Sabina, Leiva y Benjamín Prado plasmado en 200 páginas, llenas de dibujos y notas de Joaquín Sabina, que está inmerso en una gira de conciertos y por tanto poco más podemos pedir, tras disco, gira y libro. Bueno, sí… podemos pedir que el año que viene siga a este ritmo, y al otro, y al otro…

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La vida, y el miedo de Joaquín Sabina

sabina, 2017

Palabras de Joaquín Sabina

No le tengo miedo a la vida, le tengo miedo al envejecimiento y a la decrepitud. Quien ha tratado de vivir la vida intensamente como he tratado yo, no le tiene miedo a la muerte. Aunque no le tengo miedo a la edad, el paso de los años es inevitable

No te pierdas la rueda de prensa de Joaquín Sabina nada más llegar a México, donde estará presentando en la gira de conciertos el disco “Lo niego todo”.

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