Homenaje a Benedetti

benedettiEste viernes a las 20.00 horas en la Casa de América de Madrid (entrada libre, aforo limitado) se reúnen un grupo de amigos a rendir homenaje a Mario Benedetti. Será una velada poética en la que se recordará la vida y la obra del poeta y escritor uruguayo que lamentablemente nos dejó el mes pasado. En dicho homenaje van a participar entre otros, Joaquín Sabina, Montxo Armendáriz, Luis García Montero o Javier Rioyo y se leerán poemas del libro «El amor, las mujeres y la vida» (1995), fragmentos de la novela «Gracias por el fuego» (1969) y de «Primavera con una esquina rota» (1982).

La legión extranjera

joaquin sabina

A Cristiano le han pagado
el triple del presupuesto
anual del Museo del Prado.

Si Florentino echa el resto,
vendrá Kaká, vendrá Villa
y mi Atleti con lo puesto.

Kaká le roba a Casillas
el título de buen yerno,
dice la prensa amarilla.

Para salir del infierno,
el Real, manda cojones,
compra valores eternos.

Más de trescientos millones,
inflación en el mercado
del oro de los balones.

Humillando a los parados,
retorciendo el talonario,
malcriando al abonado.

La afición se desespera
viendo al chulo mercenario
loco por jurar bandera.

Sólo le falta la cabra
a esta legión extranjera
tan cortita de palabra.

Poema: La legión extranjera
Año: 2009, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

Fosas comunes

joaquin sabina

No es lo mismo el ejército que la gente,
aunque, quien más quien menos, todos mataron
al rojo, al facha, al primo de los de enfrente,
fue más cruel el terror de los que ganaron.

Declararon rebelde lo más decente,
purgaron a los tibios y fusilaron
al pedagogo, al ácrata, al inocente
que defendió las leyes que profanaron.

Tantos años después siguen discutiendo
quién era el malo, el bueno, el noble, el tirano,
el Judas, el Caifás, el samaritano
quién pierde cuando gana y gana perdiendo.

Los hijos y los nietos de la sangría
hartos de tanto valle de los caídos
en vez de odiar soñamos que llegue el día
de rescatar la honra contra el olvido.

Se pide la memoria, no la venganza,
la historia, no el garrote para el impune,
aquí no hay más Quijote que Sancho Panza,
y quedan demasiadas fosas comunes.

Poema: Fosas comunes
Año: 2009, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

Baratija electoral

joaquin sabina

Banderas de purpurina
qué vaivén,
carteles y pegatinas
todo a cien.

Aquí no falta ninguno
todos cuentan,
hasta el Sastre batasuno
se presenta.

A Leire Pajín la inflama
el escenario,
Zapatero es un Obama
planetario.

Los mítines son la fiesta
del villano,
Carlos Fabra no se acuesta
con Mariano.

Monseñor Mayor Oreja
se cabrea
con la Europa de la ceja
y con la OEA.

Los brotes verdes que fuma
la Salgado
restan más de lo que suman
los parados.

Santiago y cierra España
tarde y mal,
vaya mierda de campaña
electoral.

Poema: Baratija electoral
Año: 2009, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

Mañana no será lo que Dios quiera

joaquin sabina, luis garcia monteroMañana no será lo que Dios quiera es el título del libro que uno de los mejores poetas de España, Luis García Montero, ha escrito. Y sobre él tenemos estas líneas de Joaquín Sabina, una recomendación y una felicitación extensa y en la línea de Joaquinito, con destellos de calidad impagables.

En la web de Alfaguara podemos leer de manera gratuita las primeras páginas de Mañana no será lo que Dios quiera, libro sobre el que Joaquín Sabina además de esto ha dicho que es «la novela que me gustaría cantar, una de las mejores canciones de amor que he leído. La historia de España vivida en primera persona«.

La editora del libro dice que «Luis García Montero construye el retrato del poeta Ángel González y recorre los primeros años de su vida para rescatar la mirada de un niño que tuvo que crecer sin la figura de su padre, pero con toda la fuerza de una familia y una geografía que se resistían con uñas y dientes a dejarse vencer», por lo que es recomendable al 100% su lectura, ya que de este grupo de amigos… nada malo sale nunca, y seguro que la espera del nuevo disco se hace más dulce.

Cuando vi la portada de este libro, lo primero que pensé fue que los editores habían reproducido un fotograma de la película El Chico, de Chaplin. Fíjense bien: la misma conmovedora cara de golfillo, la misma mirada entre pícara y desvalida, el mismo flequillo, la misma gorra enorme, los mismos pantalonazos. Y claro que era El Chico, pero no el de Chaplin sino el que alguna vez fue y siguió siendo, a su modo, hasta la muerte, el inolvidable Ángel González. Ese chico, ese guaje, ese golfillo del que no sabríamos nada si Luis García Montero no le hubiera puesto al amigo, al poeta, en su crespúsculo, una grabadora delante y un par de whiskys para cumplir casi un deber testarmentario. Ángel se fue, maldita sea, hace ya más de un año, el tiempo que ha empleado Luis (¿quién podía hacerlo mejor?) en dar forma poética, novelada (y, sin embargo, asombrosamente fiel) a aquel río de palabras arrancado al último Ángel en tantas sobremesas del penúltimo mes de agosto en Rota. Una tarde caí sin avisar por la casa y, al sorprenderlos, hablando y grabando en un susurro, como en una confesión laica, decidí respetar la liturgia de la memoria y la amistad y la literatura y me fui de puntillas para no romper lo sagrado del aire. Lector ávido e indiscriminado como soy, más que adicto al género biográfico, he de confesar, sin embargo, que siempre se me han atravesado los libros dedicados a la infancia, a cualquier infancia, incluida la mía. Esa supuesta y tan prestigiada única patria del escritor me pareció prescindible demasiadas veces, tantas que, suelo deshonrar las biografías que leo saltándome todo lo que al héroe le sucede antes de los veinte años. A partir de ahí empieza a interesarme, cuando vuelve de la mili, cuando se va de putas, cuando escribe el primer verso, cuando coge las riendas de su destino. Con que menudo problema: el libro de un amigo casi hermano sobre la infancia de un maestro casi padre. Y además en prosa tratándose de dos poetas. Y para colmo novela o novelado, qué mas da. Pero ¡ay!, el hombre de poca fe y edad adulta ya debería saber a estas alturas que los tesoros literarios, que los milagros, que las pepitas de oro de la tinta acostumbran esconderse donde uno menos las espera. Y así fue que el placer que me produjo empaparme de esa infancia, guiado por la varita mágica de García Montero, sólo es comparable al desmesurado hueco que nos dejó en el corazón Ángel González. ¡Qué libro! ¡Qué niño! ¡Qué familia! ¡Qué guerra! ¡Qué amargura! ¡Qué belleza! Es más, mucho más que una biografía, más, mucho más que un libro de poemas, definitivamente más que una novela. Como si el autor, para debutar tan brillantemente en prosa no ensayística, hubiera estado esperando a que el anciano poeta de barba blanca le contara las andanzas de aquel rapaz, lo atroz de aquella guerra, la desesperada dignidad de los vencidos, la obscena crueldad de los vencedores. El padre muerto prematuramente, el hermano asesinado, Maruja, la hermana depurada (que se decía entonces), la casa familiar convertida en pensión de militares fascistas, el moro amigo, la primera guitarra, la taberna, los Taibo, Manolito Lombardero, tía Clotilde, Oviedo, la pobreza, la incuria, la esperanza ilustrada y tricolor, el sangriento debut de un tal Franco en Asturias, los rojos fugitivos escondidos temblando de miedo en alacenas, las primeras lecturas, la solidaridad en el espanto. Aquel niño, aquel alevín de poeta con su gorra y su flequillo y sus pantalonazos tuvo la inmensa suerte, entre tantos escombros, entre tanta ruina, entre tanta desgracia, de encontrarse tantos años después con otro enorme poeta llamado a darle voz, a darnos voz a todos los vencidos. Le hubiera gustado escribirlo a Stefan Zweig y a mí cantarlo y a González leerlo, estoy seguro. Porque ahora sabemos lo que había detrás de las gafas de Ángel, de los ojos de Ángel, del destierro de Ángel, del pudor de Ángel, de la elegancia de Ángel, de los versos de Ángel, de los silencios de Ángel, del alma de Ángel. Gracias Ángel. Gracias Luis. Si quieren reconciliarse, en esta feria del libro todo a cien, con la literatura, con la poesía, con la novela, con la palabra, con la memoria, si quieren reír mientras lloran, si quieren llorar mientras ríen, si quieren querer que dure más, que no se acabe nunca, que siga hablando Ángel, que siga escribiendo Luis, que no cierren los bares, que jamás amanezca, lean este libro hermoso sabiendo que mañana no será lo que Dios quiera. No se arrepentirán.

Joaquín Sabina
Mañana no será lo que Dios quiera (Luis García Montero)