Sabina vuelve a sus orígenes
Archivado en Documental 19 días y 500 Noches, Gira Sabina y Serrat el 12 de Julio, 2008 | 2 Comentarios »
La relación del cantautor Joaquín Sabina con su ciudad natal, Úbeda (Jaén), no siempre fue amable. Hubo un tiempo en el que el entonces soñador de versos, hijo de un comisario de policía, era considerado un niño rebelde por sus aires revolucionarios, hasta el punto de que llegó incluso a ser detenido por su propio padre.
La Úbeda “en blanco y negro” de mediados del siglo pasado -como la define Sabina- forzó a aquel joven que cantaba las canciones de Víctor Jara al exilio a Londres sin más equipaje que su guitarra y sus letras. Esos orígenes del que hoy está considerado uno de los grandes cantautores españoles quedan ahora reflejados en el documental que ha producido el cineasta holandés Ramón Gieling y que lleva por título Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches.
Pero el documental, presentado la noche del miércoles en el Teatro Ideal Cinema de Úbeda tras su estreno en el Festival Documenta de Madrid, va mucho más allá y retrata el radical cambio de vida del cantautor ubetense después de que en 2001 sufriera una embolia. El cantautor Javier Krahe, el músico Caco Senante, el escritor Benjamín Prado y el torero Alejandro Talavante son algunos de los amigos y conocidos que hablan sobre Sabina. Cada uno cita, además, alguna de las frases célebres del compositor ubetense, entre ellas “yo no pagaría una entrada para verme actuar” o “lo mejor que trajo Colón de América fue el tabaco”.
También el propio cantautor se presta a una larga entrevista y permite que las cámaras le sigan durante su última gira con Joan Manuel Serrat, con parada incluida en Úbeda. En la cinta, Sabina se muestra arrepentido por no haberle agradecido a su padre lo bien que se portó con él durante su juventud. Sabina recuerda que de no haber sido por su padre, hubiera sufrido con mayor virulencia los efectos de la policía del régimen franquista.
La cinta también recorre los orígenes y la relación que el artista ha mantenido con su ciudad natal. Sobre él habla su primo Juan José Gordillo, en la casa de Sabina en Úbeda, recordando los comienzos y avatares de la juventud del artista. “Cuando se exilió a Londres le envié una casete con la canción La mala reputación, de Paco Ibáñez, y la reacción de Joaquín fue pensar que también había otra oveja negra en la familia; a partir de ahí empezó una buena relación entre ambos”, subraya Gordillo. Su primo lamenta el “maltrato institucional” sufrido durante muchos años por Sabina por unos responsables municipales que incluso llegaron a suprimir el Maratón por los Cerros de Úbeda, por el que pasaron de modo altruista Hilario Camacho, Javier Krahe, Suburbano o Luis Pastor.
Además, Gieling -autor también de un documental sobre la vida del futbolista holandés Johan Cruyff- visita la Escuela Municipal de Música Joaquín Sabina de Úbeda, donde los componentes del grupo de cuerda Atalaya interpretan el tema que da nombre al documental. “Es una versión diferente, con guitarras, laúdes y bandurrias”, explica Manuel Martínez, director de la Escuela de Música y del grupo Atalaya.
La proyección del documental fue la antesala de los actos organizados por el Ayuntamiento de Úbeda y la Asociación BSOSpirit dentro del IV Congreso Internacional de Música de Cine Ciudad de Úbeda que, hasta el próximo domingo, vuelve a reunir en la ciudad Patrimonio de la Humanidad a compositores relevantes del panorama nacional e internacional.
Más de 500 participantes de 15 países se dan cita en este evento, que ofrece conferencias, talleres, firmas de discos y otras actividades. Entre los conferenciantes sobresale la presencia de varios nominados a los Oscar como Patrick Doyle y Bruce Brougton.
El País


Cada Navidad nos metemos en algún belén. Y cuando no es Navidad, también. Es nuestra condición, nuestro espíritu, nuestra propensión al lío y el espíritu navideño. Me gusta la Navidad. Es el mejor tiempo para justificar estar fuera de casa. Hay que comer, y beber, con esos extraños que son tus compañeros, cenar con los amigos, estar al lado de los descarriados, invertir en los juegos de azar, comprar regalos, justificar los excesos e invertir en espiritualidad. Un iluminado paganismo con fondo de villancicos y panderetas en la imaginación. El tiempo ideal para los que estamos enganchados al consumo. Horarios abiertos y calles iluminadas. Una mala noche la tiene cualquiera. Yo estoy con todo el bar. Y casi todos están felizmente tocados por algún cava de más. Hay que ser patriotas, aunque sea de hojalata. Hay que ser entrañables, cariñosos y, el que pueda, tan gracioso como Rajoy en estos días entrañables. Seamos positivos. Demos cancha al bobo que llevamos dentro. No nos pongamos solemnes, insultémonos los unos a los otros. Estamos en Navidad. A cada uno según sus villancicos.









