joaquin sabinaLa relación del cantautor Joaquín Sabina con su ciudad natal, Úbeda (Jaén), no siempre fue amable. Hubo un tiempo en el que el entonces soñador de versos, hijo de un comisario de policía, era considerado un niño rebelde por sus aires revolucionarios, hasta el punto de que llegó incluso a ser detenido por su propio padre.

La Úbeda “en blanco y negro” de mediados del siglo pasado -como la define Sabina- forzó a aquel joven que cantaba las canciones de Víctor Jara al exilio a Londres sin más equipaje que su guitarra y sus letras. Esos orígenes del que hoy está considerado uno de los grandes cantautores españoles quedan ahora reflejados en el documental que ha producido el cineasta holandés Ramón Gieling y que lleva por título Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches.

Pero el documental, presentado la noche del miércoles en el Teatro Ideal Cinema de Úbeda tras su estreno en el Festival Documenta de Madrid, va mucho más allá y retrata el radical cambio de vida del cantautor ubetense después de que en 2001 sufriera una embolia. El cantautor Javier Krahe, el músico Caco Senante, el escritor Benjamín Prado y el torero Alejandro Talavante son algunos de los amigos y conocidos que hablan sobre Sabina. Cada uno cita, además, alguna de las frases célebres del compositor ubetense, entre ellas “yo no pagaría una entrada para verme actuar” o “lo mejor que trajo Colón de América fue el tabaco”.

También el propio cantautor se presta a una larga entrevista y permite que las cámaras le sigan durante su última gira con Joan Manuel Serrat, con parada incluida en Úbeda. En la cinta, Sabina se muestra arrepentido por no haberle agradecido a su padre lo bien que se portó con él durante su juventud. Sabina recuerda que de no haber sido por su padre, hubiera sufrido con mayor virulencia los efectos de la policía del régimen franquista.

La cinta también recorre los orígenes y la relación que el artista ha mantenido con su ciudad natal. Sobre él habla su primo Juan José Gordillo, en la casa de Sabina en Úbeda, recordando los comienzos y avatares de la juventud del artista. “Cuando se exilió a Londres le envié una casete con la canción La mala reputación, de Paco Ibáñez, y la reacción de Joaquín fue pensar que también había otra oveja negra en la familia; a partir de ahí empezó una buena relación entre ambos”, subraya Gordillo. Su primo lamenta el “maltrato institucional” sufrido durante muchos años por Sabina por unos responsables municipales que incluso llegaron a suprimir el Maratón por los Cerros de Úbeda, por el que pasaron de modo altruista Hilario Camacho, Javier Krahe, Suburbano o Luis Pastor.

Además, Gieling -autor también de un documental sobre la vida del futbolista holandés Johan Cruyff- visita la Escuela Municipal de Música Joaquín Sabina de Úbeda, donde los componentes del grupo de cuerda Atalaya interpretan el tema que da nombre al documental. “Es una versión diferente, con guitarras, laúdes y bandurrias”, explica Manuel Martínez, director de la Escuela de Música y del grupo Atalaya.

La proyección del documental fue la antesala de los actos organizados por el Ayuntamiento de Úbeda y la Asociación BSOSpirit dentro del IV Congreso Internacional de Música de Cine Ciudad de Úbeda que, hasta el próximo domingo, vuelve a reunir en la ciudad Patrimonio de la Humanidad a compositores relevantes del panorama nacional e internacional.

Más de 500 participantes de 15 países se dan cita en este evento, que ofrece conferencias, talleres, firmas de discos y otras actividades. Entre los conferenciantes sobresale la presencia de varios nominados a los Oscar como Patrick Doyle y Bruce Brougton.

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joaquin sabina

El cineasta holandés Ramón Gieling presentará el próximo miércoles el documental Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches en el Teatro Ideal Cinema de Úbeda (Jaén), una cinta que retrata el cambio de vida radical del cantautor ubetense después de que en 2001 sufriera una embolia. Será la segunda vez que la película sea proyectada en España, después de que participara en el Festival Documenta Madrid.

El cantautor Javier Krahe, el músico Caco Senante, el escritor Benjamín Prado y el torero Alejandro Talavante son algunos de los amigos y conocidos que hablan sobre Sabina, además del propio cantautor, que se presta a una larga entrevista y permite que las cámaras le sigan durante su última gira con Joan Manuel Serrat, según explicó el Ayuntamiento ubetense en un comunicado.

Además, la cinta también recorre los orígenes y la relación que el artista ha mantenido con su ciudad natal. Sobre él habla su primo Juan José Gordillo, en la casa de Sabina en Úbeda, recordando los comienzos y avatares de la juventud del artista. Además, Gieling visita la Escuela Municipal de Música Joaquín Sabina de Úbeda, con el grupo de cuerda Atalaya que interpreta el tema que da nombre al documental.

La proyección de Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches se enmarca dentro de los actos previos organizados por el Ayuntamiento de Úbeda y la Asociación BSOSpirit, que volverá a traer hasta Úbeda a los compositores “más relevantes” del panorama nacional e internacional en el IV Congresos Internacional de Música de Cine Ciudad de Úbeda.

La cita será del 10 al 13 de julio en el Palacio de Congresos Hospital de Santiago y entre los representantes más destacados que harán sonar su música en la ciudad Patrimonio Mundial se encuentran Alberto Iglesias, Roque Baños, Fernando Velázquez, Patrick Doyle, Joel McNeely y John Scott, entre otros.

El País

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Video: Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches

Antes de que una embolia le pusiera el freno, en el 2001, la vida de Joaquín Sabina corría muy deprisa. Famosa es la anécdota sobre las decenas de personas que tenían la llave de su magnífico piso en el barrio madrileño de Tirso de Molina y que, tanto en su presencia como en sus largas ausencias, montaban ahí las fiestas. O, sencillamente, iban a charlar, a tomarse una cerveza o a esnifar y fumar alguna cosita. Después de salir del hospital, recuperado y aleccionado por el susto, Sabina cambió la cerradura.

Un giro radical en su vida que para el cineasta holandés Ramon Gieling fue argumento suficiente para rodar una película intensa y emotiva sobre el cantante y su relación con algunos de los que tenían un juego de llaves de su casa. Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches es el título de la película -el mismo del que para muchos es su mejor disco- y que se estrenará el miércoles en el festival de cine de Rotterdam (Holanda).

“¿Una película? ¿Sobre mí?”, fue la reacción de Sabina cuando Gieling, autor del documental “En un momento dado” sobre Johan Cruyff, se lo propuso. El cantante se dejó convencer, permitió que las cámaras registraran un concierto de su gira con Serrat, dio una larga entrevista y permitió que otros hablaran de él (y no siempre para elogiarlo).

Las conversaciones se grabaron en una réplica del salón del piso de Sabina, reconstruido en un estudio de Madrid como si, años después, esos amigos volviesen a estar en su casa. “Algunos que antes tenían llave se sienten ahora excluidos y decepcionados por Sabina -dice Gieling-. A él le duele oírlo, pero admite que ha cambiado, que se encierra en su casa para escribir canciones y para combatir en soledad las fuertes depresiones que sufre. Y si no está en casa, está de gira”.

El cantautor Javier Krahe, el músico Caco Senante, el escritor Benjamín Prado y el torero Alejandro Talavante son algunos de los huéspedes temporales. Sus palabras y las del propio Sabina se entrelazan con fragmentos de casi todas las canciones de 19 días y 500 noches, además de algunas otras como Y sin embargo y Contigo. El filme empieza y termina con un concierto en Las Ventas que iba a ser el de su despedida pero que, finalmente, no fue el último.

En Holanda, la cinta se estrena en febrero pero en España no tiene distribuidor. Para Gieling, no es un documental sin más, sino un filme con una línea dramática a raíz de un cambio vital. “Me habían dicho que Joaquín era ahora un hombre difícil, pero se parece a Cruyff: es muy grande, pero sigue siendo él mismo y muy cercano”.

Vía | El Periódico de Catalunya

Agradecimientos | Bob

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Javier Krahe y Sabina

Javier Krahe: “Dudo mucho que vuelva a cantar con Sabina” [leer entrevista]

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Javier Krahe en estado puro

Joaquín siempre ha dicho que le parece injusto que él venda más que Javier Krahe, cuando considera a éste un ARTISTA, así, en mayúsculas.

Aquí lo vemos en su documental hablando de temas muy interesantes y amenos, además de verlo cantar con Joaquín Cuervo Ingenuo

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De Rioyo a Sabina

joaquin sabinaCada Navidad nos metemos en algún belén. Y cuando no es Navidad, también. Es nuestra condición, nuestro espíritu, nuestra propensión al lío y el espíritu navideño. Me gusta la Navidad. Es el mejor tiempo para justificar estar fuera de casa. Hay que comer, y beber, con esos extraños que son tus compañeros, cenar con los amigos, estar al lado de los descarriados, invertir en los juegos de azar, comprar regalos, justificar los excesos e invertir en espiritualidad. Un iluminado paganismo con fondo de villancicos y panderetas en la imaginación. El tiempo ideal para los que estamos enganchados al consumo. Horarios abiertos y calles iluminadas. Una mala noche la tiene cualquiera. Yo estoy con todo el bar. Y casi todos están felizmente tocados por algún cava de más. Hay que ser patriotas, aunque sea de hojalata. Hay que ser entrañables, cariñosos y, el que pueda, tan gracioso como Rajoy en estos días entrañables. Seamos positivos. Demos cancha al bobo que llevamos dentro. No nos pongamos solemnes, insultémonos los unos a los otros. Estamos en Navidad. A cada uno según sus villancicos.

No nos tocó el gordo pero nos cantó el flaco Joaquín Sabina. A cada uno según sus villancicos. Nuestras canciones de Navidad tienen letra de Sabina, vienen de una república con muchas nocturnidades, fuman traicionando los consejos de la sanidad, se consumen como hielos en vaso de güisqui, renace como su primera biografía -un guadiana que vino de Júcar-, se ordena como un soneto y se arruga como un concierto en Gijón. Renace Sabina, después de haberse suicidado varias veces; está pletórico de mala salud, herméticamente abierto, generoso con sus ronquidos, rodante como un rolling stones.

Sus canciones de Navidad, las de alivio de sus lutos, las de sus alegres melancolías, los himnos de ayer, los amores de hoy, se encontraron felices entre su público aplaudidor, entre sus semejantes con canas y las niñas que siguen sin querer ser princesas, están como aquel coñac, están como nunca.

Se le nota feliz
, sabe, como Houellebecq, que la vida comienza a los cincuenta, con la salvedad de que termina en los cuarenta. Con sus pasados cincuenta, instalado en su renacimiento, más poeta sin que le quiten lo cantado, rojo que lleva sombrero -para poder quitárselo ante sus aplaudidores, en un escenario de marinos litorales, de faroles portuarios, con un toque de Emilio el Moro pasado por Chavela Vargas y que vuelve a conquistar su plaza más querida-. Se mantiene en el mejor estilo del regreso de Antoñete a Las Ventas. Toreo valiente como Curro, conquistando los tendidos desde que hace el paseíllo, como Rafael de Paula. Atlético y escuchimizado, vallejiano sin muertes parisinas, simpático ladrón de versos, caballero y Bonald, García y Prado, memorioso funes de los muslos de sus niñas de antaño, enamorado de sus hijas, jugador de billar, casero, familiar, navideño capaz de armar el belén, generoso de tragos, metafísico porque no come, quijotesco que se pasa las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio. Amigo de poetas, follones, malandrines y de tantas chicas sin flor. Sabineando la ciudad, contento como un burro de Lucena con cinco patas, fugándose de Mágina al mundo, con parada y fonda abierta en Tirso de Molina.

Joaquín Sabina, hijo de máter España, amigo de los González de Oviedo, maestro de espantadas asturianas, visitante de Gijón, el café en que lo cortés no quita lo cobarde. Cerrado sin sacristías, coleccionista de ángeles, compadre de Gabo, amigo del Nano, alumno del Krahe, liberado de cirrosis y de sobredosis, melibeo o jimeno, cantamañanas de nocturnidades, espíritu poco santo, nada solemne y un poco bobo, como todos, como casi todos.

Sabina no canta, ni baila. No se lo pierdan. Detrás del humo esconde el mejor fuego de una tribu a la que nos gustaría pertenecer. Sabina, el mejor de los cantantes navideños. Ponga sus villancicos, son el mejor alivio de cualquier luto.Y beben mejor que los peces.

Javier Rioyo
El País

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