Joaquín Sabina: “El rap es poesía de analfabeto y para analfabeto que habla fundamentalmente de quién la tiene más larga”

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Palabras de Joaquín Sabina

“Estamos hartos de que la gente diga que es estupendo envejecer. Váyase usted a la mierda. ¿Quién quiere ser viejo? Nadie”

Joaquín Sabina

¿Qué le parece la música de hoy? No sé si soy una voz autorizada porque oigo poca música y no estoy al tanto. Y a veces, como todos los viejos, reacciono contra lo nuevo. Me decepcionó mucho el rap, que se ha ido convirtiendo con los años en poesía de analfabeto y para analfabeto que habla fundamentalmente de quién la tiene más larga. Ahora pones la radio y es un desastre su maléfica influencia. Cualquiera cree que puede rimar y versificar.

¿Y los cambios en la industria? Ya no hay que hacer ese peregrinaje terrible por las discográficas para que te publiquen; en tu casa, con muy pocos aparatos, puedes hacer unos discos cojonudos y mandarlos a Internet. Eso me parece una gran noticia. Lo que ocurre es que son medios demasiado potentes para la falta de talento individual que uno ve. Pero supongo que eso ha pasado siempre. En cualquier caso, soy un tipo que no es que no tenga Internet. No tengo ni teléfono. Soy una especie de hombre de las cavernas. No sé lo que son las redes sociales. Creo además que, si hay algo importante, acaba saliendo en la prensa. Es la única costumbre que tengo: paso dos horas diarias con la prensa.

¿A qué dedica su tiempo? Estos días estoy calentándome la cabeza para… como me he puesto un lugar (ha reformado un apartamento en el mismo edificio) solo para trabajar y no oír cosas domésticas ni nada, pues estoy mentalizándome para empezar este lunes.

¿Siempre empieza un lunes? Funciono así. Nunca he sido de costumbres, sino de rachas. Puedo pasar un par de años sin subirme al escenario y sin echarlo de menos. A mí me sacude más la necesidad de escribir. Y lo que hago todos los días: leo siempre un par de horas. Incluso más en las giras, porque, como mi voz está como está, entre concierto y concierto estoy mudo. Mudo quiere decir mudo. Sin hablar. Entonces, ¿qué hago para no pegarme un tiro? Leer. Me entero bien de la política de los sitios donde estoy, leo las últimas novedades, a los poetas viejos que aún no había conseguido. La borrachera del último día se la puede imaginar.

Me ha recordado su último concierto en Madrid. Abandonó el escenario porque se quedó sin voz. Yo sabía que estaba engañando a la gente que había pagado y que me estaba viendo en unas condiciones que no se merecían. No puedo hacer eso. No lo pude hacer nunca. Por eso esa maldita leyenda de que lo he hecho más de una vez. Lo he hecho más de una vez, pero mi primo y maestro Serrat este año lo ha hecho varias veces y no ha salido ni en la prensa: suspendo porque estoy afónico y ya está.

¿Le fastidia que salga en la prensa? Me fastidia la leyenda, porque no he sido tan informal. Este año, por ejemplo, he dado 80 conciertos en 12 países. Me jodió mucho que el gatillazo fuera justo en Madrid. Siempre me pasa.

¿Por qué? Supongo que me agarrota el nervio y eso influye. Y con los años, y eso te lo dirán todos, no es cosa mía, es mucho peor. De joven no eres consciente de que tienes una responsabilidad con el público, y eso funciona muy bien. Pero cuando vas sabiendo que han salido de su casa, se han gastado un dinero que no tienen en comprar una entrada que es cara y han ido y te aman… Buf, es mucho más jodido.

Antes de suspender, dijo desde el escenario: “Envejecer es una puta mierda”. Estamos hartos de que la gente diga que es estupendo envejecer. Váyase usted a la mierda. ¿Quién quiere ser viejo? Nadie.

19 días y 500 noches. Al acabar el disco me quité de la coca. Un día en Marrakech dije: “Se acabó”. Y se acabó. Pero en 19 días… me estaba tres días sin dormir con un verso. Siempre digo que no sirvo de ejemplo a las madres de los drogadictos, porque dije hasta aquí y no tuve ni que internarme. Además, soy monógamo, pero no fundamentalista: si después de una gira un pipa me invita, me tomo una raya sin problemas. Eso sucede no más de tres o cuatro veces al año. No me he vuelto antinada. Creo que la coca que tomábamos en esa época era cal de las paredes, porque algún día me la tomé en Colombia y me dio vuelta la cabeza, cosa que no pasó aquí. El otro día me contó un amigo, otro cantante que solía estar por aquí cuando medio Madrid tenía las llaves de mi casa, que un día vino el cobrador del frac. Me lo demostró con pruebas. No me acuerdo en absoluto; no me acuerdo de novias de esa época.

Habla de Atahualpa. ¿Quiénes han sido sus influencias? Si quiere saber mis santos: Dylan y Cohen, en el lado del anglosajón; como intérprete, Billie Holiday; en el lado francés, Brassens; en el español, José Alfredo Jiménez y Goyeneche, un cantante de tangos; el más grande: Serrat; le tengo enorme respeto a Paco Ibáñez, que nos dio a conocer la mejor poesía española con voz de cabra. Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Juan Luis Guerra, que puso a bailar a las gordas europeas que no sabían que tenían caderas. Y el panameño de la salsa, Rubén Blades. En Argentina, 30 años después del tango, Charly García. Pero escucharía a Dylan, a Brassens y a Cohen toda la vida. No encuentro al Dylan ni al Cohen actual de 20 años.

Habrá alguien de hoy. Me interesan Leyva y Vanesa Martín, a quienes he conocido aquí tocando la guitarra y cantando. Y están pasando cosas en el flamenco, desde Rosalía hasta Poveda. Ah, y un cantante amigo mío, al que me traje de Uruguay, Jorge Drexler. Del indie me gusta Vetusta Morla, aunque sus letras siguen siendo muy oscuras.

Hay bastante de América Latina. ¿Qué se trae cuando regresa de allí? El corazón inflamado. Allí se ha construido una especie de culto. No me gusta la palabra, pero pasa. Y, claro, para un tipo que lo único que quiere es comunicarse con la gente en su idioma, pues da muchísimo gusto. Un tipo, cuidado, que tiene 70 años ya.

¿No son 69? Celebré los 70 el otro día. Porque José Tomás, mi amigo el torero, está tan enamorado como yo de José Alfredo y se trajo el mejor mariachi de México. Me lo regaló e invité a todos mis amigos aquí en Casa Patas. Por si no llegaba a mi cumpleaños, dije: voy a aprovechar este mariachi. 

Entrevista en El País

Joaquín Sabina: “No tengo teléfono móvil, no sé conducir, soy un desastre total”

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Ha alargado un poco más la gira de ‘Lo niego todo’ en España a su vuelta de Sudamérica. ¿Le ha sabido a poco?

No. Lo que ocurre es que en sitios como Granada o Barcelona había dejado de actuar por enfermedad, y ya que íbamos a dar la cara en esos lugares pensé que había otros en los que no había tocado y me apetecía mucho. Y uno de ellos era Córdoba.

El paso del tiempo es el eje central de este disco. ¿De verdad cree que acabará, como dice en una de sus canciones, «como una puta vieja cuidando sus gatos»?
Creo que ya estoy así. Tengo seis gatos. El disco es una especie de meditación sobre la vejez, pero yo al espejo siempre le saco la lengua. Es decir, para burlarse de los demás hay que empezar burlándose de uno mismo.

Pero dicen que nadie envejece si tiene un corazón joven.
El mío está muy joven, y físicamente tampoco me encuentro nada mal, lo que ocurre es que uno no puede mentirle a su gente y fingir que es un rockerito de 25 años. Yo soy un rockerazo de 69 años.

En este disco se nos vuelve un buen chico negando casi todos los estereotipos con los que siempre se le ha asociado y de los que casi ha alardeado. ¿Se arrepiente de algo?
Todos esos estereotipos son más bien periodísticos. Yo no hubiera dicho jamás una cursilada como «el juglar del asfalto» y cosas así. Pero todo eso creo que es una caricatura muy excesiva, y en lo único que yo colaboré fue en que no me escondí nunca. Y es verdad que vivía de noche e iba de tugurio en tugurio. Pero nada más. Si yo hubiera llevado esa vida que las caricaturas dicen, sería imposible que hubiera escrito 400 canciones o que estuviera vivo con 69 tacos.

¿Ha cambiado la noche por el día?
No, pero como en los bares no es muy cómodo estar por las que cosas que pasan con la gente, pues he puesto un bar en mi casa y aquí vienen mis amigos.

Hacía mucho tiempo que no componía nuevas canciones. ¿Leiva ha sido el empujón que necesitaba? ¿Cómo ha sido trabajar con él, ansiaba su juventud?
Leiva fue un regalo de los dioses. Un día me escribió una carta diciéndome que, después de verme en un concierto en Madrid, no quería morirse sin producirme un disco. Yo estaba en un momento de seca, que dicen los escritores, no tenía muchas ganas de ponerme a escribir canciones. Entonces lo llamé y, a pesar de que él tenía su disco recién salido y estaba en plena promoción, se vino a Rota conmigo y pasamos 20 o 25 días escribiendo con una intensidad como yo no recordaba, al menos, desde 19 días y 500 noches.

Además de a Leiva, ¿a quién respeta en el panorama musical actual?
De los vivos, sigo respetando mucho a Bob Dylan, y los demás, mucho me temo que se han ido muriendo. Lo malo de tener esta edad es que se te va muriendo la gente. Este año se me han ido Javier Krahe y Leonard Cohen, nada menos. Sigo oyendo mucho a Tom Petty, que también se nos ha muerto este año. Es un desastre cómo la agenda se te va quedando vacía.

Y respecto a la música española, ¿cree que tiene calidad?
No lo sé. No escucho mucha música. No tengo redes sociales, no tengo teléfono móvil, no sé conducir. Soy un desastre total. Además, el último año lo hemos pasado totalmente de gira y en las giras llevo un libro, no me pongo a escuchar discos.

Cuando mira hacia atrás y repasa sus discos, ¿tiene la sensación de que ahora haría algunas cosas de otro modo? ¿Ve la vida, con el paso de los años, de forma diferente?
Prescindiendo del primer disco, que se llama Inventario -y que ojalá no lo tengas, pero te lo compro para quemarlo-, de todos los demás estoy bastante conforme. Escribo muchas más canciones de las que edito, porque tiro muchísimo a la basura. Solo publico lo que va a hacer que no le de vergüenza a mis amigos oírlo.

¿Cuál ha sido la mayor locura que ha hecho?
Eso no te lo voy a contar.

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Joaquín Sabina y Jorge Guinzburg

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“Desde el principio Jorge Guinzburg me apoyó invitándome generosamente a sus variados programas de televisión, abriéndome su casa y haciéndome el incomparable regalo de su humor, su cultura y su inteligencia. Como todos los sabios, empezaba por reírse de sí mismo, para ya luego reírse de todo lo divino y lo humano. Era un lujo estar con él. Tanto que desde que se fue, hace ya diez años, falta algo muy importante en mi Buenos Aires querido: su compañía, su hospitalidad y su ejemplo. Porque charlar con él, o ir a alguno de sus programas o cenar en su casa era una auténtica fiesta, una de las mejores maneras porteñas de ser feliz. Para mí el Petiso fue, y sigue siendo hoy, insustituible”

Diez años después del adiós Jorge Guinzburg… y su amigo Joaquín Sabina se sigue acordando de él como si fuera ayer.

Joaquín Sabina: “Nos gustaba mucho ocupar plazas, la alegría y el follisqueo”

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Las palabras de Joaquín Sabina

“Compartía con mis amigos la ocupación de las plazas públicas, la alegría y el follisqueo”

“Tuve la suerte de no vivir los últimos años de la dictadura en España”

“No se puede aburrir al público ni se le puede dar moralina”

“En mi generación, queríamos demostrar que se podía hacer rock & roll en español”

“La música de Joaquín Sabina está en la educación sentimental de la gente, y es poesía”, dice el genio y amigo del alma Luis García Montero. “Es tardío, pero está llegando al final del camino mejor que nadie. Acumula más talento que nadie, más talento que ninguno de nosotros que somos de su misma época”, dice Víctor Manuel. Podemos ver a Labordeta, a Krahe, muchos fragmentos de los comienzos, de La Mandrágora, en un reportaje de Televisión Española, “Ochéntame”. No te pierdas los vídeos…

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Joaquín Sabina y Antonio Banderas

“Joaquín Sabina me pagaba muchísimo más de lo que me tenía que pagar por ir con él con el grupo y cantar, iba en los coros. Canté con él en Rockola, canté con él en los comedores universitarios de Madrid. Le hacía una presentación muy teatral con una chistera y vestido de frac y después me ponía en el coro y cantaba con él. Me podía haber pagado mil, por ejemplo, no sé, pero él me pagaba 15. Lo multiplicaba porque… porque me ayudó, porque simplemente es bueno, es una buena persona, y me veía muy cortito. El hombre sin yo pedírselo él lo hacía y eso nunca dejaré de agradecérselo”

Antonio Banderas

Los medios de comunicación hoy recogen cómo ayer en televisión, en un programa que se estrenaba y que llevaba al actor Antonio Banderas para homenajearle, y hablar su carrera y éxito, en una de las fotografías que dieron al actor de infancia, adolescencia y comienzos fue la de un momento compartido en el escenario con Joaquín Sabina, hace muchos muchos años. “Somos amigos desde antes de triunfar. Él me ayudó muchísimo en mis inicios en Madrid”, dijo un emocionado Antonio Banderas.

“A José Antonio, magnífico actor y mejor amigo, en recuerdo de un mes de mar, porros y vino. Amigos ya para siempre”

Joaquín Sabina

Detrás de la foto se podía leer la dedicatoria… “A José Antonio, no Primo de Rivera, afortunadamente, magnífico actor y mejor amigo, en recuerdo de un mes de mar, porros y vino. Amigos ya para siempre”, y el actor leyó en televisión todo menos lo de los porros y el vino… porque así lo prefirió. A partir de esto, algunos medios de comunicación titulan “Antonio Banderas censura a Joaquín Sabina”. Hay que tener la cara muy dura… pero así son algunos medios de comunicación, pero al fin y al cabo la amistad real es lo que importa, y no lo que titulen los periódicos. “Nosotros trabajábamos en un grupo de teatro, y nos hicimos muy amigos. Cantaba en alguna de nuestras funciones y es verdad que pasamos una época muy bonita. Cuando me vine a Madrid, Joaquín Sabina fue una de las personas que más me ayudó. Ha escrito cosas muy verdaderas, muy punzantes. Es un tío muy ingenioso, muy divertido, muy culto, lo quiero mucho”, terminó relatando, emocionado, Antonio Banderas, sobre Joaquín Sabina.

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Joaquín Sabina, palabras a la memoria de Javier Krahe

“Tenía un exquisito humor, pero casi más amor a las rimas, a las metáforas, de las que era maestro, a la palabra perfectamente buscada y siempre imprevista. No ha habido nadie como Javier Krahe en castellano. Si él hubiera vivido lo que acaba de suceder en Estados Unidos hubiera hecho los mejores chistes del mundo de Trump, aunque a lo mejor para provocar habría dicho que era partidario de él”

Joaquín Sabina

Joaquín Sabina no se cansa ni se cansará jamás de hablar de hablar de su amigo Javier Krahe, en paz descanse. “Fumaba tanto como yo, bebía tanto como yo, pero siempre lo vi feliz. Era un tipo tan delgado que cuando empezamos la gira me daba miedo que no la aguantara. Nunca le vi dar un salto o correr. Había ido al médico y se había quitado de fumar y como era tan chulito decía que no le había costado. Yo daría cualquier cosa por dejarlo pero no puedo”. “Él pensaba que iba a vivir 200 años. Era muy disfrutón, se quería muchísimo a sí mismo. Dentro del horror de que se fuera tan temprano, tuvo una vida muy dulce”. No te olvides de acordarte, pronto hay un concierto especial de Madrid

Hasta siempre, Leonard Cohen

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Es muy complicado que podamos describir o resumir qué significa Leonard Cohen para Joaquín Sabina, aunque él se ha encargado prácticamente en cada entrevista de dejar claro que Leonard Cohen es una de sus mayores influencias, uno de los músicos y poetas más legendarios de todos los tiempos. Él ha situado junto con Bob Dylan en el olimpo de sus máximas referencias. “Es un ejemplo de hacer canciones y de hombre que ha sabido envejecer con dignidad”. Visita la etiqueta Leonard Cohen para encontrar todas las referencias a él. Descanse en paz.

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Cómo escribir una canción

“Se escribe peleando cada verso, cada coma, cada rima, siendo capaz de estar hasta las seis de la mañana buscando una palabra. Esto es bonito, ver como una persona como Joaquín no ha querido dar un paso hacia un sitio en el que ya hubiera estado. No creo que mucha gente pueda poner tanta fe en la poesía como él”

Benjamín Prado

Benjamín Prado, gran poeta y mejor amigo de Joaquín Sabina que está ayudando en las letras del nuevo disco que cada día está más cerca, “Lo niego todo”

Ánimo y salud, Aute

“Desde el pasado 8 de agosto, Luis Eduardo Aute se encuentra ingresado en el Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, tras sufrir un infarto. Tuvo que ser operado de urgencia e ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos tras ofrecer un concierto. Desde entonces, lo único que ha trascendido oficialmente acerca de su salud es que permanece estable, actualmente está en coma con sus constantes vitales invariables”

La revista EFE EME suele dar exclusivas muy buenas pero en este caso, estamos seguros que es del tipo de noticia más dura que pueden publicar. Amigo de Joaquín Sabina y maestro de la música, sólo podemos desear la mejoría, por favor, a Luis Eduardo Aute.

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