Pongamos que hablo de Nueva York

joaquin sabina, nueva york, 2011, concierto

(Cántese con la rancia y madrileña melodía)

Como un juglar en horas de oficina
que administra una mina de alcanfor
esquivo el desamor y la ruina
por las cantinas de New York.

Hierve la hoguera de las vanidades,
Park Avenue es un ático del Bronx
y un laberinto de las soledades
el Chelsea Hotel antes sweet home.

Escalera de incendios clandestina,
Empire State huérfano de King Kong,
no cierra nunca el antro de la esquina,
ni la rutina de NewYork.

Murió de sida el sueño americano,
el deep South puritano lo enterró,
Obama en zona cero es un marciano,
un Zapatero de New York.

Puente de Brooklyn, corazón en celo,
Clark Kent no es Jesucristo redentor,
ni Superman un flan y un crecepelo,
ni Madonna mi fan, oiga doctor.

Okupan Wall Street los indignados
inspirados por la Puerta del Sol,
la chupa de la fama es un pecado
y un crucigrama Nueva York.
Un enjambre de taxis amarillos
con De Niro al volante y el sudor
abjura del sopor y del ladrillo
como un pardillo en Nueva York.

Cuando se pone el sol se abre la veda,
Gadafi era un profeta precursor
del aviador suicida de Al Qaeda
que hurga en la herida de New York.

Jota Efe Ka parece Fiumicino,
Corleone y Soprano un culebrón
de Coppola, Scorsese y Al Pacino,
del barrio chino de New York.

Sobran gusanos en la gran manzana
para rizar un rizo embaucador,
los príncipes azules salen ranas
en el mestizo Nueva York.

Prófugo del infarto y del perico
por suerte un pico siempre me asustó,
qué raro que me llame Federico,
dijo un poeta en Nueva York.

Una respuesta a “Pongamos que hablo de Nueva York”

  1. De diversas maneras de borrachos

    Después de la borrachera de Sabina y Calderón, muchos mexicanos amanecimos crudos y con náuseas, pero con una nueva definición de ingenuo: pobre pendejo que se prostituye.

    Jesusa y Liliana

    Periodico la Jornada
    Abril, 2010.

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