Adiós, Ángel
Ha fallecido Ángel González , uno de los mejores poetas que jamás hayamos leído, y además, gran amigo de Joaquín Sabina al que ayudó mucho en momentos en los que necesitaba. Una pérdida terrible.
Descansa en paz, Ángel.
Carillón de pie quebrado

San Silvestre y un
bizcocho,
cotillón de nochevieja
desabrido.
Dos mil siete, dos mil ocho,
tocomocho, puta vieja
sin marido.
Reyes magos, cabalgata
que engatusa a la afición
con caramelos,
con meninas de hojalata,
con buñuelos de neón,
con crecepelos.
Fijosdalgos, menestrales,
en limusina o en moto
de tiovivo,
erecciones generales,
me pido el centro del voto
decisivo.
Los vascos, los catalanes
que devoran al Saturno
monclovita
se empachan de
mazapanes
si el desgobierno de turno
los invita.
Malaya las dos Españas,
las de la veda y el coto
con bromuro,
como si Franco y Azaña
compitieran por la foto
del futuro.
La gente que se entrevera,
que confunde a Zapatero
con Zaplana,
abusa de las banderas
desde la cuesta de enero
del mañana.
Poema: Carillón de pie quebrado
Año: 2008, Interviú
Letra: Joaquín Sabina
Dos sonetos limeños

I]
El verbo se hizo carne en hueso ajeno,
relájate, cabrón, ríndete un poco,
cuéntame que tal vez, vuélveme loco,
sírvete un pisco castamente obsceno.
Me endemonio, me enquisto, me gangreno,
me exhibo tanto cuando me equivoco
que el zumo del ayer me sabe a poco
y el de mañana me desgana el freno.
Varado en el Perú mato y escribo
insomne, goliardesco, desahuciado,
sin acusar acuses de recibo.
Inmune al aguijón del agraviado,
ni Juan Lanas ni Boss ni casto divo,
cautivo de un vivir tan de prestado.
II]
El Country Club sin Bryce y sin Alfredos
portandísimos pésimos conmigo
multiplica la ausencia del amigo
que ve tan doble como mis quevedos.
Chabuco de los húmeros malquedos
que ponen a Vallejo por testigo,
del huaino de las quenas del ombligo,
de mis amaneceres, de tus miedos.
Le falta sal a Lima cuando bajo
al bar y no me esperas en tu silla
y el cielo es una mancha del carajo
y el corazón en solfa bastardilla
y dos pájaros tristes sin trabajo
y un manco de Lepanto en cada orilla.
Poema: Dos sonetos limeños
Año: 2007, Interviú
Letra: Joaquín Sabina
Nuevo Foro

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Feliz año a todos.
Pablo Garcés
Creador & Webmaster
A vuelta de Correo

Ha tardado ocho años en “pergeñarlo” y en las 400 páginas a las que finalmente se ha tenido que sujetar, menos de la mitad de las que él quería, Joaquín Sabina desvela cómo “se la chupan en verso, codo a codo, a un servidor -él- que fellatió primero” más de 40 amigos poetas, cantantes y escritores.
“A vuelta de Correo” (Visor), que se inicia, “para que se sepa de qué polvos proceden estos lodos”, con la carta en verso que su padre le envió a la “mili”, alberga misivas, fotografías y dibujos pero, sobre todo, poemas escritos por o para “todos los que son” aunque haya bastantes que “son pero que nunca están”.
“No faltan Iscariotes disidentes, marciales epigramos, caraculo, dedo y labio, doctor, uñas y dientes, analfabetos nietos de Catulo”, es decir amigos de Joaquín Martínez Sabina que a lo largo de su vida se han intercambiado “ripios” de admiración y devoción pero también de “cabreo”.
Advierte que, aunque “ladren críticos” y “bramen talibanes”, su última creación “no es más que lo que es, ojo, ni menos” y confiesa que, sobre todo, ha sido muy “divertido” hacerlo.
El editor del libro, Chus Visor, al que Sabina dedica el último capítulo describiéndolo como “capaz de abrazar a traición a su enemigo”, revela en declaraciones a Efe que “A vuelta de correo”, que a diferencia de textos de similar envergadura es “barato” porque “solo” cuesta 30 euros, iba a ser “el doble en todos los sentidos” pero que se han quitado decenas de fotos y dibujos “para dejarlo en unas dimensiones abordables”.
El libro lo abre el recuerdo de Rafael Alberti, el poeta favorito de Sabina, según rememora en el libro Benjamín Prado, que fue quien les puso en contacto.
Antes de llegar a las lecturas conjuntas de poemas que Alberti y Sabina hicieron en 1986 y 1987, el poeta gaditano se torturaba ante Prado con la idea de que Sabina, como todos los “cantahistorias”, apareciera con su guitarra y le hiciera sombra. “Ya verás, ya. Yo no se ni para qué voy, la verdad”, refunfuñaba.
En la lectura, ni Sabina sacaba una guitarra ni nadie era capaz de competir con el talento y la magia de Alberti y el auditorio “caía a sus pies”. Al final, ya relajado, se acercaba al cantante y le preguntaba con su voz más candorosa, “hombre, ¿y por qué no te has traído una guitarra?. Yo creo que habría estado muy bien…”.
Con José Hierro, protagonista de “dos sonetos apócrifos, uno agónico y dos dibujos”, inició una “pelea” por alabarse mutuamente en inspirados sonetos, que Sabina “ganó” porque el poeta falleció cuatro días después de que el cantante le enviara su réplica.
“Es cojonudo!…gracias”, fue lo que acertó a decir cuando su yerno, Manolo Romero, se lo leyó en la habitación del hospital donde agonizaba.
“¿Enemigos? de acuerdo, pero íntimos”, ese es el resumen que hace Sabina de su relación con el músico Fito Paéz, con quien tuvo un “desencuentro” a cuenta del disco, el vídeo y la “tournee” que preparaban con “La vida moderna”, de 1998.
Paéz “había empezado” enviándole una carta para “acabar con este melodrama de chilindrinas menopáusicas mareadas”, organizado, al parecer, por decisiones en las que intervenían la discográfica y la productora en las que Sabina vislumbraba deseos de “domesticación”.
Sabina le contestó en verso, “para que lo irremediable diciéndolo se perfume con emoción de compadre”, reconociendo que no tenía caso amargarse “estando más tiempo juntos de lo deseable”.
Visor ha editado al mismo tiempo que “A vuelta de correo” la “agenda Joaquín Sabina”, un dietario que incluye letras de sus canciones, y “sentencias” suyas y de otros poetas y escritores.
EFE












