Que no me salga nunca más una palabra
por ciega y tonta que esta sea,
si no me coso para verle
los parpados al alma…
que me mate mi difunto Julito
si no cumplo al menos
la mitad de mi promesa,
callarme y dejar cantar al testigo
el poema de las mesas medio llenas,
la sangre en la copa de vino
y el cumpleaños número 28
de aquellos ojos tristes
color verde marihuana;
no desista usted de cobrarnos
señor Sabina Los aplausos
que aun debemos
los fugitivos del respeto,
no permita a la poesía
nos abandone faltos del abrigo
a mitad de la calle
en donde duermen
los huérfanos de besos,
“se canta lo que se pierde”
y tanto más
que apenas nos consuela
“una canción desesperada”,
por eso
y por qué no sabría pedirle menos,
no se nos muera nunca,
-por favor nunca se vaya-,
pues a falta de alguien
que tenga los zapatos de su talla
¿Quién le morderá a las musas las orejas?
¿Quién cobrara el alquiler
a esos sueños que ya no sueñan nada?
después de todo es mentira
que la verdad sea una historia mal contada,
mejor que yo ya usted sabrá
que es preferible andar sin mapas el camino
y ofertar el manual de las consabidas trampas,
siga así con su bombín valiente
navegando el mar de dudas
y venga siempre que haga falta
a esta costera Mexicana,
que si la justicia es justa
y habiéndose dormido la luna en la mañana,
en la “calle melancolía” cada casa
llevara el número siete,
así que, dude pues también de mí
y de este exabrupto post adolecente,
pero no piense que exagero
si le cuento que usted
a ella y a este que soy
(aunque esta vez por separado)
nos acompaña en el inicio
en el final…y el “hasta siempre”..
Omar Alej.