Archivo de 'Letras'

Cuando me hablan del destino

Dimelo en la Calle

Yo era un capo en el ambiente,
derrochaba adrenalina,
me presentaba en Corrientes,
tenía palco en el Colón,
manejaba un convertible,
no escatimaba propinas,
las quimeras imposibles
de otros eran mi rutina,
no había nacido la mina
que me dijera que no.

Pero pucha, un un veintinueve
de aquel febrero bisiesto
me vi pernoctando un jueves
en un banco de estación,
sin más ajuar que lo puesto,
ni credit card, ni cobija.
Las ratas que huían del barco
del retrato de mis hijas
me afanaron hasta el marco
creyendo que era art decó.

Las coristas y las farras
se esfumaron con la guita,
los muchachos de la barra
no me echaron ni un piolín;
Charly no tuvo un detalle
ni Fito un “¿qué necesitas?”
cuando, al cabo de la calle,
rompí mi caricatura,
ni el camión de la basura
tuvo un jergón para mí.

Disqué el movicón amado
de una gatita de angora,
“no moleste a la señora”,
contestó el contestador.
Y aprendí que estar quebrado
no es el infierno del Dante,
ni un currículo brillante
la lámpara de Aladino,
cuando me hablan del destino
cambio de conversación.

Espejismos rosicleres
ya no me fruncen el ceño,
ni me cobran alquileres
las mujeres que olvidé,
bajo el sol que me apuñala
vivo sin patria ni dueño,
como el aire lo regalan
y el alma nunca la empeño
con las sobras de mis sueños
me sobra para comer.

¿De qué voy a lamentarme?,
bulle la sangre en mis venas,
cada día al despertarme
me gusta resucitar,
a quien quiera acompañarme
le cambio versos por penas,
bajo los puentes del Sena
de los que pierden el norte
se duerme sin pasaporte
y está mal visto llorar.

Título: Cuando me hablan del destino
Año: 2002
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina, Antonio García de Diego y Pancho Varona
Disco: Dímelo en la Calle (2002)

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Ya eyaculé

Dimelo en la Calle

Vístete de putita, corazón,
vuélveme loco.
Ponte esas braguitas de nylón
y luego te las quitas poco a poco.
No me tengas a dieta,
me queda una chinita para un peta
y un disco de boleros
para jugar contigo,
a menos de una cuarta de tu ombligo,
a mancharte de tarta los ligueros.

Ya, ya, ya eyaculé
(¿ya?),
ya, ya, ya eyaculé.

¡Ay, negra,
si tú sipiera!
Anoche te vi pasar
y no quise que me viera.
A él tú le hará como a mí,
que cuando no tuve plata
te corrite de bachata,
sin acordarte de mí.

Sóngoro cosongo,
songo bé.

Vístete de enfermera, corazón,
que estoy malito.
Juégate un polvo al trivial del amor,
me llevas de ventaja dos quesitos.
No hace falta permiso
para rodar desnudos por el piso,
como dos sordomudos,
sin otro paraíso
que el que mi lengua invoca
a las puertas del cielo de tu boca.

Ya, ya, ya eyaculé
(¿ya?),
ya, ya, ya eyaculé.

Mamatomba,
serembe cuserembá.

El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.

Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!

Porque, comadre, los duelos
son menos duelos con risas
y los ardores con visa
y los licores con hielo
y el corazón a deshora
y las uñas en la cara,
me lo dijo una señora,
disfrazada de cualquiera,
que quiso que la besara
como si no la quisiera.

Ya, ya, ya eyaculé
(¿ya?),
ya, ya, ya eyaculé.

Título: Ya eyaculé
Año: 2002
Letra: Joaquín Sabina
Música: Antonio García de Diego y Pancho Varona
Disco: Dímelo en la Calle (2002)

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Yo también sé jugarme la boca

Dimelo en la Calle

Era el pez con mejores caderas
del mar de la moda,
se dejaba achuchar por cualquiera
(incluyéndome a mí),
sus palabras decían de memoria
lo que dicen todas,
sus pupilas contaban historias
para no dormir.

Yo era el último mono, un innoble
mirón solitario,
en las bodas algún pasodoble,
de suelto… ni hablar.
El perfume tabú de Chanel
y el cubata de Larios
no acostumbran buscarse un motel
cuando cierran el bar.

Porque siempre hubo clases y yo
soy el hombre invisible
que una noche soñó un imposible
parecido al amor.

Porque el mundo es injusto, chaval,
pero si me provocan
yo también sé jugarme la boca,
yo también sé besar.

Compartimos la misma toalla,
distintos sudores,
todavía quedan islas con playas
color azafrán.
Fui su medio limón, su chéri,
su peor latin lover,
su lección de español, su desliz,
su comme ci, su comme ça.

Pero un día retiraron las mesas
y… hasta otro verano.
Las mejores promesas son esas
que no hay que cumplir
y… “viajeros al tren, que nos va-
mos”, me dijo un milano,
“flaco, pórtate bien, au revoir,
buena suerte en París”.

Porque siempre hubo clases y yo
no doy bien de marido.
Otra vez a perder un partido,
sin tocar el balón.

Porque el mundo es injusto, chaval,
pero si me provocan
yo también sé jugarme la boca,
qué te voy a contar.

Título: Yo también sé jugarme la boca
Año: 2002
Letra: Joaquín Sabina
Música: Caco Senante
Disco: Dímelo en la Calle (2002)

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Lágrimas de plástico azul

Dimelo en la Calle

Por las aceras de la madrugada
baila con las porteras su milonga al sol,
con las ojeras que le sobran a tus ojos, corazón,
un día después de lo que el viento se llevó.

Las secretarias de las oficinas
desayunan en la esquina un tentempié
y cuando bajan de la luna al disco duro de roer,
con el sueño del revés y un futuro sin mañana, lloran

Lágrimas de plástico azul rodando por la escalera,
tribus de los mares del sur al oeste de la frontera,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
náufragos en la catedral, telarañas acostumbradas
a hacer noche en el cristal.

Los cirujanos de las decepciones
cercenan por lo sano la alegría,
las venas del amanecer almacenan sangre fría
y cada lunes nace muerto el nuevo día.

El lápiz comisura de tu boca
retoca los agravios del carmín,
los proxenetas se colocan con aseo el peluquín
y los Romeos se demoran y las Julietas se desenamoran.

Lágrimas de plástico azul rodando por la escalera,
tribus de los mares del sur al oeste de la frontera,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
náufragos en la catedral, telarañas amotinadas…

Lágrimas de plástico azul con sabor a despedida.
¿Cuándo cruzará el autobús este callejón sin salida?
Labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
pétalos de flor de hospital, telarañas amotinadas…

Título: Lágrimas de plástico azul
Año: 2002
Letra: Joaquín Sabina
Música: Fena Della Maggiora
Disco: Dímelo en la Calle (2002)

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Arenas Movedizas

Dimelo en la Calle

Mañana cuando era tan pequeño
por el Acantilado del Obispo caí
persiguiendo un pájaro sin dueño
y aterricé en un polvorín

de arenas movedizas
bajo un cielo de betún,
caracolas que agonizan
sin decir ni mu.

Cuando el gallo a sueldo de la madrugada,
llegó con su kikirikí,
desperté soñando que viajaba
desnudo con un maletín

de arenas movedizas
bajo un cielo de alquiler,
alfileres que agonizan
antes de nacer.

A mi cita fui pero el horizonte
se había cansado de esperar,
me llamó san Pedro por mi nombre
y no le quise contestar.

Y arenas movedizas
bajo un cielo de almidón,
paquebotes que aterrizan
sin pedir perdón.

Arenas movedizas
bajo un cielo regaliz,
ascensores que agonizan
por la cicatriz.

Título: Arenas Movedizas
Año: 2002
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina
Disco: Dímelo en la Calle (2002)

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El café de Nicanor

Dimelo en la Calle

La noche que Guillermina
no contenta con la patria potestad
y el ático en Concha Espina,
quiso el Volvo en propiedad,
tirado en una cuneta
me desperté,
a dos leguas de El Café,
con una maleta al hombro
llena de escombros
y un bollo de pan de ayer.

“Le hemos echado de menos”
me dijo el bueno del barman que me sirvió,
vaso largo y con limón,
la misma copa de ron
que, el lunes va a hacer un año,
me dejé en el mostrador.
Después de pagar dos rondas
(tres, contando la del baño)
recuperé,
entre la condesa y Julio,
mi escaño de contertulio,
mi carné de fundador
de la mesa más redonda
de El Café de Nicanor.

Estaban Gámez el astronauta,
Gastón el flauta, Mari la tetas,
el novillero poeta con su mujer,
el pobre don Agapito
y un camellito sin dientes
paisano de un primo hermano
de algún pariente lejano
de Ana Belén.

Asociado en sociedad
con tales socios,
se pueden imaginar
que los amores van mal,
la salud ni fu ni fa
y no van bien los negocios.

Se nos sube a la cabeza
la espuma de una tristeza
crepuscular,
el óxido de los días,
las utopías con hielo,
el azul galimatías
del cielo según san Juan,
un calcetín con tomate
y el último disparate
de Nicanor,
que cuando le preguntaron
si había estado enamorado,
como es un hombre sincero,
“yo, no señor -contestó-,
yo siempre fui camarero”.

Estaban Gámez el astronauta,
Gastón el flauta, Mari la tetas,
el novillero poeta con su mujer,
el pobre don Agapito
y un camellito sin dientes
sobrino de un primo hermano
de algún pariente asturiano
de Víctor Manuel.

Asociado en sociedad
con tales socios,
se pueden imaginar
que los amores van mal,
la salud mejor ni hablar
y no van bien los negocios.

Asociado en sociedad
con tales socios,
se pueden imaginar
que los amores van mal,
la salud Marichalar
y no van bien los negocios.

Título: El café de Nicanor
Año: 2002
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina
Disco: Dímelo en la Calle (2002)

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