Entrevista a Panchito Varona

Pancho Varona es una de esas personas agradables que llevan el talento con tranquilidad. Hace 24 años que Joaquín Sabina le apartó de su futuro de funcionario y le hizo debutar en un concierto en Alcalá de Henares. Después llegarían 1300 recitales más, un buen puñado de canciones imborrables facturadas a medias y una sólida admiración mutua.
Lacallemayor.net: Después de más de 1300 conciertos con Joaquín Sabina, ¿cómo se lleva la larga convivencia artística?
Pancho Varona: Se lleva tan bien que seguimos juntos después de 24 años. Eso no pasa ni en las parejas más enamoradas. El nivel de entendimiento que tenemos Joaquín y yo es impresionante, cada día más. Es una relación estupenda con todos los pros y casi ningún contra.
LCM: ¿Se considera el colaborador al que más caso hace Sabina?
P.V.: Creo que sí, aunque me da un poco de vergüenza decirlo. Me permito el lujo de darle mi opinión y me hace bastante caso. Musicalmente somos uña y carne, junto con Antonio García de Diego.
LCM: Iba para funcionario del Ministerio de Defensa cuando Joaquín Sabina le pidió que tocara con él, ¿cómo recuerda aquello?
P.V.: Iba a opositar y me estaba preparando en una academia de Madrid. Joaquín me hizo una oferta irrechazable invitándome a tocar con él. Mi debut fue precisamente en Alcalá de Henares. Yo tenía poco más de 20 años y un ataque de pánico absoluto. No sé cómo explicar lo que significaba para mí el hecho de no haberme planteado en la vida ser músico y, de una semana para otra, actuar delante de miles de personas.
LCM: ¿Qué recuerdos tiene de sus actuaciones en Alcalá?
P.V.: De Alcalá me acuerdo sobre todo por aquella primera vez. Tengo otro recuerdo muy claro: cuando actué con Estopa hace dos años. También fue un concierto precioso, en el que grabamos el video de una canción tocando en directo. La verdad es que tengo Alcalá bastante presente, por supuesto.
LCM: Después de tanto tiempo tocando con Joaquín Sabina, ¿es de los que piensan que es ahora cuando mejor canta?
P.V.: Por supuesto que sí. Hubo una época en que Joaquín tenía mucho empeño en ‘cantar bien’, en demostrar lo que su voz podía dar de sí. Hubo un momento, creo que fue grabando Esta boca es mía, en que se dio cuenta de que su voz por abajo era más bonita que en agudos. Fue a partir de ahí cuando empezó a transformar su estilo y su forma de cantar.

Después de acompañar a Joaquín Sabina durante veinticuatro años y compartir escenario en unos 1.300 conciertos, el guitarrista 


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