
El Madrid de Sabina
Ojo al sobresaliente mapa que se han currado los muchachos del Musical Más de 100 Mentiras, un mapa conocido como El Madrid de Sabina, en el que poder hacer las rutas más típicas y rincones más frecuentados por nuestro flaco. Te recordamos que en la entrevista “Conversaciones Secretas” también puedes escuchar al propio protagonista hablar de ello. Grande.




Publicado el 28-01-2012 |
Archivado en 




Buenos días,
Acabo de enterarme de la noticia de la creación de un itinerario turístico Sabinero, http://www.masde100mentiras.com/elmadriddesabina/ lo que no deja de sorprenderme.
Leí unas biografías de Joaquín Sabina, entre otras las de Menéndez Flores. Me espera en la mesilla la del Carbonell.
No se puede tachar las primeras de exceso de objetividad, por eso supongo que tanto me gustaron. Quién me quiera tachar de «sabinera de biblioteca» que lo haga y con toda la razón del mundo. Tal vez será cuestión de edad.
De ahí, sé que hubo amores y desamores entre el artista y la capital. Por ejemplo, recuerdo que la letra de la canción « Pongamos que hablo de Madrid» decía, al principio «aquí no queda sitio para nadie» justificando su deseo de estar enterrado en su tierra natal. Unos años después, y me perdonarán por no estar muy dotada en el conocimiento de las fechas, Sabina decidió cambiar la letra: «aquí he vivido, aquí quiero quedarme, /pongamos que hablo de Madrid.» No se puede rendir homenaje más emocionante a esta ciudad. Lo raro es que Sabina, y aquí, no hablo del artista, poeta, cantante, pues del hombre de muchísimos talentos y dudas, sino del empresario ─ o, me arriesgaría en decir, del testaferro─, se ha convertido en una simple marca comercial. No creo ser tan ingenua como para creer que uno canta por puro gusto y abnegación. Pero de ahí hasta venderse como cualquier marca de wiski, no sé. Tal vez será la edad, tal vez la kriptonita… Hablo de Sabina, eh!
Siempre que escucho un disco de Joaquín Sabina, y tengo unos cuantos, me emociona su arte de saber cantar lo que muchos sentimos sin saber decirlo. Es arte, antes que todo. Uno de estos álbumes me hizo volver al amor de la poesía y del idioma español que volví a aprender. Y, como una entusiasta cualquiera, me puse en busca de todo lo que podía encontrar en la red. Sí, confieso que me paseé por las calles de Madrid pensando en Sabina. Sí, me porté, y con mucho gusto, como una admiradora quinceañera y que no me arrepiento. Sí, confieso que he leído, aunque a duras penas a veces, a unos poetas precisamente porque Sabina no deja de rendirles homenaje.
Pues, sí, encontrar a Sabina fue muy importante para mí. Lo sigue siendo y lo será, espero, para muchos. Pero no puedo admitir que una persona tan crítica con el mercantilismo acepte que se haga en nombre propio tal payasada. ¿No le pertenece ya su propio apellido, o es que colabora con todo eso?
Pues, si es cuestión de imaginar una ruta sabinera por Madrid, que se la haga cada uno sin necesidad que lo lleven de la mano y, aprovechando la ocasión, que se le venda un Madrid de estafa comercial. ¿Acaso en esta ruta aparecen los burdeles que frecuentaban? ¿Acaso se explica bien como y porqué Sabina no perteneció en definitiva a la Movida? ¿O será eso sólo un circuito puramente turístico, folclórico, mercantil?
Sé lo duro que es la crisis y sé que eso puede generar empleos y hacer vivir el pequeño comercio. Uno no puede despreciar este argumento. ¿Pero algo tiene que ver todo esto con la Canción, con una «C» mayúscula, como la que escribe y canta don Joaquín?
¿No vendría mejor un itinerario por los locales donde jóvenes cantantes intentan demostrar su talento? ¿No se podría imaginar algo así como una «familia Sabina», un escenario que permita a una nueva generación presentarse delante de un público, mediante un precio asequible?
Pensándolo bien, no creo mucho en la deferencia, en materia de expresión artística. Siempre, algún día, hay que matar al padre. Y si el padre ya vendió su alma, pues, menuda amargura.
Creo mucho en la sensibilidad personal, y también opino que cada experiencia es única. Por eso, pienso que lo mejor que pueda hacer un sabinero empedernido, es, sí, escuchar sin parar a su ídolo, y también a otros. Y, si lo desea y también puede, pasearse por las calles de Madrid siguiendo su propio rumbo, recordando las letras de unas canciones o compartiendo por medio de unos foros, su propia experiencia. Me sé unos foros excelentes sobre la personalidad y actualidad de Joaquín Sabina. Para eso también puede servir Internet, ¿verdad?
Un saludo.
Aire__Azul