De Joaquín Sabina y Málaga

Reportaje dedicado a Joaquín Sabina en “La opinión de Málaga”
Lee el reportaje de La Opinión de Málaga escrito por Lucas Martín, en el que se hace análisis de la relación de Joaquín Sabina con Málaga y concretamente con Pedregalejo, un barrio de pescadores de la preciosa ciudad de Andalucía donde nació Pongamos que hablo de Madrid. Además, ya en el concierto realizado en diciembre del año pasado recordó que empezó a usar bombín gracias a su paso por esta tierra.
Sus canciones invaden las calles, los automóviles, las casetas de las fiestas. Compiten con el Real Madrid en afluencia de público en el estadio de La Rosaleda. Algunos las consideran una bendición, otros, una tortura. Joaquín Sabina es muy querido en Málaga, pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que era simplemente un joven enjuto que martilleaba la guitarra al lado de la playa. La música de acompañamiento de un cortejo, de un cubata, el talento, el pelmazo, el tipo que tocaba en el Pub Zambra, en Pedregalejo.
El cantautor de Úbeda vivió en la Costa del Sol su última etapa de anonimato. Las chicas rara vez le pedían una canción, sus admiradores apenas daban para dejar sin huecos las plazas de un seiscientos. El chico insistía cada noche, con un repertorio que contaba con tantos simpatizantes como indolentes y detractores. En el Zambra, justo antes de la madrugada, el Joaquín, un tío de Jaén más bien feúcho y sardónico, como se le conocía en el barrio.
La magia de un rincón. Joaquín Sabina no estaba para muchos raptos, aunque no se puede decir que su época en Pedregalejo fuera contigua a la desdicha. El artista lo recuerda a menudo con su sonrisa de fauno, habla del ambiente de una Málaga que se despertaba de la tiranía del luto, de las fiestas, de un rincón, el Zambra, que se convirtió en referencia para la juventud más desinhibida y suntuosamente moderna de la provincia.
Éxitos e incomprensiones. Sus primeros éxitos fueron ante una audiencia más restringida que exclusiva. Los veteranos del local recuerdan que sus recitales toparon en más de una ocasión con la protesta del público, que a veces le recriminaba su obstinación casi diaria con algunas melodías. Probablemente las mismas, quien lo diría, que años más tarde entusiasmarían a sus hijos en el circuito crónico y siempre perseverante de las radiofórmulas y las fiestas patronales.
El hallazgo del bombín. Si el artista evoca con cariño su periplo en el Zambra no es por el aliento masivo de la población nativa. Tampoco por las risas y el pescaíto. En las paredes del local, clausuradas en los ochenta, tuvieron lugar algunos hitos de su biografía. El bombín a lo Pessoa, símbolo conocido desde Asunción hasta Bolivia, se acomodó en su cabeza por primera vez en esta provincia. Fue mucho antes de las canas y de los duetos, un tanto ofensivos, con estrellas del pop de dudosa competencia como Viceversa. En los setenta, en Málaga, quizá procedente de algún mercadillo, del vestuario de un gentleman generoso o de un bohemio aficionado a las extravagancias de guardarropía de Picadilly.
La colaboración de Antonio Sánchez. Los sarcasmos, a veces tabernarios y reiterativos, del cantautor le resultaron simpáticos a muchos artistas de la Costa del Sol, que no dudaron en incluir al jiennense en su círculo de amigos. Algunos músicos fueron más allá y le ayudaron a corregir sus flaquezas, especialmente en lo que respecta a la melodía, que nunca ha estado entre sus virtudes compositivas. Antonio Sánchez, conocido por su paso por Académica Palanca, le puso música a una de sus letras más conocidas, Pongamos que hablo de Madrid.
El himno de Madrid, en Pedregalejo. El himno por antonomasia de la capital de España no sólo fue alumbrado por un ubetense y un malagueño, sino que sonó sobre la arena de Pedregalejo antes que en La Latina o Chamberí. La Zambra, de nuevo, fue el templo del estreno y sus primeros oyentes, los mismos modernos que en la actualidad han perdido pelo y pagan religiosamente a sus hijos las cuotas de la Universidad.
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El regreso a la nostalgia. En apenas unos días, el artista regresará a Málaga. Lo hará de un modo muy distinto al de su juventud, aclamado por miles de personas, con un vestuario provisto de caprichos y toallas de algodón. Puede que a la tarde, cuando los demonios de la poesía, enrumbe en un taxi hacia Pedregalejo. No será esta vez una sucursal del Banco Hispanoamericano, pero tampoco el Zambra. El tiempo es así.















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El cantautor de Úbeda vivió en la Costa del Sol su última etapa de anonimato. Las chicas rara vez le pedían una canción, sus admiradores apenas daban para dejar sin huecos las plazas de un seiscientos. El chico insistía cada noche, con un repertorio que contaba con tantos simpatizantes como indolentes y detractores. En el Zambra, justo antes de la madrugada, el Joaquín, un tío de Jaén más bien feúcho y sardónico, como se le conocía en el barrio.


¿”los duetos, un tanto ofensivos, con estrellas del pop de dudosa competencia como Viceversa”?…
Me parece una cagada de artículo solo empezando por esta frase que he copiado y pegado.
Se ve que no comprueban e investigan los pocos datos que tienen ya que esto muestra que están confundiendo a los “Viceversa” de Varona, M,Rodríguez y cía, con el grupo de “cutre-pop” amariconado “Viceversa” que salió años después.
¿”…Algunos músicos fueron más allá y le ayudaron a corregir sus flaquezas, especialmente en lo que respecta a la melodía…”?
A este pavo habría que recordarle la enorme lista de canciones cuya letra y música son exclusivamente de Sabina y que son perfectas.
Lo único que podemos hacer en contra de la ignorancia es cultivarnos, nada más, y siempre habrá gente para hacer mal su trabajo. Lo malo es que unos confian en ellos. Éste pibe ni habrá escuchado la mínima parte de la discografía que Joaquín Sabina. Tampoco le podemos reprochar su falta de curiosidad, dado que los que lo emplearon no esperan tanto de uno para vender más papel.
Estoy en Francia, es de noche y acaban de pasar « Y nos dieron las diez » en la radio nacional a modo de ilustración de una novela corta de Borges. No me pidáis el por qué, imagino que no saben nada de un tal Sabina, sino que es cantante y que canta en español. Esta noche, no me puedo quejar.
Hola, soy el autor de la fotografía que se incluye en esta entrada, y aunque esta web no es oficial ni comercial al parecer, es de recibo pedirme permiso para su uso, que sin muchos problemas os habría dado solo mencionado el autor y origen. Os agradecería como mínimo esta petición.
Un saludo
Hola Xevi, enlacé la foto a tu cuenta de Flickr desde el primer momento porque no sabía como contactar contigo, un saludo y disculpa.