joaquin sabina, las ventas, concierto, madrid, 2010

Lee la crítica al concierto en “El País”

Si bien el periódico El País nos brindó un espectacular especial previo a la salida del disco Vinagre y Rosas, la crítica que realizó sobre el concierto de Madrid el pasado 15 de diciembre de 2009 Fernando Neira no nos gustó. Llevaba por nombre “La encrucijada de la felicidad”. En este caso, y con motivo del concierto más esperado en toda España, el más especial, de Joaquín Sabina en Las Ventas, a pesar de que todo el mundo ha vuelto loco de felicidad a casa, y a que todas las radios horas después de finalizado siguen hablando de la fiesta y tremendo espectáculo que ha sido el concierto, tenemos que leer líneas como las que siguen…

“Con independencia de lo que le digan sus secuaces, corifeos y demás seguidistas, Sabina no seguirá siendo mucho Sabina solo porque se cale el bombín y suelte algún chistecito. Nuestro amigo jienense piensa que si alguien no se deshace en elogios sobre su magna obra es porque la desafección le entra en el sueldo. El de este cronista es, con seguridad, mucho más exiguo que el suyo, pero ello no nos impide sospechar que el último Sabina, el posterior a 19 días y 500 noches, es una calcomanía ramplona, una caricatura, del que fue. Y de aquello, burla burlando, ya han transcurrido 11 temporadas, casi tantas como las que penó el Atleti sin un nuevo trofeo para sus vitrinas. Los fieles le siguen adorando, a la vista está. Y sin embargo, la chispa sabiniana cotiza a la baja y el interés de sus acciones ha emprendido el rumbo menguante”

Fernando Neira
El País

Al menos al comienzo del artículo le ensalza, aunque continúa diciendo que no por ello se puede librar de críticas. Llevamos siendo tremendamente respetuosos con el flaco desde que la página nació en 2004, y este artículo nos hiere y nos duele como si nos estuvieran criticando a nosotros mismos. Todos, absolutamente todos los que tenemos devoción por él hemos sufrido con su depresión y con su miedo a volver a los escenarios tras las isquemia. Cuando pocos años después de eso hemos tenido varios discos y varias giras, y sobre todo, cuando todos salimos tan felices de su conciertos… no necesitamos que nadie nos diga esto. España y el mundo estarían mucho más en crisis si el flaco no nos llenara de vida en cada concierto.