joaquin sabinaJohnnie Walker “Etiqueta Negra”, Ducados, papel de liar, un cuaderno y un bolígrafo. Nada de eso puede faltarle a la (tardía) hora de trabajar. Entre lingotazos y caladas de tabaco negro y marihuana han surgido muchos de los versos que han marcado su carrera y nuestra vida. Gafas negras, boquilla mentolada y Visa Oro. Jamás pisa la calle sin ellas. Las gafas, como escudo anticuriosos y para maquillar los estragos de la noche. La boquilla, para autoengañarse, y la tarjeta, con la que antes arrasaba en los “Todo a un euro”, comprador compulsivo, encuentra joyas en los lugares más surrealistas. Películas de mafiosos y pornográficas. Entre las primeras, resplandece la trilogía “El Padrino”, una saga que según él parece Homero. Respecto a las segundas, lo primero que hace nada más llegar a un hotel en medio de una gira es conectar el canal porno, relajarse y disfrutar.

César Vallejo y Alfredo Bryce Echenique. en cuestiones literarias no tiene excesivas dudas. Serían, quizá, su poeta y su novelista más íntimo. Del primero, sin duda los Poemas humanos, del segundo, tal vez Reo de nocturnidad (¡qué título!) o Un mundo para Julius. Leonard Cohen, Bob Dylan y José Alfredo Jiiménez. No sé si por este orden, pero he aquí lo que él considera como las más altas cimas en el duro oficio de escritor de canciones. Del primero I’m your man, del segundo Street Legal, y del mexicano Llegó el borracho borracho.

Lentejas y vino de Rioja. En Londres se comió unas “lentejas a la ubetense” con sus padres, a modo de pipa de la paz tras años sin escribirles. Ostenta con orgullo el título de “Cofrade de mérito” de la logroñesa Cofradía del Vino Rioja. Televisión, viagra y prensa diaria. Son, junto a Jimena, las “reinas” de su dormitorio. La tele, para meterse chutes de telebasura. La viagra… bueno, eso mejor se lo preguntáis a él. Por último, es incapaz de iniciar el día sin haberse devorado, de principio a fin, al menos dos periódicos.

Un bombín y un bastón. Difícil imaginarlo sobre un escenario sin ellos. Una forma de tomarse a guasa a sí mismo y eliminar cualquier atisbo de solemnidad en su puesta en escena. Un capote y sendas bufandas del Atleti y Boca Juniors. Es taurino de pura cepa. Por otro lado, aunque defienda los colores de su equipo, lo cierto es que el fútbol se la trae bastante floja. La bandera republicana e imaginería cristiana. La tricolor es su bandera, pese a ciertas cenas ¿irrepetibles? que tanto jaleo han armado. En cuanto a lo segunda, jamás vi tanta Virgen y tanto santo en la casa de un ateo.

Una guitarra española. Tiene muchas. En plena depresión (tres años) fue incapaz de cogerlas. Ahora ha vuelto a congraciarse con ellas y disfruta metiéndoles mano. Una máquina de escribir. Si bien escribe siempre a mano, es un fanático, al igual que Leonard Cohen o Francisco Umbral, de las viejas Hispano Olivetti. El Trivial Pursuit. Ni ruleta, ni mus, ni hostias. En lo que es un hacha es en el juego de moda de los últimos años. Juro por lo más sagrado que lo he visto jugando al Trivial en familia y que te atesoraba todos los quesitos.

Javier Menéndez Flores

Si creías conocer bien a Joaquín Sabina, seguramente de la mano del sensacional Javier Menéndez Flores todavía lo haces mejor ahora. Esta columna fue publicada en la revista Rolling Stone en su número de diciembre, es una auténtica joya para coleccionistas y sabineros tan buenos como todos y cada uno que visitan esta web. Espléndido.