De príncipes y princesas

Letizia Ortiz venía de un mundo más o menos progresista, oía mis discos y quería que el Príncipe conociera otro tipo de mundos. Cené una vez con ellos en casa de Simoneta y luego vinieron ellos aquí. Les pregunté: “¿A quién queréis conocer?”. Y me dijeron a Victor Manuel, Serrat, Ana Belén, Penélopez Cruz y a no sé quién más. Los invité a todos, cenamos, tomamos unas copas, canturreamos y eso fue todo. Nadie dejó de ser quien era. Yo les enseñé mis banderas republicanas; contamos todos los chistes del mundo, incluidos los imposibles de contar a esta revista. La cena con los príncipes fue abajo, todavía no tenía el piso de arriba, tapamos el billar y pusimos una mesa encima. Arriba no se han dignado a venir, porque yo quedé mal con Palacio contando tiempo después un chiste que había surgido durante la cena. Y no, prefiero no acordarme de qué chiste fue.
Ellos vinieron porque Letizia quería poner al principito en contacto con otra realidad y estuvieron simpatiquísimos, lo que pasa es que a mí se me ocurrió soltar una tontería de chiste que me habían contado. Al final uno entra en una trampa: invitas a cenar supuestamente a unos amigos que se portaron como tal -desde luego aquí nadie les hizo reverencias ni usó el usted- y al rato te ponen a parir por soltar que nos reímos por un chiste que es una perfecta gilipollez y uno se muerde la lengua de las ciento veinte mil cosas mucho más graves que podría haber contado sobre la cena y eso no se dice. ¿Porqué? Porque somos unos vasallos de mierda, todos, incluido yo.
Pero lo pasamos bien, tocamos, cantamos y bebimos… se fueron a las cuatro de la madrugada. Y no hubo ninguna movida, había una chica de seguridad en el ascensor, pero no molestaron a ningún vecino. Me pareció descortés por mi parte que a unos chicos que habían venido a cenar a casa yo les creara un problema contando ese chiste con el que nos reímos en la cena y pienso “¿Será posible?”, yo por entonces tenía 57 ó 58 años. En el desfile del 12 de octubre -a estas alturas ya no tengo que decir lo que opino de los desfiles- ha ido gente a pedir la dimisión de Zapatero y se oían sus gritos en todas las televisiones, luego baja Rajoy -al que, que yo sepa, no ha elegido nadie- y todo el mundo aplaudiendo. Es algo tan anacrónico, tan medieval, que no se me olvide decirlo… ¡Viva la República!
Joaquín Sabina
Ya hablamos en 2005 de la cena que mantuvieron nuestro Joaquín Sabina y su entorno más cercano con los Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia. Aunque ya sea agua pasada, hay que recordar que Joaquín Sabina le reconoció a Javier Menéndez Flores en una posterior entrevista en el libro En carne viva cuál era el chiste.















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Pablo GRACIAS por toda la información que nos brindas a diario, esta historia no la conocía ¡¡¡gracias!!!
Lo cierto es que Joaquín debió de darse cuenta de que los asuntos relacionados con la casa real aquí en España se toman con demasiada solemnidad. El chiste, que todos recordarán, era una tontería, pero se aprovechó el asunto para tirar a dar a Joaquín. Con la cantidad de cosas peores que esas que se dicen diariamente.
He de decir que algo que me enfada enormenete es la facilidad que gastan algunas personas para criticar, he leído algunos comentarios que tienen tela, esta gentecilla debería apuntarse a yoga, satisfacer sus vidas de otros modos, por otras vías que no sean cogoger de cabeza de turco a Joaquín por haber cenado con Letizia y cía (a mi juicio no merece la mayúscula el principito)o a Ana Belén por vivir en su casa… De verdad ¡Idos todos a cagar! Os creéis cojonudos hablando de firmes principios (que llegado el momento se corresponden con los de la famosa cita de Groucho), tachando de hipócrita a Joaquinito. ¡Ni caso Joaquín! Una vez, un catedrático me dijo: “Marta, jamás dés explicaciones de lo que haces y por qué: tus amigos no lo necesitan y tus enemigos no las van a creer”