
Sabina a cuatro manos

Reportaje en El País Semanal
El País, una semana antes de que Vinagre y Rosas saliera a la venta, nos trajo un previo del disco espléndido. En este caso nos trae una entrevista para el recuerdo con muchos detalles y frases de nuestro flaco que reflejan muy bien su manera de pensar y por tanto… las maneras del nuevo disco.
“Con los desamores de otros, uno sólo tiene que escarbar en su memoria para hacerlos propios. Yo creo que las canciones de amor no existen, sino que sólo existen las canciones de desamor. Es cuando te deja la chica que haces una letra para cagarse en su puta madre y que la persiga toda su vida. Y eso el auditorio lo entiende perfectamente, porque a todo el mundo le ha dejado la chica alguna vez”
Joaquín Sabina
Se ve que aún cree, y así lo escribe, que si hay que pisar cristales, que sean de Bohemia.
Es un resumen de mi modo de ver la vida… Aunque creo que es una frase del Benja. Los 60 no están mal, en mi caso son mejores que mis 50. Estiré mis años de loca juventud hasta los 50 o 51. Entonces vi que mi amor por la vida me iba a llevar a la muerte en vez de a una vida más larga. Con 60 años ni se escribe ni se debe escribir como con 20. Detesto la nostalgia, pero creo que los mejores materiales nacen de la memoria. Y con 60 se tiene pasado, presente y futuro. Cuando tienes 70 sólo cuentas con un pretérito estupendo. A los 50 recibes la visita de tu pasado. Mi visita fue brutal. De un día para otro. Pasé de la euforia de sentirte vivo, por haber sobrevivido, a la depresión de tener que vivir con lo que me había pasado.
¿Cómo contempla ese pasado?
La infancia la veo en blanco y negro. No me interesa. No soy de esos que añoran el paraíso que habita en la infancia. Yo quería ser adulto y dejar de recibir órdenes. El mejor momento de mi vida fue cuando me dieron la llave de la pensión en Granada y supe que podía volver a casa cuando se me antojase. A partir de los 20 años ya era todo más un poco en tecnicolor.
¿Y en Madrid se le encendió el cinemascope?
Algo así. Según pones un pie en Atocha, ya eres madrileño y a la vez puedes seguir siendo andaluz. En Granada era sólo un estudiante de provincias, y en Londres, un inmigrante, un exiliado. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo lo cuenta, pero es muy verdad. Madrid es muy madre, y abriga mucho. Ahora está insoportable.
Entonces, pongamos que ahora habla de Madrid.
Es muy incómoda, mucho menos amable, mucho menos viva. Pero, ojo, yo sé que no me entero de lo que sucede. Soy un fervoroso partidario de la inmigración. Por los colores que nos traen, los polvos que nos traen, los divorcios que nos traen, los hijos que nos traen. Pero, vamos, no estoy en la calle de madrugada, ni cierro los bares. Sólo veo Madrid desde el balcón, desde lo que leo en los periódicos…
¿Le cabrea lo que se desayuna en la prensa?
Me alarma el enorme descrédito de la política, que sólo puede conducir a los salvapatrias, al fascismo. A los tipos como Berlusconi. Y eso acojona…
El libro sobre Vinagre y rosas está dedicado a las cosas que no se pueden contar. Callarse algo, eso sí que es otra novedad en usted…
Lo más que puedo decir es que cuando estaba terminado, pedí que quitaran algunas cosas. Lo explicaré con una frase: “Por daños a terceras”. Ningún libro merece la pena que gente que quiere uno se vea humillada. Y eso sí es muy nuevo, porque yo hasta hace nada pensaba que una canción no podía tener autocensura. Que nadie se podía ofender por un tema, que se defendía sola. Uno no debe hacer daño a la persona que quiere. Aunque eso le cueste un par de versos.
¿Hay muchas cosas más importantes que una canción?
Muchas, no. Porque si yo no escribiera canciones, sería mucho más feliz. Sobre todo las personas son más importantes. Hay personas a las que no se les puede clavar el puñal público.
En el disco hay un tema sobre el poeta Ángel González, que murió hace ya dos años. ¿Cómo vive con las pérdidas?
Jodidamente. En este tiempo se nos han ido Paco Ayala, Fontanarrosa, Mercedes Sosa, justo cuando acababa de hacer una canción con ella. Ha habido dos oleadas de cadáveres; la de los años ochenta, por la maldita heroína. Y la otra es la de ahora. Por causas naturales y por la edad, que es lo más alarmante. El otro día me dijo Antonio Gasset: “Sabina, ¿te has dado cuenta que se está muriendo gente de nuestra edad de muerte natural?”. Y eso también acojona.
¿Se acostumbra uno a la muerte?
Está ahí acechando todos los días y es un acojone, eso es innegable. En el caso de Ángel, su canción es divertida porque él cantaba, bailaba, bebía y se divertía mucho. Decía: “Ayer salimos tambaleándonos como unos caballeros”. Yo nunca le he visto borracho, excepto cuando se levantaba para irse, que se desarmaba un poquito. Tenía unos costaleros que éramos nosotros. Nunca fue un viejo. El aspecto le servía para fumar en los aeropuertos. ¿Quién le iba a decir nada a un señor como él?
Y en su caso… ¿No se preocupa demasiado la gente de la salud de Sabina, de lo que toma y lo que deja de tomar, de si se está pasando con el alcohol o de si cae en la tentación de la cocaína?
Lo que no debe hacer uno es seguir muchos años con el malditismo. La gente se preocupa mucho. Más de lo que debieran. Como soy muy bocazas y siempre he dicho lo que me pasaba, lo que me ponía…, la gente cree que estoy mucho peor. Yo creo que se compran las entradas y los discos por compasión [risas]. A ver si la palmo en el escenario. A veces me dicen por la calle: “¡Cuídate, Sabina!”. Y digo: “Usted también, señora, que está usted muy gorda”. Pero la verdad es que mis amigos, los que me conocen bien, excepto algún exceso con el alcohol, saben que me cuido más que hace 10 o 20 años.




Publicado el 13-12-2009 |
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En referencia a lo ultimo que contesta sobre la gente que se preocupa.
Que nos preocupamos por vos joaquinito porque somos egoistas, no queremos que se nos prive de tu presencia y tu arte, que hace la vida un poco mas llevadera. Cuando encuentras algo valioso, no quieres perderlo. Pues eres valioso para nosotros. Quedate un tiempo mas por aca, que haces mejor las cosas para muchos. Y disfruta sabiendo que le cambiaste la vida a mucha gente, que se te quiere por lo que has compartido con nosotros. Que has trascendido al tiempo. Te queremos bien Joaquin. Te queremos feliz. Te queremos en esta vereda mostrandonos tus malabares de poesia y musica. Logrando que nos planteemos tantas cosas de la vida. Entretienes, llegas, haces pensar, haces sentir, escucharte es un trozo de esto a lo que llamamos vida, y uno de los trozos agradables.
A propósito de la pregunta que le hacen a Sabina sobre si acaso “se acostumbra uno a la muerte”, me recordé de un poema de Vicente Huidobro (poeta chileno) que dice…
Poemas Póstumos 19
“La muerte que alguien espera
La muerte que alguien aleja
La muerte que va por el camino
La muerte que viene taciturna
La muerte que enciende las bujías
La muerte que se sienta en la montaña
La muerte que abre la ventana
La muerte que apaga los faroles
La muerte que aprieta la garganta
La muerte que cierra los riñones
La muerte que rompe la cabeza
La muerte que muerde las entrañas
La muerte que no sabe si debe cantar
La muerte que alguien entreabre
La muerte alguien hace sonreír
La muerte que alguien hace llorar
La muerte que no puede vivir sin nosotros
La muerte que viene al galope del caballo
La muerte que llueve en grandes estampidos”.
Le viene a eso