joaquin sabina

Y Sabina volvió a Gijón a abrir una nueva gira ante casi diez mil vitorinos, muchos de los cuales estaban amansados desde la espantada que dio hace casi medio año en el Teatro Jovellanos. Aquel coitus interruptus privó a los asturianos de disfrutar de Ultramarina, el mejor tour acústico que un artista español haya ofrecido jamás en este país.

Pero el sábado, el flaco de Ubeda estrenó ante un público que parecía pagado, pero que pagó un buen dinero en taquilla, Carretera y top manta , su nuevo espectáculo eléctrico que supuestamente le llevará por medio mundo.

Sabina fue recibido como un gurú y tuvo que arrodillarse y quitarse el sombrero ante la evidencia, ya demostrada en todas sus visitas anteriores, que aquí se le quiere y mucho.

Las dos primeras canciones y sus primeras palabras hicieron presagiar lo peor; Sabina con la voz rasposa y rota que recordábamos de aquel gatillazo de diciembre tenía dificultades para vocalizar.

Que no es quien era es evidente para el que tuviera oído, pero como decía un incondicional que tenía al lado: “Xuacu ye dios”.

Sus técnicos tienen merecidamente ganado el sueldo, lo mismo que sus músicos y, especialmente, Olga Román, el cielo, que con su voz hizo una vez más de colchón y sustentó el hilillo vocal del jefe.

La decadencia de este ídolo de masas se hizo evidente cuando abandonó por dos veces el escenario, bis aparte, para descansar su maltrecho instrumento, dejando sus minutos de gloria a Panchito Varona, a Olga Román, que se lució en Ahora ya ves, de su segundo álbum en solitario, e incluso a Antonio García de Diego.

Sabina dosificó recursos y energía al máximo entre los pasajes eléctricos y electrizantes: Conductores suicidas, La del pirata cojo o Pacto entre caballeros, y los momentos más acústicos, que son una especialidad de la casa: Quién me ha robado el mes de abril?, Cerrado por derribo, Calle melancolía o el mix de Que se llama Soledad, Peor para el sol y Contigo.

Por eso, Joaquín Sabina pudo afrontar con dignidad la etapa final del concierto, salvando los muebles con un bis karaokero que incluyó Princesa, 19 días y 500 noches, Noches de boda y Y nos dieron las diez.

Fuente: Víctor Rodríguez, La Voz de Asturias