pancho varona Después de acompañar a Joaquín Sabina durante veinticuatro años y compartir escenario en unos 1.300 conciertos, el guitarrista Pancho Varona (Madrid, 1957) echa la vista atrás para repasar toda su trayectoria musical y relatar cómo transcurre la gira que tiene entradas agotadas hace meses. Así es Sabina, según Pancho Varona.

Iba para funcionario. «Mi padre era funcionario del Ministerio del Aire. Pensaba que la música no me iba a dar de comer, me puse a opositor para el Ministerio de Defensa, en donde pensé que podía colarme con algún enchufe. Cuando conocí a Joaquín me pilló aprendiendo a escribir a máquina».

Opositor a La Mandrágora. «Mi hermana Gloria, que tiene tres años más que yo, se presentó un día en casa con un disco de Joaquín Sabina, Alberto Pérez y Javier Krahe en La Mandrágora y me gustó muchísimo. El que más me llamó la atención fue Krahe. En quince días me lo sabía de memoria. Nos enteramos de que La Mandrágora era un bar y directamente optamos por buscarlo. En el local, cabían veinte personas sentadas y otras veinte de pie. Empezamos a ir casi todos los días. Al acabar, a veces había más gente tocando en el escenario que de público, lo que facilitaba el contacto con los músicos. Al acabar las actuaciones, me quedaba con los músicos tocando la guitarra».

Eléctrico. «Como Joaquín y yo fumábamos los dos Ducados, él me pedía tabaco y así, empezamos a charlar. Yo tengo buen oído y en cuanto fui unos días me sabía todas las canciones pese a no haberlas tocado nunca. Un día me dijo que tenía que tocar en el Teatro Salamanca de Madrid y me pidió que les acompañara porque quería que la banda fuera más eléctrica. Yo en esa época era un pardillo, que tenía una guitarra y un amplificador pequeñísimo».

Exhibicionista. «Me estrené en un concierto en Alcalá de Henares y el recuerdo que tengo es espantoso. Soy tímido y verme en un escenario de profesional -cobré 7.000 pesetas-… y encima Joaquín, quería que en el Teatro Salamanca saliese de exhibicionista asustando a la cantante, con una gabardina y desnudo por debajo. Le convencí para salir con la gabardina, pero con ropa por debajo. Lo pasé muy mal».


El primer disco. «En el disco Ruleta Rusa (1983), hice un arreglito para la canción Negra noche, pero ni estuve en el estudio porque aún sólo era un amigo, pese a que ya había tocado con Joaquín en algunos garitos. En esa época, yo no tenía ningún peso. En Juez y parte (1985), sin embargo, coloqué dos canciones: Ciudadano cero y la Balada para Tolito. �?ramos Joaquín Sabina y Viceversa».

Amistad. «Llegó un momento en el que los del grupo Viceversa se creyeron que eran Police y me dijeron: ¿Te quedas con Joaquín o te vienes con nosotros, que somos los que molamos? Y yo estaba muy a gusto con Joaquín y me dijeron: ‘Allá tú’, pensando que me iba a morir de hambre. En aquella época Viceversa parecía que iba a ser un grupo importante aunque, luego, no dejamos de ser los acompañantes de Joaquín. Por suerte, fuí listo, hice lo que dictaba el corazón y me quedé con Joaquín. Incluso, por edad, yo estaba más cercano a él que a los de Viceversa. Ahí nació una amistad fuerte, hasta el punto de que Joaquín es el padrino de mi hija».

¿Desgaste?. «No, hay momento más intensos y otros menos intensos, pero la amistad está ahí. Más que amigo de Joaquín, me considero su hermano. Nos vemos tanto al cabo del año, que cuando tenemos un rato libre lo que menos nos apetece es estar juntos. Justamente, creo que por eso nos llevamos bien. Ahora mismo, Joaquín recibirá en su casa a otro tipo de amigos y a otro tipo de gente, pero yo sé que soy especial y si no voy a tomar una copa esta noche a su casa, simplemente, es porque ayer tocamos juntos en Castellón y hemos estado todo el año juntos grabando el disco».

El mejor momento. «Ha habido grabaciones muy emocionantes, como Física y Química (1992), Esta boca es mía (1994) o Yo, mi, me, contigo (1996), cuando acababa de nacer mi hija y Joaquín le dedicó el disco. Nos podíamos pasar 48 horas tocando, cantando, bebiendo y haciendo canciones nuevas, cosa que ahora ya no pasa. Joaquín tiene un desgaste físico y si quiere seguir haciendo giras y grabando discos, tiene que cuidarse. No puede liarse a tomar copas o a estar con amigos al acabar una actuación, si tiene que volver a cantar al día siguiente porque no recupera. Ese tipo de fiestas se acabó. Haciendo canciones éramos felices y ésa era la época en la que más canciones hacíamos. Eso es un síntoma».

Los peligros de la fama. «Yo nunca he sido famoso como para que se me vaya la olla, por suerte y por desgracia. Estoy muy contento pero, a lo mejor, si me pararan un par de personas más por la calle, me haría ilusión. Cuando veo lo que le pasa a Joaquín, no le envidio en absoluto. ¿Claro que la fama le ha cambiado la vida! y para mal, entre comillas. Antes era un tío muy de calle y ahora es absolutamente de casa. Sinceramente, eso lo ha perdido. No le ha quedado más remedio. Yo le he escuchado decir: ‘espero que la fama nunca me cambie porque para eso prefiero dejarlo todo’. Lo que pasa es que la corriente te lleva a otro sitio. Ahora mismo, lo lleva estupendamente pero más de una vez me ha dicho: ‘Ahora mismo, me cambiaba por ti’»

La vida loca. «Fue una época muy divertida, para qué nos vamos a engañar. Eso son épocas que vas pasando. Ahora todos estamos encantados con nuestra vida y antes también lo estábamos. Cuando pillas la locura y la vorágine es un poco ¡¡¡bufff!!! De esa época, salieron grandes canciones. Seguimos vivos, encantados, felices y sanos… qué más se puede pedir. Ahora mismo, Joaquín no volvería a esa época ni loco, pero la verdad es que salieron grandes canciones».

Literatura y música. «�?ltimamente Joaquín se ha dedicado más a la parte literaria de las canciones que a la musical. Perdemos al Joaquín músico. Si haces un análisis, ves que sus grandes éxitos son canciones cuya música compuso él: Calle melancolía, 19 días y 500 noches, Y nos dieron las diez, Que se llama soledad o Quien me ha robado el mes de abril. Ahora le cuesta mucho, coger una guitarra y ponerse a componer, pero yo creo que recuperaremos al Sabina compositor. Es una cuestión de rachas. Ahora está loco con la palabra y cuando se canse, volverá a coger la guitarra. Creo que ni él mismo sabe lo buen compositor que es y en este último disco, se nota que ha hecho menos de lo que a lo mejor hubiera gustado a gente como yo, que además de productor, soy fan».

¿Gira crepuscular?. «No. Ni mucho menos. Al principio de esta gira, yo no era muy optimista, pero ha cambiado mi opinión. El gatillazo de Gijón fue algo tan inocente… El único problema fue que Joaquín confesó que ‘había sido malito’ la noche anterior, pero lo único que hizo fue quedarse a escribir sólo, con un bolígrafo, un papel y una botella. La gente pensó que se había ido a una orgía, pero lo que pasó fue que se quedó toda la noche escribiendo un homenaje a Gijón. Joaquín se ha dado cuenta que esta gira la puede llevar muy bien, siempre que no cometa excesos al acabar los conciertos».

Humor. «Olga Román, la corista del grupo, siempre dice que también ha aprendido a reírse con Joaquín. Ella es una chica muy educada y el otro le suelta cada burrada, de repente, en el escenario… Todos hemos aprendido a reírnos con Joaquín. Tiene un sentido del humor bastante cabrón, pero muy sano. Ya somos mayorcitos. Ya no es como cuando tienes veinticinco años, que tienes caprichos y tonterías. Ahora todos estamos en lo mismo: hacer un viaje lo más cómodo posible y llegar a Madrid prontito porque los excesos nocturnos se han acabado en su mayor parte».

Alberto Moyano
Diario Vasco