alivio de luto joaquin sabina en murciaAteamente me encomiendo. Sabina, como todos esperábamos de ese hombrecillo que vive debajo de un bombín, llenó por doblete el Auditorio de Murcia; ni más ni menos que 1838 espectadores por día deseosos de poesía, poesía y poesía. Como en el resto de su gira, nos dio la bienvenida del brazo de Olga, con una maleta y un perrito que parecía ladrar; y Murcia le dio la bienvenida con un cálido aplauso que se repitió durante todo el concierto.

Haciendo gala de simpatía truana, corazón delgado pero latiente y una voz que, durante las dos horas de recital, se mantuvo quebradamente firme para nuestra sorpresa, Joaquín estuvo a la altura; tanto que los asistentes rompieron con la sobriedad que acompaña a los auditorios para ponerse de pie, bailar, aplaudir y acompañar sus cantos como si se tratara de las más bella de las sirenas. El grupo “Titanic”, con fondo portuario, también dio un par de buenos pases, y por qué no, destacar a José Antonio Romero, quien sorprendió tocando el teclado con la mano derecha, sujetando una guitarra con la izquierda y en ese momento no tocó la armónica porque dicen que el hombre del anuncio de Renault Clío no existe, si no, hubiera hecho eso y más. Todos eran muy grandes.

Gustó. Y mucho. Gustó que nos diera un paseo por su amplia discografía de princesas melancólicas que, sin embargo y resumiendo, son como peces de ciudad. Gustó que recitara. Gustó que bromeara con la COPE, con el Atleti (guiñándonos un ojo a todos con el apellido del nuevo míster, Murcia). Gustó que sacudiera su bastón con viejas energías renovadas. Gustó que le robara un par de caladas prohibidas al tiempo. Gustó verlo disfrutar. Gustó. Así que desde aquí, ateamente me encomiendo a San Panchito Varona, a la Diosa de la Salud o a quien haga falta para que haya una próxima, ya sea de nuevo en barco, en tren o en forma de libro roto.

María Luisa Lucas Azorín
Murcia