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Mes: diciembre 2005

De Rioyo a Sabina

joaquin sabinaCada Navidad nos metemos en algún belén. Y cuando no es Navidad, también. Es nuestra condición, nuestro espíritu, nuestra propensión al lío y el espíritu navideño. Me gusta la Navidad. Es el mejor tiempo para justificar estar fuera de casa. Hay que comer, y beber, con esos extraños que son tus compañeros, cenar con los amigos, estar al lado de los descarriados, invertir en los juegos de azar, comprar regalos, justificar los excesos e invertir en espiritualidad. Un iluminado paganismo con fondo de villancicos y panderetas en la imaginación. El tiempo ideal para los que estamos enganchados al consumo. Horarios abiertos y calles iluminadas. Una mala noche la tiene cualquiera. Yo estoy con todo el bar. Y casi todos están felizmente tocados por algún cava de más. Hay que ser patriotas, aunque sea de hojalata. Hay que ser entrañables, cariñosos y, el que pueda, tan gracioso como Rajoy en estos días entrañables. Seamos positivos. Demos cancha al bobo que llevamos dentro. No nos pongamos solemnes, insultémonos los unos a los otros. Estamos en Navidad. A cada uno según sus villancicos.

No nos tocó el gordo pero nos cantó el flaco Joaquín Sabina. A cada uno según sus villancicos. Nuestras canciones de Navidad tienen letra de Sabina, vienen de una república con muchas nocturnidades, fuman traicionando los consejos de la sanidad, se consumen como hielos en vaso de güisqui, renace como su primera biografía -un guadiana que vino de Júcar-, se ordena como un soneto y se arruga como un concierto en Gijón. Renace Sabina, después de haberse suicidado varias veces; está pletórico de mala salud, herméticamente abierto, generoso con sus ronquidos, rodante como un rolling stones.

Sus canciones de Navidad, las de alivio de sus lutos, las de sus alegres melancolías, los himnos de ayer, los amores de hoy, se encontraron felices entre su público aplaudidor, entre sus semejantes con canas y las niñas que siguen sin querer ser princesas, están como aquel coñac, están como nunca.

Se le nota feliz
, sabe, como Houellebecq, que la vida comienza a los cincuenta, con la salvedad de que termina en los cuarenta. Con sus pasados cincuenta, instalado en su renacimiento, más poeta sin que le quiten lo cantado, rojo que lleva sombrero -para poder quitárselo ante sus aplaudidores, en un escenario de marinos litorales, de faroles portuarios, con un toque de Emilio el Moro pasado por Chavela Vargas y que vuelve a conquistar su plaza más querida-. Se mantiene en el mejor estilo del regreso de Antoñete a Las Ventas. Toreo valiente como Curro, conquistando los tendidos desde que hace el paseíllo, como Rafael de Paula. Atlético y escuchimizado, vallejiano sin muertes parisinas, simpático ladrón de versos, caballero y Bonald, García y Prado, memorioso funes de los muslos de sus niñas de antaño, enamorado de sus hijas, jugador de billar, casero, familiar, navideño capaz de armar el belén, generoso de tragos, metafísico porque no come, quijotesco que se pasa las noches de claro en claro, y los días de turbio en turbio. Amigo de poetas, follones, malandrines y de tantas chicas sin flor. Sabineando la ciudad, contento como un burro de Lucena con cinco patas, fugándose de Mágina al mundo, con parada y fonda abierta en Tirso de Molina.

Joaquín Sabina, hijo de máter España, amigo de los González de Oviedo, maestro de espantadas asturianas, visitante de Gijón, el café en que lo cortés no quita lo cobarde. Cerrado sin sacristías, coleccionista de ángeles, compadre de Gabo, amigo del Nano, alumno del Krahe, liberado de cirrosis y de sobredosis, melibeo o jimeno, cantamañanas de nocturnidades, espíritu poco santo, nada solemne y un poco bobo, como todos, como casi todos.

Sabina no canta, ni baila. No se lo pierdan. Detrás del humo esconde el mejor fuego de una tribu a la que nos gustaría pertenecer. Sabina, el mejor de los cantantes navideños. Ponga sus villancicos, son el mejor alivio de cualquier luto.Y beben mejor que los peces.

Javier Rioyo
El País

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Eso será poesía. Sabina antes de Sabina

El libro, escrito por Mauricio de Miguel, es una reedición de una obra aparecida en 1986. Un texto publicado en la colección Los Juglares de la editorial Júcar que no ha sido revisado ni modificado y que nos muestra cómo era Sabina antes de convertirse en la figura mediática que es hoy.

El periodista Maurilio de Miguel tan sólo ha añadido un prólogo en el que explica las circunstancias que le llevaron a escribir el libro y una entrevista actual con el propio Sabina.

En la presentación de esta reedición, De Miguel ha narrado que “cuando conocí a Joaquín, tenía 24 años y ocurrió en un bar a las tantas. Entonces le ofrecí realizar una entrevista para mi publicación marginal, la revista Robinson, como hizo hacía un tiempo su amigo Krahe. �?l había oído que a mi no me gustaba su forma de cantar y aceptó la entrevista con la condición de que le explicara por qué. La razón era que se parecía a Dylan como una gota de agua a otra”.

La obra ahora reeditada ha sido rebautizada como Eso será poesía. Sabina antes de Sabina y sale a través de la editorial Martínez Roca. Según su autor, la primera intención es la de dar a conocer a los jóvenes al Sabina de entonces para contextualizarlo con el de ahora . “Cuando dice tacos en medio de un verso no es casualidad, eso tiene una lectura que no se explica descontextualizada”, ha dicho De Miguel.

Pero el libro funciona también como un relato sobre un joven artista capaz, por ejemplo, de emigrar a Inglaterra por amor. Sobre esta circunstancia de Sabina, Maurilio de Miguel ha narrado la anécdota de cuando se ganaba la vida cantando rancheras por restaurantes “y en una de estas incursiones, se encontró con George Harrison, que le dio unas monedas. Joaquín dice que las tiene enmarcadas”.

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Conciertos Argentina

Cuando visitó Buenos Aires en noviembre �??para participar del programa de Maradona�?? prometió volver pronto para tocar en vivo y presentar su último disco Alivio de luto. Ahora, Joaquín Sabina cumple: el 15, 16, 18 y 19 de marzo el cantautor español actuará frente al público porteño, en el Teatro Gran Rex.

Pero el regreso a la Argentina de Joaquín no sólo incluirá a su amada Buenos Aires: el artista tiene prevista una gira nacional, con shows en Rosario (Estadio Polideportivo Provincial, 21 de Marzo), Córdoba (23 de Marzo) y Mar del Plata (Estadio Polideportivo, 26 de Marzo).

Estos serán los primeros conciertos de Sabina en ese país después de su tan comentada crisis de salud física y mental (el �??luto�?� que da nombre a su álbum). Superada la depresión y los problemas cerebrovasculares que le impidieron presentarse en vivo, el músico volvió a los escenarios españoles en noviembre pasado.Y ahora le toca a Argentina.

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Abierto por derribo

joaquin sabina madrid

Y apareció Sabina, con maleta, bastón y cigarrillo de pegote en los labios, por el puerto de la capital. En casi dos horas de recital, el artista del gatillazo dio un coscorrón a la Cope, recordó el 11-M, se olvidó de unas cuantas letras, improvisó brillantemente otras tantas, se bebió tres chupitos de whisky y pidió aplausos para Javier Krahe -“mi maestro”, dijo de él- y Caco Senante, a los que hizo levantarse de sus butacas.

Rompió además una cuerda -de su guitarra, ojo- y hasta se atrevió a hacer de putero en una graciosa interpretación con su inseparable Olga Román. Y por supuesto cantó, o más bien, se dejó cantar.

La mala salud de hierro del artista de �?beda, la misma que había generado una gran expectación entre el público madrileño por saber si habría esta vez ‘coitus interruptus’ o no, quedó diáfana en la velada.

Y no ya por la voz ronca, que ésa está ahí y es parte inherente del fenómeno Sabina, sino porque cedió la muleta a sus artistas más de lo normal. Olga, Panchito Varona -bajo- y José Antonio Romero -teclados y guitarra- interpretaron temas propios mientras él acudía a bastidores. El público también hizo su parte.

“Yo llamo a ésta la orquesta del Titanic, porque ellos siguen tocando mientras yo me hundo”. Cosas de Sabina, que se reniega a hundirse pero suele soltar el flotador. 230.000 copias vendidas de Alivio de Luto, su último trabajo tras tres años de ‘mutis por el foro’, son, en estos tiempos que corren, más que un S.O.S. atendido. Ayer llenó el Palacio de Congresos de Madrid. Y lo volverá a hacer hoy y mañana. Eso seguro.

La diferencia de Joaquín Sabina con respecto a los demás artistas es que mientras los ‘otros’ apuestan por letras fatuas y mucha guitarra estridente, sus letras, de un realismo descarnado y de a pie de calle, hacen que la música sea secundaria, casi imperceptible ante el vigor de sus versos.

Pues eso, que Sabina salió al escenario erguido, con chulería, mientras sus músicos soltaban un tango, suavito, para empezar. El escenario era eso, un puerto, con su barco en el fondo, sus edificios, su bar y su farola. Se situó entre medias de sus músicos, subido a un pequeño atril que le situaba por encima del resto y con un simple “Buenas Noches” ya se granjeó el cariño necesitado para darle brillo a la noche.

Y por supuesto lo remató: “Este es un barco que partió de Roquetas, pasó por Barcelona y tuvo un gatillazo en Gijón -en referencia a la suspensión de los conciertos asturianos-, pero ya sabéis que Madrid siempre ha sido el mejor puerto”.

Arrancó su actuación, intimista y desenfadadamente acústica, con Pájaros de Portugal, el primer single de su último trabajo, sacado de una noticia de periódico de hace varios años. Empezaron dos horas de susurros roncos, de suspiros sin respiros. Su lirismo prosaico invadió la sala y con la languidez de Calle Melancolía arrancó las primeras grandes ovaciones, que le hiceron levantarse de su butaca de bar. “Es inútil que uno lleve sombrero para no perder la oportunidad de quitárselo”.

Con Nos sobran los motivos o ¿Quién me ha robado el mes de abril? dejaba claro que iba a ser una profunda retrospectiva de su carrera. Mientras Sabina acudía a bastidores de nuevo, Pancho Varona, en un sorprendente giro, cantaba Esta boca es mía y Olga Román se marcaba una copla. Y a todo esto volvió a aparecer la ‘marea’, como le llamó Varona, con una camiseta ajustada. Ante un grito de metrosexual respondió: “Eso significa que la tengo de un metro”.

Para entonces el cantante jienense ya andaba suelto. La guitarra iba y venía. Ahora de pie, ahora sentado. En Una canción para la Magdalena, un tema cantado a una prostituta, interpretada a dúo con Olga -ella arrimada a una farola-, se marcó una actuación en el escenario, haciendo de cliente habitual. Fue uno de sus pocos guiños físicos, como hizo también al agitar levemente las caderas con Princesas. Los guiños, como siempre, para las letras.

Ante un grito de metrosexual, respondió: “Eso es que la tengo de un metro”

Fue momento entonces para que sonaran himnos encadenados como Peor para el sol, la lángida Y sin embargo, Resumiendo -el tema más rockero de Alivio de luto- o Yo me bajo en Atocha, que cerró la velada momentáneamente y a la que antecedió una poesía sobre el 11-M, recurso usado en varios temas más. Esta última canción la interpretó junto a Antonio Moreno, uno de sus antiguos productores.

Dejó para los bises A la orilla de la chimenea y Peces de ciudad, compuesta ‘ex profeso’ para Ana Belén, la mítica Princesa, que levantó a casi todo el público de sus asientos, Tan joven y tan viejo -su canción más autobiográfica- y Y nos dieron las diez. Todas fueron coreadas por el personal asistente.

Cerró el concierto con toda la banda en el primer plano del escenario y diciendo: “Ha sido todo un placer Madrid”. Hoy y mañana más. Fue una velada a fuego lento, de menos a más, que demuestra que aunque cascado, sigue siendo el rey. Y ciudado, que avisó que con los calores podría volver a tocar en Plazas de Toros. El garito de Sabina sigue abierto por derribo.

Roberto Bécares
El Mundo

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De lujo en Madrid

joaquin sabina

La pregunta que morbosamente flotaba por entre las gradas del recinto no podía ser otra que “¿cantará hoy?”. No es que se desconfiara del ídolo, sino que Sabina es ya de por sí mucho Sabina, y en Madrid, el Sabina elevado a la enésima potencia. De momento, salió. Unos minutos más tarde de cuando estaba anunciado, pero el artista irrumpió en el escenario unos compases después de que sus compañeros de viaje -el guitarrista Antonio de Diego, el bajista Pancho Varona y el batería Pedro Barceló- comenzaran a tocar Amo el amor de los marineros. Detrás, en el ciclorama, un barquito iba -o venía- desde dos paisajes urbanos imposibles; de ésos con rascacielos que se doblan. Aparecía el artista ataviado con levita, bombín y bastón. En la mano, una maleta con etiquetas de los más lejanos países. Del brazo llevaba a Olga Román, ataviada en plan señora con glamour. Nada más irrumpir en el escenario el cantante de �?beda, la emoción estalló en el recinto, estableciendo un nivel de emoción que se mantendría álgido a lo largo de todo el concierto, para explotar en una cascada de entusiasmo dos horas después, en los bises.

Para Joaquín Sabina, lo de calentar la garganta debe tener otro tipo de connotaciones más sensuales y menos técnico-vocales. Porque se lanzó a tumba abierta, y en las dos primeras canciones su garganta crujió como la madera de ese barco pintado detrás de él, y que él presentó como el que lo llevaba de viaje desde Roquetas de Mar, pasando por Barcelona, y con gatillazo incluido en Gijón, hasta llegar a la ciudad de Madrid que, en sus propias palabras, siempre es “el mejor puerto de España”.

Sabina y Madrid formaron una unión que se tensaba a los acordes de hermosas canciones, nuevas y viejas. Entre las recién llegadas, Pájaros de Portugal volvía a situar a Sabina en su papel de cronista, de compositor de canciones hechas con la materia de lo que le entra por los ojos y por los oídos. De entre las viejas, Calle Melancolía volvió a ser durante unos minutos lugar de paso, en el que se cruzaban el intérprete y su público.

Pese a la pereza de garganta inicial, el cantante se fue entonando y, con guitarra o sin ella, fue sacándole punta y partido a canciones como La rubia de la cuarta fila o Mes de abril, temas que sirvieron para que le diera la alternativa como intérpretes a su eterno compinche, Pancho Varona, y a la encantadora y extraordinaria vocalista Olga Román. Dos temas sirvieron para que el maestro descansara y se lanzara a tumba abierta entre un ramillete de canciones, de las cuales hay que destacar necesariamente la cálida interpretación de Joaquín y Olga del tema Magdalena. En forma de popurrí, Joaquín reunió de una sola ráfaga Soledad, Peor para el sol y Contigo, para escoger el camino que, a través del rock movido de Resumiendo, le llevaría a hacer parada final en Atocha. Este punto marcó el final del concierto en términos del amor sincero que Joaquín, sin lugar a dudas, profesa a esta ciudad y ella le devuelve. Sabina se retiraba en medio de aplausos y, haciendo la cuenta, había cantado más que bien 15 canciones. Era éste un buen balance que sin duda se vio mejorado con la interpretación, primero a cargo de Antonio García de Diego, del tema A la orilla de la chimenea. Acto seguido, Peces de ciudad y Princesa fueron las canciones escogidas para intentar marcharse. Pero al final no hubo modo: la gente siguió aplaudiendo y gritando el nombre de Joaquín, hasta que éste volvió al escenario para regalar a sus seguidores 19 días y 500 noches, Noches de boda e Y nos dieron las diez. Un final de concierto a la altura del ídolo, con Sabina haciendo estupendamente de Sabina y todo el mundo celebrando su regreso a la arena del directo. Hay que felicitarse, porque ese barquito que estuvo toda la actuación detrás de él pasó por Madrid para seguir su camino.

Foto: María Fernández Triguero

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Los últimos del año

joaquin sabina y pancho varona

El Palacio de Congresos en Madrid acoge desde este martes a las 21h la recta final de la Gira Ultramarina, que desde el pasado 11 de noviembre ha llevado a Sabina por 10 ciudades de la geografía española después de tres años lejos de los escenarios.

Los tres conciertos madrileños del cantautor se celebrarán con el cartel de “no hay entradas” colgado de la puerta y hay gran expectación por recibir a este jienense de nacimiento, pero madrileño de adopción y corazón. Tras los recitales de hoy, mañana miércoles y el jueves, Joaquín Sabina se tomará un periodo de descanso y, en principio, no volverá a actuar hasta el próximo 7 de febrero, fecha en que tiene pendiente un concierto en el Palacio Kursaal de San Sebastián.

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Condoleezza mon amour

joaquin sabina

Pobrecita Condoleezza,
aretitos de cereza,
qué cabeza
de impasible corazón.

Qué ademán tan espartano,
tan cosidito a la mano
de un villano
huerfanito hijo de don.

Sin joder, vaya si jodes,
ni cuartelillo pal brother
cuando Herodes
diga Moloch o vudú.

¿Clítoris? Menudo estorbo,
el caso es que me da morbo,
sorbo a sorbo
sorberte la cruz del sur.

La noche corrige el día
y, en un vuelo de la CIA,
Condi mía,
duerme a la vera de un preso.

Rice mejora en arrocito
y, al ritmo del meneíto,
solicito
firmar la guerra con besos.

Lutera queens reprimida,
pantera tan desteñida
por la herida
de santa Coco Chanel.

El protocolo de Kioto
a vida o muerte es un roto
en el escroto
del bolero de Babel.

Poema: Condoleezza mon amour
Año: 2005, Interviú
Letra: Joaquín Sabina

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Magistral en Granada

joaquin sabina

Joaquin Sabina tiene alma de cabaretera. Ya lo dice en Corazón de contrabando: “Ando buscando una mujer tan puta como yo”. Y demostró una vez más que es un animal del escenario, como uno de esos tigres que le pintó el granadino Juan Vida para la portada de El hombre del traje gris. Es un actor que borda su mejor papel: hacer de Sabina. El de �?beda demostró que ha superado los problemas de su mala salud de hierro y apareció cínico, canalla�?� y escuchimizado como un suspiro. El Conde Crápula de la música española apareció en el escenario con su inseparable bombín, una pequeña maleta, un bastón negro con empuñadura de plata, y cogido del brazo de su eterna corista, Olga Román.

Empezó con la habanera Amo el amor de los marineros, del disco Neruda en el corazón. Y el público ama el amor de Sabina. Más cerca de los 60 años que de los 50, Sabina ha sabido crearse con el paso del tiempo una iconografía sabiniana. A saber: pantalón ceñido �??habrá que preguntarle dónde aparcó los pantalones de cuero�??, chaleco multicolor, bombín, una cara de sinvergüenza de buena calaña cincelada en la cara y un vaso en un atril al más puro estilo del poeta José Hierro, que en una ocasión confundió un vaso de agua con su chinchón. “¿Pero esto qué es?”. “Agua”, le contestó el camarero. “Pues está buena, pero no conviene abusar”.

Por mucho que digan, la voz de Sabina está en su peor mejor momento, gatillazos aparte. Ante las peticiones del público, el propio artista confesó a los espectadores que sabían perfectamente yo sé qué repertorio le conviene a mi garganta. Porque Sabina tiene mejor voz cuando canta que cuando habla.

Para cantar 19 y 500 noches la voz de Plácido Domingo �??de quien Sabina llegó a decir que “vende salchichones”�?? no es la más apropiada. Tampoco para La Magdalena, que cantó mediado el concierto y consiguió que todo el público �??feministas incluidas�?? cantara a coro con él “la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras”. De hecho, esta canción incluye un verso, “si la Magdalena pide un trago tú la invitas a cien, que yo los pago”, que le costó a Sabina pagarle a un fan una noche de ‘alterne’. Le mandó una carta con una factura detallada de los servicios de su Magdalena y Sabina le pagó la juerga. Eso sí con una nota: “La menor reincidencia hará perder todo el encanto”.

El Sabina, como dicen sus seguidores, combinó las piezas de su último trabajo, Alivio de luto, con exitazos de otras épocas y continuas ocurrencias entre canción y canción. Entre sus nuevas canciones, la rocanrolera Resumiendo hizo recordar por momentos al Sabina de las plazas de toros. “Que me grita el escenario ven, pido un empujón, no te das cuen, que vomito con la televisión, me hace falta un polvo un buen rock and roll…”

Calle melancolía, en el primer tramo de la actuación, y Princesa ya en la tanda de bises, consiguieron concitar todos los desamores y las tristezas de las 2.000 personas que abarrotaron el Palacio de Congresos. De hecho, a esta cifra habría que añadir todos los fantasmas del pasado que, como también son sabineros, acudieron al concierto sin falta.

Eso sí, llegado el momento de Pájaros de Portugal, la canción con la que pegó el ‘gatillazo’ en Gijón, un pequeño escalofrío recorrió la espalda de los presentes. Calle melancolía, Dos horas después, Nos sobran los motivos, Rubia de la cuarta fila �??de la película Isi Disi�??, Quién me ha robado el mes de abril… Y la imprescindible Y sin embargo, una canción en la que se refleja cualquier hombre pero que sólo Sabina ha sido capaz de componer: “Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño/ y con todas si duermes a mi lado”. Tanto es así, que algún marido tuvo que dejar de tararearla ante la mirada de furibunda de su mujer. En definitiva, más de dos horas de recorrido emocional por las pasiones. Eso sí, preferentemente por las bajas.

Cappa
Diario Granada Hoy

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Conciertos Probables

joaquin sabina

Lista de conciertos para la gira de verano 2006.

Mayo

6: Gijón (Palacio de Deportes)
13: Mallorca (Plaza de Toros)
17: Mérida (Polideportivo Albergue Juvenil El Prado)
20: Torrevieja (Parque Antonio Soria)
26: Bilbao
28: Donosti (Velódromo de Anoeta)
30: Hellín

Junio

3: Alcoy (Estadio Municipal)
10: Lorca (Plaza de toros)
15: Valencia (Plaza de toros)
29: Barcelona (Palau Sant Jordi)

Julio

19: La Coruña (Coliseo Lavedra)

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