La entrega fue mútua. Y total. Los espectadores le recibieron de pie y entre aplausos y vítores, y Joaquín Sabina les brindó un generoso, sentido y cálido recital, con múltiples guiños a Barcelona. Flaco, muy flaco, y exhibiendo su habitual sonrisa canalla y socarrona, el cantautor de Úbeda no defraudó anoche en el primero de los tres conciertos que ofrece en el Auditori (las entradas se agotaron en tan sólo dos horas), para presentar su último y esperado desembarco discográfico, Alivio de luto.
Apareció como suele hacerlo en esta ronda de conciertos, llamada Gira ultramarina: con una pequeña maleta, su inseparable bombín, un bastón negro con empuñadura de plata, y cogido del brazo de su fiel y siempre atenta corista, Olga Román. De fondo, un escenario con rascacielos vanguardistas y de ambiente de trasatlántico, que le dio pie a dedicarle la siguiente frase a sus músicos. “Sóis la orquesta del Titánic, porque seguís tocando aunque me hunda”.
Pero de naufragio nada, sino más bien todo lo contrario. Cuando entonó la estrofa de “ahora que estoy más vivo de lo que estoy” (de la canción Ahora que), el público le ovacionó con entusiasmo y él respondió golpeándose fuerte el corazón. No sólo su salud parece haberse recuperado. Incluso también su voz, que sonó mucho menos rota que en su reciente compacto.
Hacía cuatro años, desde las cinco veladas en el Teatro Novedades del 2001, que no actuaba en Catalunya. Y resarció esta larga espera recitando un poema que acababa así: “Cuando me ponen los cuernos en los ‘madriles’, paso de policías y alguaciles, y me alquilo una suite en el Raval”. Pero no sólo eso: también se dirigió a la audiencia repetidas veces en un catalán que Aznar ya lo quisiera para sí (aunque fuera para hablarlo en la intimidad). Y hasta cantó Passajant per Barcelona, de Quico Pi de la Serra, que escuchó la feliz interpretación desde el primer piso, acompañado de la mujer de Serrat, Candela Tifón.
Sabina combinó las piezas de su último trabajo con exitazos de otras épocas, intercaló ocurrentes frases improvisadas (se emocionó al ver a dos espectadores con la camiseta del Atlético) e introdujo versos de su último libro, Esta boca es mía.
Calle melancolía, en el primer tramo de la actuación, y Princesa y 19 días y 500 noches, ya en la tanda de bises, fueron algunas de las canciones más coreadas. Y Resumiendo, su corte más rockero, fue una de las más bailadas (aunque fuera sentados en las butacas).
Sabina removió recuerdos y sentimientos. Y hasta conciencias, con dos de sus últimas entregas, Pájaros de Portugal y Pie de guerra, una versión libre de la partitura de Leonard Cohen. Cuando dio por terminado el concierto, el público le reclamó con un “eh, Sabina, así no termina”. Y volvió, claro está, con más éxitos. En un popurrí, juntó Magdalena, Soledad, Peor para el sol y Contigo. Y ya, al final, con Y nos dieron las 10, cambiando la palabra “municipales” por “mossos d’esquadra”. Lo suyo sí que es integración.
Nuria Martorell
El Periódico
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